jueves, 13 de septiembre de 2012

Seis


 -De hoy no pasa- exclamó Daniel. Estaban examinando un 4x4 enorme aparcado a pocas manzanas de su casa, Eva estaba detrás suyo balanceando el «Bate de la Suerte» mientras Sebastian examinaba el cuerpo de una mujer tirado en la acera.
 -Prueba estas-, le dijo a Daniel lanzándole unas llaves.
 -¿Que dices que no va a pasar de hoy?-, preguntó Eva con aire distraido.
 -Espera un segundo, ¡la llave entra!, ¡gira y boooooomba!-, gritó Daniel imitando a «King Africa" ante las sorprendidas miradas de los otros dos cuando el motor del 4x4 se encendió.
 -¿Que pasa?, si no los atrae mi grito los atraerá el ruido del motor, subid.

 Han pasado varios días desde la llegada de Eva y el rescate de la niña y su tío, rescate durante el cual se habían cargado el Audi, no es que estuviera inservible pero sí que tenía bastantes daños, sobretodo en los cristales y las luces, tal y como estaba la cosa no era buena idea ir por ahí con un vehículo sin luces.

 -El interior ha quedado hecho una guarrería-, dijo Eva al subir al 4x4.
 -No te quejes, eso se limpia. No sabes la suerte que hemos tenido de que se convirtiera antes de meter las llaves en el contacto-, exclamó Daniel.
 -Díselo a ella-, añadió Sebastian mirando con compasión al zombie que habían tenido que apalear para arrebatarle las llaves.
 -Al decir «hemos» me refería a «nosotros», no a todo el universo-, contestó Daniel con tranquilidad.
 -¿Y tú te enamoraste de este?-, preguntó Sebastianm señalando a Daniel sin podere evitar una sonrisa.
 -Es parte de su encanto-, dijo ella en tono sarcástico.
 -Y que no se os olvide-, terminó Daniel.

 Guardaron el 4x4 en el garaje de los Romero, la casa estaba asegurada y habían sacado fuera los cadáveres para quemarlos junto a los que había en la calle, donde ya apenas se podía estar por la peste que despedían los cadáveres. Las ratas y las aves carroñeras empezaban a ser un autentico problema.

 Entraron en casa de Daniel saltando la valla del jardín por simple precaución aunque ya hacía algunas horas que no veían ningún muerto viviente en varias calles a la redonda lo que les hacia pensar que quizá habían limpiado la zona.
 -Deberíamos pensar en poner una puerta aquí, así no tendríamos que saltar el muro, lo digo por las niñas y por el tipo gordo... ¿Rafael?-, dijo Daniel.
 -No es mala idea-, coincidió Sebastian -así podríamos dividirnos, en tu casa no cabemos.
 -Esa es una de las razones por las que me gustaría hacer esa puerta-, dijo Daniel.

 En el interior de la casa les esperaban Sandra y los demás, Susana intentaba jugar con Beatriz a algo pero esta última no parecía tener muchas ganas. Sandra se movía nerviosa de un lado a otro echando fugaces miradas por las ventanas mientras el gordo leía una revista vieja sentado en el sofá que se hundía preocupantemente bajo su peso.
 -¿De donde habéis sacado ese 4x4?-, preguntó Sandra sorprendida.
 -De por ahí no te preocupes, en él cabemos todos pero no es solo por eso por lo que quise hacerme con él.
 -¿No?, yo pensé que lo utilizaríamos para buscar una base segura, ya sabéis alguna base militar que esté limpia-, dijo Sebastian.
 -¿No has escuchado las últimas noticias?-, preguntó Daniel encendiendo la «tele» -la noticia más importante es «que no hay noticias»-, Daniel cambiaba de canal y en todos salía un mensaje similar recomendando permanecer en sus casas.
 -No seas idiota, eso no quiere decir que no haya ningún lugar a salvo.
 -Al parecer tampoco has escuchado la radio ni has visitado internet, la base más cercana estaba a unos doscientos kilómetros y fue invadida a los pocos días de empezar todo el lío. ¿No crees que si hubiera algún lugar seguro el gobierno no nos lo habría hecho saber de alguna manera?, ¿has visto algún avión militar o algún helicóptero de la policía en las últimas semanas?, porque lo único que yo veo en el cielo son cuervos.
 -No hace falta que discutamos entre nosotros, es posible que si nos quedamos aquí pronto vengan a rescatarnos-, añadió Rafael sin levantarse del sofá.
 -¡Sí, puede ser!-, añadió Eva esperanzada y Daniel sacudió la cabeza.
 -Parece ser que no os da la gana de entender, ¡la civilización humana se ha ido a la mierda!, si queréis sobrevivir debéis actuar por vosotros mismos, debemos procurarnos alimentos y no solo para dentro de dos semanas o un mes sino para siempre, si resulta que pasado mañana pasa por aquí un camión del ejército os aseguro que yo seré el primero en subir, empujando a alguno de vosotros si es necesario, pero mientras tanto debemos cuidar de nosotros mismos. No estoy dispuesto a ir en busca de algo que ni siquiera se si existe, mi casa es un buen lugar para estar y el que se quiera quedar será bienvenido pero pido por favor que si hay alguien que prefiera marcharse en busca de una quimera no nos haga gastar más alimentos inútilmente y se marche cuanto antes.
 Todos permanecieron en silencio, Sebastian solo había expresado una opinión y de la cual Daniel había hecho una montaña.
 Susana dejó el juego y se colocó al lado de Daniel agarrando una de sus manos mirando a todos los presentes y tras unos incómodos segundos habló.
 -Dani tiene razón. Puede que no sea el jefe más listo ni el más valiente... ni el más fuerte ni mejor estratega, pero a mi me ha protegido poniendo en peligro su vida incluso sin conocerme y aunque a veces hace cosas que no nos guste a nosotros al final siempre tiene razón. Me da igual que os vayáis todos... antes estábamos más tranquilos.
 -Solo era una opinión-, dijo Sebastian -claro que estoy dispuesto a trabajar en un huerto si es necesario, o poner barricadas a media ciudad si hace falta, solo digo que no hay nada malo en seguir buscando un refugio mejor mientras trabajamos en este. Sobretodo si realmente piensas asegurar un perímetro más grande.
 -¿A qué te refieres?-, dijo Daniel.
 -Bueno, la idea de vallar los alrededores es tuya, ¿no?, al igual que la de poner vigías y sembrar alimentos etc, etc- todos asintieron en silencio, incluso el gordo el cual no sabía nada de todo aquello hasta aquel preciso instante. -Pues supón que hay otras casas mayores y mejores que esta en tu «magnífica» barriada, ¿prefieres meter en ella a unos recién llegados muertos de hambre o a aquellos que empezaron el proyecto y que trabajaron más duro que nadie?.
 -No puedo estar más de acuerdo con nadie-, dijo Eva.
 -Tienes razón, toda la razón del mundo. Pero esperaba que al tener la zona asegurada cada uno de vosotros tuviera su propia casa... o que compartierais la que os tocase con quien os diera la gana.
 -¿Dividirnos?-, dijo Susana con horror.
 -A mi no me importaría una con piscina-, dijo Rafael.
 -A mi no me incumbe nada de esto-, exclamó Sandra haciendo que los demás la mirasen sorprendidos.
 -¿Qué estás diciendo?-, preguntó Daniel.
 -Lo que oyes, mañana por la mañana me voy... en busca de una quimera.
 -¿Qué... qué es una quimera?-, preguntó Susana.
 -Es solo un ser mitológico nena, pero se refiere a que va a ir tras algo que seguramente no existe- contestó Sebastian.
 -¿Y esa quimera tiene nombre?-, preguntó Eva perspicaz.
 -Yo le llamo «hermano».


