jueves, 13 de septiembre de 2012
Seis
-De hoy no pasa- exclamó Daniel. Estaban examinando un 4x4 enorme aparcado a pocas manzanas de su casa, Eva estaba detrás suyo balanceando el «Bate de la Suerte» mientras Sebastian examinaba el cuerpo de una mujer tirado en la acera.
-Prueba estas-, le dijo a Daniel lanzándole unas llaves.
-¿Que dices que no va a pasar de hoy?-, preguntó Eva con aire distraido.
-Espera un segundo, ¡la llave entra!, ¡gira y boooooomba!-, gritó Daniel imitando a «King Africa" ante las sorprendidas miradas de los otros dos cuando el motor del 4x4 se encendió.
-¿Que pasa?, si no los atrae mi grito los atraerá el ruido del motor, subid.
Han pasado varios días desde la llegada de Eva y el rescate de la niña y su tío, rescate durante el cual se habían cargado el Audi, no es que estuviera inservible pero sí que tenía bastantes daños, sobretodo en los cristales y las luces, tal y como estaba la cosa no era buena idea ir por ahí con un vehículo sin luces.
-El interior ha quedado hecho una guarrería-, dijo Eva al subir al 4x4.
-No te quejes, eso se limpia. No sabes la suerte que hemos tenido de que se convirtiera antes de meter las llaves en el contacto-, exclamó Daniel.
-Díselo a ella-, añadió Sebastian mirando con compasión al zombie que habían tenido que apalear para arrebatarle las llaves.
-Al decir «hemos» me refería a «nosotros», no a todo el universo-, contestó Daniel con tranquilidad.
-¿Y tú te enamoraste de este?-, preguntó Sebastianm señalando a Daniel sin podere evitar una sonrisa.
-Es parte de su encanto-, dijo ella en tono sarcástico.
-Y que no se os olvide-, terminó Daniel.
Guardaron el 4x4 en el garaje de los Romero, la casa estaba asegurada y habían sacado fuera los cadáveres para quemarlos junto a los que había en la calle, donde ya apenas se podía estar por la peste que despedían los cadáveres. Las ratas y las aves carroñeras empezaban a ser un autentico problema.
Entraron en casa de Daniel saltando la valla del jardín por simple precaución aunque ya hacía algunas horas que no veían ningún muerto viviente en varias calles a la redonda lo que les hacia pensar que quizá habían limpiado la zona.
-Deberíamos pensar en poner una puerta aquí, así no tendríamos que saltar el muro, lo digo por las niñas y por el tipo gordo... ¿Rafael?-, dijo Daniel.
-No es mala idea-, coincidió Sebastian -así podríamos dividirnos, en tu casa no cabemos.
-Esa es una de las razones por las que me gustaría hacer esa puerta-, dijo Daniel.
En el interior de la casa les esperaban Sandra y los demás, Susana intentaba jugar con Beatriz a algo pero esta última no parecía tener muchas ganas. Sandra se movía nerviosa de un lado a otro echando fugaces miradas por las ventanas mientras el gordo leía una revista vieja sentado en el sofá que se hundía preocupantemente bajo su peso.
-¿De donde habéis sacado ese 4x4?-, preguntó Sandra sorprendida.
-De por ahí no te preocupes, en él cabemos todos pero no es solo por eso por lo que quise hacerme con él.
-¿No?, yo pensé que lo utilizaríamos para buscar una base segura, ya sabéis alguna base militar que esté limpia-, dijo Sebastian.
-¿No has escuchado las últimas noticias?-, preguntó Daniel encendiendo la «tele» -la noticia más importante es «que no hay noticias»-, Daniel cambiaba de canal y en todos salía un mensaje similar recomendando permanecer en sus casas.
-No seas idiota, eso no quiere decir que no haya ningún lugar a salvo.
-Al parecer tampoco has escuchado la radio ni has visitado internet, la base más cercana estaba a unos doscientos kilómetros y fue invadida a los pocos días de empezar todo el lío. ¿No crees que si hubiera algún lugar seguro el gobierno no nos lo habría hecho saber de alguna manera?, ¿has visto algún avión militar o algún helicóptero de la policía en las últimas semanas?, porque lo único que yo veo en el cielo son cuervos.