 -No puedo creer que nos suceda esto otra vez-, dijo Daniel.
 Estaban todos sentados al rededor de la mesa de la cocina en silencio, el único que se hallaba de pie era Daniel que los observaba a todos con una sonrisa entrecortada, Susana estaba sentada a su derecha en silencio, la pequeña Beatriz se había quedado en el salón dibujando o leyendo.
 -No se como empezar ni nada, nunca me he considerado un líder nato ni mucho menos... ni siquiera fui delegado cuando estuve en el instituto y eso que...
 -¿Por qué no hablas de los alimentos?, esta mañana dijiste que de hoy no pasaba y creo que te referías precisamente a eso-, dijo Eva.
 -Pues sí, la verdad. De hecho prometí a Susana que iríamos al centro comercial por alimentos antes de que ninguno de vosotros hubierais llegado, aunque claro... ha sido una semana intensa.
 -No te enrolles-, dijo Eva.
 -Lo intentaré. Somos muchos, y si tengo razón en poco tiempo seremos más, muchos más. Antes de que llegaseis tenía comida para un mes, pero ahora solo nos queda para unos días. Si... si Sandra tiene razón el centro comercial estará aún sin saquear ya que la zona del supermercado tiene un sistema de apertura que solo se puede accionar desde el centro de seguridad.
 -¿Y como sabe eso ella?-, preguntó Sebastian.
 -Llevo trabajando allí varios años, así que si alguna vez habéis ido a primera hora es posible que fuera yo la que os abriera la maldita reja.
 -¿Y eso a donde nos lleva?-, preguntó Rafael alzando la mano.
 -Sabemos que ya habrá muchas cosas caducadas, ni siquiera pensemos en la carne o en la fruta, pero sí que podríamos hacernos con productos congelados o con legumbres que nos pueden durar meses. Pero nuestro objetivo sería hacernos tanto con semillas como con herramientas de labranza, aunque supongo que nos bastarán con unos cuantos rastrillos, al fin y al cabo no disponemos de amplias zonas de labranza.
 -Yo lo veo todo perfecto, debemos actuar como si nadie nos estuviera buscando-, exclamó Eva.
 -Esa es la cuestión, hemos de dar por sentado que nadie nos va a rescatar, no digo que debamos perder toda esperanza sino que aprendamos a vivir por nosotros mismos «por si acaso».
 -¿Cuando nos ponemos manos a la obra?-, preguntó Sebastian con cierta resignación.
 -Yo pensaba ir hoy... hace días que deberíamos haber ido, pero siempre surgía algo.
 -¿Y cual es el problema para no ir hoy?-, preguntó Rafael a lo que contestó Sandra casi de inmediato levantando una mano.
 -Solo yo se como abrir la verja del centro comercial y como pienso marcharme mañana para buscar a mi hermano no veo motivo alguno para ayudar a quienes se negaron a ayudarme a mi.
 -¡Ey!, ¡eso no es justo!, ¡nosotros te salvamos, no puedes abandonarnos por las buenas!-, exclamó Susana indignada.
-¿Y no podemos simplemente derribar la verja con un camión o algo?- dijo Sebastian.
 -¡Por supuesto!-, añadió Rafael.
 -Sí claro buena idea... - dijo Sandra sin disimular el sarcasmo -supongo que os gustará saquear teniendo que luchar con una horda de muertos hambrientos, debe de ser algo muy divertido.
 -Pero tú dijiste que el centro comercial debe estar limpio-, dijo Eva.
 -No, lo que yo dije es que el «supermercado» del centro comercial debe estar limpio, ya que solo hay dos maneras de acceder a él, una es la puerta que entra al patio de carga y descarga y la otra es la verja de la que estamos hablando. Por la noche no se queda nadie ahí dentro y como el centro comercial no llegó a abrir es de suponer que debe estar limpio. Pero el resto del centro comercial es diferente, se pueden haber colado por alguna de las muchas puertas o ventanas que tienen sus tiendas, y si se cuela un saqueador se puede colar un muerto viviente.
 -No digas esas cosas Sandra, me estás poniendo la carne de gallina-, dijo Susana.
 -No te preocupes tú te quedarías aquí de todas formas-, la tranquilizó Daniel.
 -Bueno, si realmente queremos recoger todo lo que necesitamos sin miedo a que nos muerdan el culo yo prefiero tener una verja bien cerrada detrás de mi antes que una destrozada-, admitió Sebastian.
 -Tiene razón-, añadió Eva -incluso aunque no se hubiese colado ninguno en el centro comercial tener la seguridad de que nada nos puede atacar sería un gran alivio.
 -Eso es lo que pensaba-, dijo Sandra -pero os recuerdo que yo me voy... - Eva se levantó con tanta rabia e indignación que derribó la silla en la que había estado sentada.
 -¡Eres una persona vil y rastrera!, ¡pretendes chantajearnos con tu maldita llave!, ¡si no te ayudamos te vas y punto! ¡¿no es eso lo que quieres decir?!.
 -En ningún momento dije que me fuese a quedar con vosotros, se lo dejé bien claro a Daniel, me dio un límite de cinco días para contactar con mi hermano prometiendo ayudarme a rescatarlo si llegaba el caso y prometió también que si pasados esos cinco días no tenía noticias de mi hermano me dejaría marchar si ese era mi deseo.
 -Si venga, vaya casualidad que quieres irte ahora que tenemos pocos alimentos-, declaró Eva.
 -Casi me atrapan por ayudar a rescatarte-, exclamó Sandra con rabia contenida.
 -¡Tranquilizaos!, no creo que sea momento para decir quién arriesgó su vida por quién. Debemos centrarnos en el tema- dijo Daniel intentando imponer paz.
 -Si mi hermano está vivo y está con su amigo sería una buena noticia para todos, son jóvenes y fuertes, agradeceríais sus brazos cuando los vuestros estén cansados de acarrear ladrillos.
 -Eres bastante retorcida-, dijo Daniel.
 -Puede, pero tu mirada me da la razón.
 -Mmm, ¿y como es que aún no hemos ido por esos chicos?, solo pregunto, ¿tan difícil sería llegar hasta su casa y llamar a la puerta?-, preguntó Sebastian.
 -El problema es que, de estar vivo, se encontraría en el edificio «Brisa Marina», un edificio de quince pisos en plena ciudad y que posiblemente esté lleno de muertos vivientes-, contestó Daniel.
 -Genial, la próxima vez que quiera preguntar algo pegadme un tiro.
 -¿Si te ayudásemos a traer a tu hermano estarías dispuesta a ayudarnos en el centro comercial?- preguntó Eva.
 -Estaría en deuda con vosotros, aunque solo encontrase el cadáver de mi hermano regresaría con vosotros para ayudaros.
  -Pensaba que ya estabas en deuda con nosotros por haberte librado de morir devorada hace no muchos días-, dijo Daniel.
 -Y yo pensaba haber saldado esa deuda ayudándote a salvar a tu novia-, exclamó Sandra con cierta frialdad.
 -Eres una puerca-, dijo Susana de pronto, todos la miraron sorprendidos mientras la niña se ponía de pié.
 -No solo Daniel te salvó la vida, si no hubiera sido por que yo regresé con el coche habrías muerto, te salvamos entre los dos, la diferencia es que conmigo aún tienes una deuda.
 -¿Soy una puerca?, ¡¿por pensar que mi hermano puede estar esperándome solo, rodeado de seres que lo quieren devorar, y sin nada que llevarse a la boca?!-, gritó indignada.
 -¡No, eres una puerca por querer arriesgar nuestras vidas por alguien que ni siquiera sabes si está vivo!- gritó Susana.
 -¡Calma, tranquilizaos!, esto se no está escapando de las manos-, dijo Daniel haciendo aspavientos -si estamos teniendo esta discusión es para decidir qué vamos a hacer. Sandra quiere ir a buscar a su hermano, es su decisión y no podemos obligarla a quedarse ni a nada. Pero podemos elegir entre quedarnos aquí e intentar colarnos por nuestra cuenta en el centro comercial o ayudarla arriesgando nuestras vidas y contar con su ayuda en el futuro.
 -¿No son dos posibilidades bastante «chungas»?-, preguntó Sebastian.
 -Sí, así las definiría yo... «chungas»-, contestó Daniel.
 Todos quedaron en silencio pensando, Susana se sentó de nuevo mirando a su alrededor con ojos asustados, sabía que si al final iban con Sandra alguno de ellos no regresaría.
 -Yo voto por derribar la verja con el 4x4-, dijo Rafael que no estaba dispuesto a dejarse chantajear -Si el plan sale bien nos bastará con una sola incursión-, añadió.
 -Eso es cierto, podríamos hacer un viaje para ver como está la zona, ya sabéis... - dijo Sebastian.
 -Claro, si resulta que el sitio continúa seguro podríamos colarnos por algún sitio... alguna ventana de alguna de las tiendas del centro comercial, ya nos las apañaríamos para abrir la verja-, exclamó Eva.
 -¿De verdad estáis dispuestos a entrar sin saber si podréis abrir la verja?-, preguntó Sandra -estáis locos.
 -Al menos sabemos que lo que buscamos se encuentra ahí... - dijo Daniel.
  Sandra supo en aquel instante que había perdido, realmente ella les necesitaba a ellos más que ellos a ella, al fin y al cabo colarse en un edificio de quince pisos potencialmente repleto de muertos vivientes no era nada sencillo, así que decidió hacer un trato.

 -De acuerdo. Os ayudaré a entrar pero con una condición... mañana iremos a por mi hermano, esté vivo o muerto- Daniel asintió convencido.  -Yo estoy de acuerdo, en el centro comercial podremos pertrecharnos para el rescate- exclamó.
 -Esto no me gusta nada-, dijo Sebastian tapándose la cara.
 -¿Quién se quedará con las niñas?, ellas no pueden ir-, exclamó Rafael.
 -Tendrás que quedarte tú-, dijo Daniel con decisión -lamento decirlo pero para esto vamos a necesitar a gente que esté en forma-, Rafael asintió con cierta vergüenza.
 -¿Cuando iremos?-, preguntó Eva.
 -Coged las armas-, dijo Daniel con sequedad.

  Sebastian manejaba el 4x4 siguiendo las indicaciones de Sandra ya que él no era de la ciudad y no conocía la ciudad, detrás de ellos dos iban sentados Daniel y Eva que discutían en voz baja.
 -Te digo que no y es que no-, decía ella una y otra vez mientras Daniel insistía en algo que para él parecía bastante importante.
 -Bueno pues si no quieres hacerlo tú tendré que hacerlo yo, al menos tengo la lista-, dijo él finalmente.
 -¿Por qué es tan importante para ti?-, dijo ella finalmente.
 -Porque se lo prometí, ni más ni menos, hicimos una promesa y ella cumplió la suya-, Eva suspiró cansada.
 -Me da igual, no entiendo por qué debemos arriesgarnos para conseguirle unos vestiditos a esa niña.
 -Te lo he dicho como unas quince veces desde que salimos de casa, se-lo-pro-me-tí.
 -¿no puede ponerse la ropa de su amiga, hasta ahora no se ha quejado- exclamó Eva atacando de nuevo.
 -¡Claro, porque eso formaba parte de la promesa, como ya te he dicho!, mira no quiero discutir más me está empezando a doler la cabeza, si no quieres acompañarme iré yo solo aunque tarde más.
 -¡¿Podéis hacer el favor de no discutir?!, ya es suficientemente complicado manejar este trasto por estas calles llenas de muertos vivientes como para tener que escuchar vuestra incesante cháchara. Si hace falta yo iré contigo Daniel pero por favor, dejad de discutir.
 -Estoy de acuerdo con Sebastian, ¡callaos un poco joder!.

  El camino hacia el centro comercial les obligaba a penetrar en la zona este de la ciudad, no muy profundamente es verdad, pero aún así tuvieron que cruzar las anchas calles de la ciudad con sus edificios gigantescos. Daniel se sintió sobrecogido. De alguna manera se había acostumbrado a pasear por las calles estrechas de su urbanización, de casas pequeñas y baja población, tan baja de hecho que sospechaba que ya habían acabado con toda ella, pero pasear por la ciudad era otra cosa muy distinta. Era sobrecogedor cuando doblabas una esquina y veías una calle de cuatro carriles completamente vacía y en silencio, llena de basura y algún coche calcinado, en otras ocasiones pasaban por calles por las que solo paseaban un par de muertos vivientes que hacían vanos intentos de atraparlos y que renunciaban a ello a los pocos segundos. Pero lo peor era cuando por alguna razón desconocida se cruzaban con una calle por la que era imposible pasar por que la ocupaban miles de apestosos muertos, apiñados unos contra otros, despidiendo un hedor incontenible y obligándoles a buscar otro camino.
 Circulaban por las calles de la ciudad a una velocidad moderada, suficiente para que no les alcanzase ningún muerto viviente pero lo suficientemente despacio para poder reaccionar ante cualquier situación inesperada.
 Cruzaron una calle llena de rascacielos en la que de pronto cayeron varias personas desde el cielo, Eva se sobresaltó y dejó escapar un grito de terror.
 -¿Qué ha sido eso?-, preguntó Daniel que solo había visto unas sombras por el espejo retrovisor.
 Daniel se giró para investigar y vio que se trataban de cuatro cuerpos, tres hombres de chaqueta y una mujer de traje rojo, dos de los hombres aún se movían a pesar del tremendo golpe, se movían hacia el 4x4 alzando las manos hacia el vehículo.
 -¡Vamos sigue!-, dijo Daniel -solo eran unos zombies suicidas.
 -Sí que deben tener hambre si se lanzan desde las ventanas para alcanzarnos-, dijo Sandra despreocupadamente.
 -¡Salgamos ya de aquí por favor!-, suplicó Eva cogiendo de la mano a Daniel.
 -Ya queda poco, girando a la izquierda accederemos al puente y desde ahí el camino estará libre... hasta cierto punto claro-, dijo Sandra.

 Para llegar al puente tuvieron que atravesar lo que había sido un bloqueo militar, solo quedaba un par de jeeps y los cadáveres devorados de varios soldados. Daniel y Eva tuvieron que bajar del 4x4 para apartar las vallas que bloqueaban el camino, por suerte para ellos no había muertos vivientes en la zona.
 -Podríamos llevarnos el tanque-, propuso Sebastian.
 -¿Sabes manejarlo?, ¿tienes una mínima noción de caballería o del mantenimiento de tanques?, ¿tienes idea de lo que consume un trasto de esos?- preguntó Sandra que no podía creerse lo que el cámara había preguntado.
 -Bueno, mejor lo dejamos ahí-, dijo el hombre.

 El puente estaba más o menos igual que la última vez que Sandra lo vio, decenas de coches bloqueaban todos los carriles, la gran mayoría de ellos estaban vacíos pero en algunos de ellos aún quedaban restos de sus dueños, devorados parcialmente sin haber tenido la más mínima oportunidad de escapar, atrapados en su propio coche.
 Sin complicarse demasiado Sebastian condujo por el arcén, única vía libre que les quedaba, y aún así el viaje fue complicado ya que se cruzaron con el coche de más de un listo que había intentado colarse en la ciudad adelantando a todo el mundo utilizando el arcén y teniendo resultados igualmente trágicos.
 -Hay demasiados coches, ¿no había un camino mejor?, tendremos suerte si atravesamos el puente sin causarle daños al todoterreno- dijo Sebastian.
 Y tenía toda la razón. Aunque en un principio el arcén les había parecido la mejor manera de atravesar el puente pronto se dieron cuenta de lo infantil de su error, por la afluencia de vehículos, tanto sencillos utilitarios como enormes camiones, el puente se había convertido en un estrecho laberinto por el que debían maniobrar casi centímetro a centímetro.
 -¿Acaso es que no sabían que la ciudad estaba en estado de emergencia?-, exclamó Daniel frustrado.
 -Es posible, de todas formas la mayoría de la gente en esas situaciones tiende en ir a buscar a sus seres queridos o ir a donde realmente se sienten seguros, sin importar el peligro que haya entremedias- opinó Sandra.
 Finalmente llegaron a un bloqueo que les era imposible cruzar con el 4x4. Una furgoneta había embestido a un turismo que se había empotrado contra la barandilla del puente. La furgoneta había quedado trabada entre ese vehículo y el que había estado justo delante del que había arrollado.
 -Bueno, ¿y ahora qué?-, preguntó Eva -¿damos toda la vuelta o qué?-, añadió.
 -No, eso sería una tontería, de aquí en adelante el camino esta libre-, dijo Daniel señalando hacia el camino.
 -Bueno tendremos que apartar esos dos trastos del camino entonces-, dijo Sandra.
 -De acuerdo, bajemos todos-, dijo Daniel.

 Mientras Daniel examinaba el interior de la furgoneta en busca de las llaves el resto del grupo le cubría con ojos avizores, cada uno de ellos se había improvisado un arma, normalmente un palo con cosas punzantes o cortantes en uno de los extremos, hasta que no llegaran al centro comercial no podrían hacerse con nada más contundente.
 -¡Nada, aquí no están las llaves!- exclamó Daniel con cierta desesperación, cuando se disponía a salir de la cabina escuchó un chasquido y luego un grito de terror seguido de insultos y golpes varios, Daniel corrió hacia donde estaba su grupo.
 Eva había caído al suelo sentada de culo, se llevaba una mano al hombro pero no parecía sangrar, Sandra y Sebastian miraban hacia el suelo en dirección a la furgoneta con las armas en alto, alguien había salido de la parte trasera del vehículo.
 Era un hombre con un mono y una gorra azul, era ligeramente grueso y tenía una barba negra y espesa, se llevaba la mano a la cabeza donde empezaba a crecerle un feo chichón.
 -¡Joder tengan más cuidado pueden hacerle daño a alguien con eso!-, gritó en tono brusco.
 -Esa es la intención-, dijo Sebastian tranquilamente.
 -¿que... que ha ocurrido aquí?-, preguntó Daniel ayudando a Eva a levantarse.
 -Este... este tipo salió de la furgoneta e intentó agredirme-, dijo la joven.
 -Yo pensé que era un apestoso de esos así que le di en la cabeza, suerte ha tenido de que solo le he rozado-, añadió Sebastian.
 -¡Un momento, un momento!, yo no he intentado agredir a nadie, simplemente escuché voces me asomé por la ventanilla de la furgoneta y al ver que se trataba de gente viva, y sana intenté salir antes de que se fueran pero tropecé y caí encima de la señorita, juro que no era mi intención.
 Daniel notó que tanto el mono de trabajo del hombre como su gorra tenían el mismo logotipo que lucía la furgoneta en los costados.
 -¿Es tuya la furgoneta?-, el hombre se encogió de hombros.
 -De la empresa más bien, ¿que pasa, queréis que entregue un paquete para vosotros?-, bromeó.
 -No, más bien nos preguntábamos si podías apartarla del camino, necesitamos pasar y con tu furgoneta no podemos- explicó Sebastian.
 -Pues lo siento chico-, dijo el hombre levantándose y ajustándose la gorra -la pobre ya no funciona, debió de romperse algo en el choque, ¿o crees que llevo aquí cinco días por gusto?.
 -¿Cinco días?-, preguntó Sandra asombrada.
 -¡Sí señora, cinco emocionantes días!, ya empezaba a creer que no había nadie más con vida en esta asquerosa ciudad.
 -¿Y... como ha sobrevivido aquí durante ese tiempo?-, preguntó Daniel  con gesto incrédulo. El hombre se encogió de hombros y dijo con total naturalidad -Solo han sido cinco días muchacho, y si sabes donde buscar ten por seguro que encontrarás lo que necesites, hizo un gesto amplio con su mano señalando a los coches vacíos, casi todos tenían algún cristal roto o el maletero abierto y en algunas ocasiones ambas cosas.
 -Ok eso está muy bien pero no soluciona nuestro problema- dijo Sandra -tenemos que quitar la furgoneta de aquí como sea-, añadió.
 -Pues como no sea empujando... - bromeó Sebastian... todos le miraron con seriedad -¿Que?- preguntó.

 -Pero... bueno, esto... -, el hombre de la barba balbuceaba sin saber que decir, Daniel y los demás habían decidido mover la furgoneta a como diera lugar ya fuera con la ayuda del barbudo o sin ella.
 Realmente la cosa estaba complicada porque apenas tenían espacio para meterse entre los dos coches entre los que había quedado encajada la furgoneta, tan solo Daniel y Sebastian cabían en el hueco, pero tras un par de empujones quedó claro que aquello no iba a ser fácil.
 -¿Tendrá puesto el freno de mano?-, preguntó Sebastian al aire.
 -Puede ser, voy a mirar-, exclamó Eva dando la vuelta por entre los coches apiñados. Sin querer miró al interior de uno de ellos, tenía los cristales rotos y desperdigados por doquier, pero lo que le hizo retroceder del impacto fue una mano, una pequeña mano, se llevó la mano al pecho aliviada al ver que solo se trataba del brazo de una muñeca, solo tuvo que dar un par de pasos para pensar en la hipotética dueña de esa muñeca, posiblemente una preciosa niña de no más de diez años y que seguramente viajaba en el coche con sus padres llorando ante la caótica situación que les rodeaba, sacudió la cabeza para deshacerse de esos pensamientos y giró alrededor del coche para llegar hasta la furgoneta y entonces volvió a dar un salto al ver un pequeño brazo, pero esta vez había aparecido repentinamente de debajo del coche, un brazo muerto al que le faltaba la mayor parte de su musculatura, apenas le quedaban unos pequeños trozos de piel pegados a sus huesos lo que no le impedía arrastrar un pequeño cuerpo de debajo del coche entre gemidos agudos y terribles, aquella era el llanto más aterrador que Eva hubiera escuchado en su vida. La niña-cosa sacó su cuerpo, lo que quedaba de él. Eva retrocedió sin poder articular palabra, aquello había sido tan inesperado que se había quedado sin capacidad de reacción... era tan solo una niña, con su vestidito blanco destrozado y lleno de sangre negra y seca, su pelo rubio pajizo se le pegaba al cuero cabelludo y a su demacrado rostro de mejillas hundidas y descarnadas, sus ojos muertos la miraban desesperados, om buscando compasión mientras se arrastraba por el asfalta intentando alcanzar sus tobillos, la mandíbula inferior estaba desencajada, como si alguien hubiera tirado de ella intentando arrancarla de su sitio dejando ver una lengua negra.
 -A... a... ayu... - la furgoneta impedía que nadie del grupo pudiera verla retroceder aterrorizada, ni siquiera el hombre barbudo que estaba al otro lado discutiendo algo con Daniel. A menos que Eva sacara aliento para gritar o fuerzas para salir corriendo acabaría tropezando con alguno de los cadáveres que tenía detrás... y que espasmódicamente empezaron a moverse.  
  Eva consiguió el aliento que necesitaba para gritar cuando el cuerpo al completo de la niña salió de debajo del coche, el horror fue tal que la mujer no pudo soportarlo y dejó escapar todo lo que tenia en su interior.
 El cuerpo de la niña había quedado reducido a un torso, un torso que avanzaba arrastrándose con sus brazos y dejando tras de sí pequeños trozos de lo que una vez fueron sus diferentes órganos vitales.
 Daniel reaccionó inmediatamente al escuchar el grito de Eva al igual que Sebastian, ambos corrieron en su auxilio, Sebastian saltó por encima del capó que les separaba de la mujer y al ver el cadáver de la niña reptando hacia Eva acabó con ella de un bastonazo en la cabeza, trozos de hueso y cerebro mancharon tanto el asfalto como la ropa de los presentes.
 -Era... era solo... solo-, balbuceaba Eva mirando el cadáver ya inmóvil de la niña.
 -Yo no me quedaría aquí demasiado tiempo-, exclamó Daniel señalando detrás de Eva, Sebastian tiró de ella para alejarla de los muertos que empezaban a ponerse de pié.
 -Pero... deben de llevar muertos semanas, ¿por qué se levantan ahora?-, preguntó Sebastian retrocediendo con su arma en alto.
 -Quizá sea su forma de «ahorrar" energías o algo así... -, exclamó Daniel corriendo hacia la furgoneta seguido de los otros dos.
 -¿Ahorrar energías?, pero si son muertos vivientes por Dios.
 Motivados por la pequeña multitud que se les acercaba lenta y torpemente entre todos fueron capaces de apartar la furgoneta de su camino, incluso el hombre de las barbas les ayudó.
 -¿No... no irán a dejarme aquí con esos?-, exclamó mientras los demás subían al todo terreno.
 -¡Suba!-, dijo Daniel y el hombre montó a toda prisa.
 -Empujemos el otro coche con el 4x4, tiene más fuerza que todos nosotros.
 Daniel tenía razón, al coche con el que había chocado la furgoneta le bastó un par de empujones en la parte trasera para apartarlo del camino, los muertos vivientes se quedaron mirando al 4x4 con inexpresiva desesperación.
 -Bueno, ya hemos pasado lo peor-, dijo Daniel.
 -¿Lo peor?, ni siquiera sabemos qué nos vamos a encontrar en e centro comercial-, dijo Sandra.
 -¿Qué?, ¿os dirigís al centro comercial?-, preguntó el hombre del mono.
 -Sí, es una larga historia-, dijo Daniel.
 -Necesitamos comida-, añadió Sebastian.
 -Bueno, quizá no era una historia tan larga-, terminó por decir Daniel.
 -¿Cual es su nombre señor?-, preguntó Sandra girándose.
 -Alfredo, me llamo Alfredo pero todos me llaman Alfred, supongo que les resulta más «internacional».
 -De acuerdo Alfred, yo me llamo Sandra, el chico de color se llama Sebastian y esos dos son Eva y Daniel, adivina quién es quién-, una vez hechas las presentaciones Sandra volvió a girarse poniendo su vista en la carretera.
 -Siento el susto de antes señorita, le prometo que me tropecé, hacía tanto que no veía a nadie vivo que me emocioné demasiado- se disculpó Alfred.
 -Tranquilo, no se preocupe- replicó Eva mirando distraida por la ventana mientras apretaba con fuerza las manos de Daniel.
 -Una pequeña pregunta, Alfred-, dijo Daniel.
 -¿Si?.
 -¿Por qué no nos dijiste que el puente estaba lleno de muertos vivientes?- el hombre se encogió de hombros. -Joder, ¿acaso no lo está toda la ciudad?, de todas formas solo he salido de la furgoneta un par de veces para buscar alimentos y eso, solo me he cruzado con un par de ellos, ¿no pensarás que os tendí una trampa- exclamó en tono bronco.
 -No, no es eso. Es que es muy raro que se hayan levantado justo ahora y no en los cinco días que llevas aquí - dijo Daniel.
 -Sí que es raro, pero eso solo significa que debemos permanecer siempre alertas, añadió Sandra interviniendo en la conversación.

 Cuando finalmente entraron al aparcamiento del centro comercial este estaba desierto, no habían muertos vivientes ni tampoco vehículos entre los que esconderse.
 -La cosa no pinta mal-, dijo Daniel -da una vuelta para ver los alrededores.
 -¿Y si nos ven y vienen por nosotros?- exclamó Eva aterrada.
 -Prefiero eso a que me vean sin yo saberlo-, Daniel tenía razón, si tenían la mala suerte de que en alguno de los laterales del centro comercial hubieran cientos de muertos vivientes era preferible saberlo lo antes posible, y si la cosa salía mal siempre podían huir en el 4x4.
 Rodearon el enorme edificio del centro comercial en unos pocos minutos, examinando las posibles entradas y salidas sin salir del coche, de vez en cuando Sandra señalaba hacía algún rincón y decía que ahí había una salida de emergencia, no es que pasasen desapercibida pero nuestra mente cuadriculada suele pasar por alto esas enormes puertas metálicas.
 En total habían unas cuatro entradas acristaladas, de esas que se abren solas al acercarte a ellas, todas daban acceso a uno de los pasillos del centro comercial pero ninguno accedía directamente al supermercado. Ninguna de las entradas parecía haber sido forzada, lo cual hizo aparecer sonrisas de satisfacción en los rostros de todos los ocupantes.
 -¿Como entraremos sin destrozar una de las entradas?-, preguntó Alfred.
 -Dejadme eso a mi-, dijo Sandra y le dio instrucciones a Sebastian para que aparcara el todoterreno en una de las entradas laterales.
 En el centro comercial no parecía haber pasado nada, podría parecer que era un día de fiesta, el aparcamiento vacío, todas las puertas cerradas, luces apagadas, ni siquiera las plantas de los jardines parecían haber notado nada.
 Sebastian detuvo el 4x4 cerca de una salida de emergencia oculta tras un enorme contenedor de algún tipo.
 -Es la entrada para los de seguridad- dijo Sandra una vez frente a la puerta, luego abrió un panel oculto y pulsó una clave, la puerta se abrió con un chasquido.
 -¿Ya está, sin llave ni nada?-, preguntó Alfred rascándose la barba.
 -Aún vives en el siglo pasado, tengo mi llave aquí-, dijo ella alzando su pulgar.
 -Que me cuelguen por los tobillos si se en que siglo vivo-, dijo el hombre.
 Todos entraron a un pasillo estrecho, limpio e iluminado, no tenía ventanas al exterior así que necesitaba iluminación eléctrica.
 -Seguidme-, dijo Sandra caminando con presteza, y todos la siguieron en una fila desigual.
 Doce metros más adelante y en la pared de la izquierda el pasillo tenía una puerta blanca cerrada y en en el fondo del pasillo surgía una escalera metálica que subía un par de pisos, Sandra se giró -No hace falta que me sigáis todos, con que venga uno ya me vale-, dijo. 
  -Yo voy-, se presentó voluntario Daniel.
 -De acuerdo, por esa puerta accederéis al pasillo «A», desde ahí podréis entrar en el supermercado, esperad a que la verja esté abierta, por si acaso la cerraré detrás vuestra para guardaros las espaldas-, todos asintieron.
 -Bueno vamos-, dijo Daniel, y subieron las escaleras rápidamente.

 Sandra entró seguida de Daniel al centro de vigilancia donde decenas de monitores les mostraba que todo estaba tranquilo, no había sonado ninguna alarma durante su ausencia ni se veían movimientos extraños en ningún lado.
 Moviéndose con agilidad y en silencio Sandra realizó un escaneo de rutina de todo el centro comercial para asegurarse al cien por cien de que no se había colado nadie.
 -Parece mentira que a nadie se le haya ocurrido lo mismo que a nosotros-, dijo Daniel adivinando lo que la mujer pensaba en aquel preciso momento.
 -Si-, exclamó ella simplemente -abramos esto señores-, se levantó y caminó hasta una taquilla con candado de combinación lo abrió y sacó una llave.
 -Esta llave no debía estar aquí... pero sabía que me haría falta-, se acercó hacia una terminal de ordenador que tenía una cerradura, introdujo la llave y la giró para luego teclear algo que Daniel no supo interpretar. Luego caminó hacia otra taquilla, esta bastante más ancha que la anterior y la abrió, de ella saco un par de walkie talkies y un revolver, le cedió el revolver y uno de los walkies a Daniel así como un par de cajas de balas.
 -No creo que llegues a necesitar el arma ahora, pero así ya tienes una, yo iré guardando todo lo que pueda para llevárnoslo luego-, Daniel asintió en silencio sin saber que decir, aquel día estaba siendo sumamente extraño.
 -Bueno, hasta ahora-, dijo finalmente y salió por la puerta.
 -Hasta dentro de unos minutos.

 Daniel bajó las escaleras guardando el revolver, una vez abajo encendió el walkie talkie y comprobó que Sandra le recibía perfectamente.
 -Todo va según el plan, la reja número tres está abierta y el paso está libre, cambio- , dijo ella a lo que él respondió con un simple «ok» sin saber si debía decir «corto», «cambio» o las dos cosas.
 -¡Vamos!-, exclamó, y todos atravesaron la puerta blanca.

 Todos tuvieron una sensación extraña al ver todos los locales cerrados, las escaleras eléctricas detenidas... Eva se estremeció al pasar junto al tiovivo, ese en el que los padres dejaban a los niños mientras ellos descansaban del ajetreo de las compras tomando un café. Tomó de la mano libre a Daniel, que la miró preocupado pero ella sonrió temerosa.
  Atravesaron una galería repleta de tiendas de todas las clases, de ropa deportiva, de videojuegos, de artículos dietéticos... todas cerradas, casi les decepcionaba el hecho de que nadie hubiera ido antes a saquear el centro comercial, Daniel se sintió especialmente preocupado por lo que eso podía significar.
 -¿Chicos os apetece un Happy Meal?-, bromeó Sebastian al pasar junto al McDonalds.
 -No quiero ni pensar como debe de estar ya la carne-, dijo Alfred.
 -No mucho peor que de costumbre- sentenció Sebastian dándole una amistosa palmada en el hombro a Alfred -Touché.

  Finalmente llegaron a la entrada del supermercado, la fila de cajas de cobro abarcaba casi todo el ancho del centro comercial, dejando solo una porción libre para que la gente entrara, porción que Sandra había abierto exclusivamente para ellos, atravesaron la entrada y la reja comenzó a cerrarse.
 -¿Qué sucede?-, preguntó Alfred sobresaltado.
 «Ya tenéis el culo cubierto, buenas compras, cambio», dijo Sandra a través del walkie.
 -Bueno, los carros están en aquella zona, coged varios-, dijo Daniel -tengo una lista, pero si veis algo que necesitáis podéis cogerlo, pero recordad, nada de tonterías ni de comida perecedera, fijaos en la fecha de caducidad de todas formas... no puedo prohibiros que os comáis una bolsa de patatas claro.
 -Dios ojalá no hubieras dicho eso, ahora se me ha antojado una bolsa de patata fritas-, dijo Alfred.

 Se separaron en dos parejas para terminar antes, Eva y Daniel por un lado y Sebastian y Alfred por el otro, Daniel fue directo a la sección de jardinería, llenó un carro entero con bolsas de semillas, fertilizantes y diferentes herramientas, algunas de las cuales no pensaba en utilizar en el jardín... Eva se quedó en la sección de electricidad que estaba justo al lado de la de jardinería y recogió todas las bombillas que pudo, así como pilas de todos los tamaños y clases incluidas recargables por lo que también se llevó algunos cargadores.
 Era extraño eso de tener todo el supermercado para ellos solos, ver todos los pasillos vacíos era algo inquietante y el silencio que reinaba en el lugar les parecía una prueba más de que el mundo se había ido a la mierda.
 Tras terminar en la sección de jardinería Daniel y Eva fueron a la sección de deportes, iban arrastrando los carros cuyo ruido era atronador en aquel silencio.
 -Cuando terminemos aquí iremos a la sección de ropa juvenil-, dijo Daniel, no tenía muchos deseos de hablar en realidad, pero aquel silencio le estaba poniendo la piel de gallina.
 -¿Aún sigues con eso?- dijo ella cansada.
 -Venga, solo será un par de minutos, con que cojamos un par de pantalones y dos o tres blusas ella se quedará contenta, no te cuesta nada, por favor te lo pido-, Eva suspiró sopesando la situación y tuvo que admitir que todo estaba saliendo mejor de lo que se habían esperado así que no había motivos para hacer las cosas deprisa y corriendo.
 -De acuerdo-, accedió finalmente -pero aprovecharé para coger algo para mi también.
 -Lo que usted desee-, bromeó él.
 Una vez en la sección de deportes Daniel se dirigió directamente hacia la zona de la diferentes protecciones deportivas, cascos, espinilleras y petos y se frotó las manos.
 -Bueno, vete olvidando de las mordeduras-, le dijo a Eva.

 Mientras Daniel rellenaba su carro con espinilleras y palos de hockey, Sebastian y Alfred paseaban tranquilamente por la sección de bebidas alcohólicas, ya habían llenado un par de carros con comida enlatada y bolsas de legumbres y pensaban que un poco de alcohol en sus vidas podía hacerles ver las cosas de otra manera.
 -¿De donde eres Alfred?- preguntó Daniel mientras iba metiendo en el carro botellas de Jack Daniel´s.
 -Vivo en las afueras, en «Colinas Ondulantes»- Sebastian se encogió de hombros.
 -¿Es un buen sitio?, no soy de la ciudad así que no conozco nada.
 -Pues sí que es un buen sitio-, dijo el hombre cuyo tono de voz cambió haciéndole parecer diez años más viejo.
 -Es una zona bonita, con jardines y parques para los niños, un pequeño colegio y la que quizá fuese la mejor pastelería de toda la ciudad, «Pasteles el Divino Cielo», realmente tenías la sensación de subir al cielo al probar cualquiera de sus pasteles, pero aaah, lo mejor de todo era su dependienta, una mujer hermosa y rotunda, no como las «supermodelos» de hoy en día todo piel y huesos, quizá sea lo único que vaya a echar de menos.
 -¿No tiene esposa ni hijos?-, preguntó de nuevo Sebastian mientras continuaba llenando el carro.
 -No. La verdad es que siempre valoré mucho mi libertad e independencia... aunque no haga nada demasiado valioso con ella, pero al menos puedo ver los partidos del domingo y emborracharme sin que mi «querida esposa» se ponga a gritarme desde la cocina mientras prepara pollo congelado con los rulos puestos- Sebastian se levantó y miró a Alfred que le observaba en silencio.
 -Yo... yo tengo mujer, y un hijo al que apenas he visto desde que nació, de eso hace dos años. Pero mi trabajo me lleva por todo el mundo y...
 -¿A qué te dedicas chico?... o mejor dicho a qué te «dedicabas».
 -Soy reportero gráfico, trabajaba para una televisión nacional cubriendo una revuelta en África con mi compañero...
 -Eso es un trabajo interesante sí señor-, dijo Alfred.
 -¡En realidad sí!, siempre estábamos en zonas de guerra o de alta tensión... me gustaba esa sensación de peligro e incertidumbre, te hacía sentirte realmente vivo, y no solo era el hecho de vivir al límite sino poder llevar al telespectador la crudeza de la guerra tal y  como es, odiaría acabar siendo de esos que persiguen a los famosos para ver si engañan a sus famosas esposas.
 -¿Sabes qué chico?, te admiro, odio esos programas que dices, incluso creo que una de las razones para no casarme fue la de no tener que soportar a mi «querida esposa» viendo esa mierda todos los días, a esos «periodistas» deberían quitarles la licencia, los pases de prensa... lo que sea que utilicen para colarse en los sitios- Sebastian se encogió de hombros en silencio.
 -Supongo que no sabes nada de tu familia desde que todo esto empezó-, dijo Alfred casi susurrando.
 -La... la última vez que supe de ellos montaban en un avión con destino a Francia... Ha... habíamos discutido por teléfono unos días antes. Yo debía haber regresado de Afgnistan una semana antes, pero las cosas se pusieron tensas y en la cadena decidieron que permaneciésemos allí durante algún tiempo más y entonces se quejó de lo de siempre, que yo estaba demasiado tiempo fuera a causa del trabajo, «viendo mundo» llegó a decir, dijo que odiaba que siempre estuviera en zonas de guerras o desastres y que estaba harta de rezar para que regresara pronto y a salvo. Yo... yo le dije que mi trabajo era mi vida, era lo único que deseaba hacer, no se trataba solo de viajar y ver mundo como ella había intentado simplificar, intenté explicarme pero ella no me dejó, empezamos a gritar y colgó diciendo que un día de estos ella también acabaría largándose para «ver el mundo». Pude llamarla pocos días antes de que todo esto empezara, tuve que llamarla multitud de veces y cuando al final se decidió cogerme el teléfono fue para decirme que se iba a Francia, que ella también tenía derecho a «ver mundo», colgó enseguida, según ella ya estaban embarcando... desde entonces no se nada de ellos-, Alfred miró a Sebastian con seriedad.
 -¿Y no pensaste en ir tras ellos al regresar al país?.
 -Están en Francia, ni siquiera sabría por donde empezar.
 -Pero eres un periodista por Dios, se supone que sabéis de esas cosas, investigar y llegar al fondo de todo, ¿o no?-, Sebastian se encogió de hombros.
 -Nunca se me dio bien la investigación, de no ser por mi compañero ni siquiera habría sabido encontrar mi hotel en más de una ocasión-, sin que ninguno de los dos hombres se hubieran dado cuenta los ojos de Sebastian habían empezado a llenarse de lágrimas, solo un leve gemido hizo notar que estaba al borde del llanto y entonces Alfred le dio un amistoso golpe en el hombro.
 -Bueno chico, supongo que de todas formas ir a Francia ahora mismo es poco menos que imposible, ¿no?- Sebastian se encogió de hombros y tragó saliva -bueno sigamos, ya tenemos este carro casi lleno.

 Eva se miraba en el espejo del probador sonriendo ante lo bien que le quedaba todo lo que se probaba, no en vano tenía una figura preciosa que apenas se había visto afectada por aquel repentino apocalipsis. Se probó faldas y pantalones además de algún que otro vestido de fiesta del que había quedado prendada nada más verlo. Se sentía un poco culpable por aquel sentimiento de júbilo que le había sobrevenido tan de pronto, el mundo se estaba yendo a la mierda por correo ultrarápido y ella sonreía probándose vestidos, pero por otro lado, ¿que otra cosa podía hacer?, todo aquello estaba allí tirado, los multimillonarios propietarios de todo el complejo estaban presumiblemente muertos, y tanto ella como el resto del grupo tenían importantes necesidades que cubrir... y si eso incluía subir el ego de vez en cuando ella no podía hacer nada al respecto.
 Daniel por su parte se paseaba por la zona de ropa infantil y juvenil sin saber muy bien que hacer, le había preguntado a Susana cual era su talla pero no sabía todo lo que desearía, ¿utilizaba la chica sujetador? ¿que talla en todo caso?, ¿es la misma talla para una falda que para una camiseta?... ¿por qué demonios hay tangas en la sección de ropa infantil?. Estaba tan desorientado que decidió esperar a que Eva saliese del probador y quedó estupefacto ante la pila de ropa que ella había metido en su carro «y no quería venir a la sección de ropa» pensó con sorna, y casi como si fuera la voz de su conciencia la voz de Sandra retumbó a través del walkie.
 -Ya que estás ahí coged algo para mi, pero nada de trajes ni vestidos, solo pantalones cómodos, ropa con la que pueda moverme libremente, y di a Eva que coja... uuum, productos de higiene femenina, cambio.
 -Ok-, dijo Daniel sin tan siquiera pulsar el botón del walkie -aquí todas se creen que soy un experto en ropa femenina.

 Daniel estuvo al borde del colapso cardiaco cuando Eva salió al fin del probador, sonriente y satisfecha como estaba no fue capaz de negar su ayuda a Daniel en la búsqueda de ropa para Susana, la de Sandra ya la había buscado él, con un par de chandals y algunos pantalones khakis ya sobraba, pero para la niña no supo que coger.
 De toda formas Eva no conocía los gustos de la niña, así que por si acaso se llevaron vestidos y faldas de diversos estilos, pantalones de todo tipo al igual que algunas blusas y algo de ropa interior «puede que no use sujetador, pero es algo que cambiará en breve», dijo Eva, también cogieron algo de ropa cómoda y deportiva para los momentos «delicados».
 Después de aquello fueron a la zona de productos de aseo, se hicieron con todo lo que pudieron, incluidos los productos de higiene femenina que Sandra había solicitado y finalmente decidieron marcharse pero cuando estaban a punto de salir Daniel se giró de golpe.
 -Espera, creo que debería coger unas cosas más- hizo hueco en uno de los carros y corrió a la zona de electrónica cruzándose con Alfred y Sebastian.
 -¿Aún no habéis terminado?-, le dijo el segundo.
 -Sí, es solo un segundo, id con Eva, está junto a la entrada.

 -¡Wow!, sí que habéis cogido ropa-, exclamó Sebastian a carcajadas.
 -Yo he cogido un par de pantalones y un paquete de calzoncillos-, añadió Alfred.
 -Y eso fue porque yo le insistí-, puntualizó el otro provocando una sonrisa en Eva.
 -Bueno chicos, una pequeña pregunta... ¿hay sitio en el lugar en el que estáis?, ya que si no es así mi casa está en la afueras y...
 -No se... sitio hay, por si no te quieres quedar solo pero eso de mudarnos deberíamos hablarlo entre todos, puedes ver la casa de Daniel y así comparar- dijo Eva y Alfred asintió en silencio.
 -Deberíamos guardar todo lo que pudiésemos en bolsas, así será más fácil cargarlo y descargarlo todo-, dijo Sebastian y los tres se pusieron manos a la obra. Cuando regresó Daniel la mayor parte de la «compras» estaban metidas en bolsas de plástico.
 -¿Qué era eso tan importante que debías coger?.
 -Bah, no era nada importante, en casa os lo enseño todo.

 Finalmente Sandra les abrió la verja dejándola cerrada otra vez, la zona estaba segura y quería que permaneciera así por si necesitaban regresar. «Daos prisa, parece que tenemos compañía» dijo mientras la verja bajaba con un zumbido eléctrico.
 -Mierda, todo estaba saliendo demasiado bien-, se lamentó Eva.
 Les costó atravesar la puerta de acceso al pasillo de seguridad, aunque los carros vacíos habría cabido a la perfección estaban tan llenos que no cabían así que perdieron unos minutos preciosos haciéndolos pasar. Para entonces Sandra ya había bajado, llevaba una pesada mochila a la espalda y le cedió otra a Daniel que se preguntó si lo había tomado por un burro de carga -¿Son muertos vivientes?-, preguntó y Sandra negó con la cabeza.
 -Están buscando una entrada, si nos damos prisa no nos verán-, dijo la mujer.
 -¿Que no nos verán?, pero para llevar a cabo mi idea necesitamos más gente.
 -¿Sabes una cosa?, no me fío de los saqueadores- exclamó Sandra con ironía.

 Sandra salió la primera revolver en mano, examinó la situación y vio que todo estaba tranquilo así que hizo una señal a los demás para que salieran.
 -Cargarlo todo rápidamente, preferiría no encontrarme con extraños-, dijo Sandra con frialdad.
 -¿Y esto?-, dijo Alfred -Yo era un extraño hasta hace unos minutos... eeeh, horas ,¡¿qué demonios?!  ¡todos sois extraños para mi!, ¡¿a qué vienen ahora estas precauciones?!.
 -¡Obedeced!-, Daniel abrió el enorme maletero del 4x4 y plegó los asientos traseros para hacer más sitio aún, habían cogido más cosas de las esperadas.
 -Bueno, id dándome bolsas.

 Apenas habían cargado la mitad de las bolsas cuando escucharon un potente motor acercándose, sopesaron la idea de esconderse tras el contenedor, pero de todas maneras verían el 4x4 y no querían arriesgarse a perderlo todo ahora.

 Una camioneta roja se detuvo justo a la altura del 4x4, en la parte trasera viajaba un tipo alto y moreno de torso desnudo y peludo, en su mano izquierda llevaba un rifle de caza, en la cabina viajaban dos hombres más, todos tenían un cierto aire parecido, como si fueran hermanos.
 -¡Buenos días compañeros supervivientes!-, exclamó el del rifle saltando al suelo.
 -Buenos días-, dijo Daniel saltando del 4x4 y adelantándose al resto del grupo.
 -Mmm, veo por vuestra carga que habéis podido entrar, nosotros llevamos dando vuelta durante tres días y no lo hemos conseguido, solo nos queda empotrar un camión contra una de las puertas, pero no sabemos si eso serviría para la verja del supermercado, ¿como habéis entrado?.
 -Por... por esa puerta de seguridad que está tras este contenedor, el último guardia debió dejarla abierta.
 -¿Y habéis podido acceder al supermercado?, tengo entendido que por la noche lo cierran con una verja metálica.
 -Oh bueno, todo esto es de las tiendas, hemos tenido que romper algunos cristales pero ha valido la pena-, mintió Daniel.
 -¿Sabéis qué?, me está dando cierta pereza tener que ir a buscar provisiones, y vosotros tenéis muchas-, con una señal de su brazo hizo salir a sus compañeros de la camioneta, Eva y los demás comenzaron a murmurar viendo que se acercaban problemas.
 -Os lo agradecería un montón si cargarais lo que queda en nuestra camioneta, pensad que no es un atraco ni un robo, al fin y al cabo no habéis pagado por todo esto, además ayudaréis a sobrevivir a unos buenos ciudadanos.
 Cuando Sandra vio que los otros dos chicos portaban bates como armas empezó a reírse sin poder evitarlo, los demás la miraron sobresaltados.
 -¿Qué le pasa a esa?, acaso he contado un chiste y no me he dado cuenta?-, dijo el aspirante a atracador.
 -No, me río de que puedo mataros antes de que levantes ese rifle para apuntarnos.
 -¿De qué habla esa zorra?-, dijo uno de los compañeros del atracador -demuéstrale como se dispara Mike-, dijo el otro.
 Y Mike alzó el rifle, pero antes de que hubiera podido levantarlo del todo Sandra ya le había destrozado el dedo pulgar de la mano derecha y había reventado dos de las cuatro ruedas de su camioneta, al no poder sujetar bien el rifle este cayó al suelo de donde lo recogió Daniel con prontitud.
 -Esa herida no es mortal, pero esa ruedas reventadas si pueden suponer vuestra muerte, largaros de mi vista-, dijo Sandra apuntando a la cabeza de cada uno de los «atracadores» cambiando de uno a otro. Los tres corrieron gritando abandonando la camioneta.
 -¿Lle... llegaran a salvo a su escondite?-, preguntó Eva.
 -No es nada que me preocupe-, contestó Sandra.
 -Bueno, terminemos de una vez no sea que decidan regresar- ordenó Daniel -por cierto, no sabía que los guardias de seguridad fueran tan buenos tiradores.
 -No siempre fui guardia de seguridad-, dijo ella misteriosamente.
 En silencio terminaron de cargarlo todo en el 4x4, lo hicieron todo lo rápido que pudieron para evitar más encuentros inesperados, cosa que no sucedió.
 Esta vez decidió conducir Alfred, ya que dijo conocer cierto atajo campo a través que les ahorraría tener que pasar otra vez por el maldito puente, y como ninguno quería más sorpresas le dejaron hacer.

 Alfred cumplió lo que prometió, metió el 4x4 por zonas rurales y caminos de Tierra que poco tenían en común con las calles asfaltadas y edificios interminables que todos conocían, pero que a su vez estaban libres por completo de barreras y de muertos vivientes. Solo se cruzaron con un motorista que al parecer había muerto al caer de su moto, nadie se preguntó como sucedió, pasaron de largo sin hacer un solo comentario.

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