-No hace falta que discutamos entre nosotros, es posible que si nos quedamos aquí pronto vengan a rescatarnos-, añadió Rafael sin levantarse del sofá.
-¡Sí, puede ser!-, añadió Eva esperanzada y Daniel sacudió la cabeza.
-Parece ser que no os da la gana de entender, ¡la civilización humana se ha ido a la mierda!, si queréis sobrevivir debéis actuar por vosotros mismos, debemos procurarnos alimentos y no solo para dentro de dos semanas o un mes sino para siempre, si resulta que pasado mañana pasa por aquí un camión del ejército os aseguro que yo seré el primero en subir, empujando a alguno de vosotros si es necesario, pero mientras tanto debemos cuidar de nosotros mismos. No estoy dispuesto a ir en busca de algo que ni siquiera se si existe, mi casa es un buen lugar para estar y el que se quiera quedar será bienvenido pero pido por favor que si hay alguien que prefiera marcharse en busca de una quimera no nos haga gastar más alimentos inútilmente y se marche cuanto antes.
Todos permanecieron en silencio, Sebastian solo había expresado una opinión y de la cual Daniel había hecho una montaña.
Susana dejó el juego y se colocó al lado de Daniel agarrando una de sus manos mirando a todos los presentes y tras unos incómodos segundos habló.
-Dani tiene razón. Puede que no sea el jefe más listo ni el más valiente... ni el más fuerte ni mejor estratega, pero a mi me ha protegido poniendo en peligro su vida incluso sin conocerme y aunque a veces hace cosas que no nos guste a nosotros al final siempre tiene razón. Me da igual que os vayáis todos... antes estábamos más tranquilos.
-Solo era una opinión-, dijo Sebastian -claro que estoy dispuesto a trabajar en un huerto si es necesario, o poner barricadas a media ciudad si hace falta, solo digo que no hay nada malo en seguir buscando un refugio mejor mientras trabajamos en este. Sobretodo si realmente piensas asegurar un perímetro más grande.
-¿A qué te refieres?-, dijo Daniel.
-Bueno, la idea de vallar los alrededores es tuya, ¿no?, al igual que la de poner vigías y sembrar alimentos etc, etc- todos asintieron en silencio, incluso el gordo el cual no sabía nada de todo aquello hasta aquel preciso instante. -Pues supón que hay otras casas mayores y mejores que esta en tu «magnífica» barriada, ¿prefieres meter en ella a unos recién llegados muertos de hambre o a aquellos que empezaron el proyecto y que trabajaron más duro que nadie?.
-No puedo estar más de acuerdo con nadie-, dijo Eva.
-Tienes razón, toda la razón del mundo. Pero esperaba que al tener la zona asegurada cada uno de vosotros tuviera su propia casa... o que compartierais la que os tocase con quien os diera la gana.
-¿Dividirnos?-, dijo Susana con horror.
-A mi no me importaría una con piscina-, dijo Rafael.
-A mi no me incumbe nada de esto-, exclamó Sandra haciendo que los demás la mirasen sorprendidos.
-¿Qué estás diciendo?-, preguntó Daniel.
-Lo que oyes, mañana por la mañana me voy... en busca de una quimera.
-¿Qué... qué es una quimera?-, preguntó Susana.
-Es solo un ser mitológico nena, pero se refiere a que va a ir tras algo que seguramente no existe- contestó Sebastian.
-¿Y esa quimera tiene nombre?-, preguntó Eva perspicaz.
-Yo le llamo «hermano».
-No puedo creer que nos suceda esto otra vez-, dijo Daniel.
Estaban todos sentados al rededor de la mesa de la cocina en silencio, el único que se hallaba de pie era Daniel que los observaba a todos con una sonrisa entrecortada, Susana estaba sentada a su derecha en silencio, la pequeña Beatriz se había quedado en el salón dibujando o leyendo.
-No se como empezar ni nada, nunca me he considerado un líder nato ni mucho menos... ni siquiera fui delegado cuando estuve en el instituto y eso que...
-¿Por qué no hablas de los alimentos?, esta mañana dijiste que de hoy no pasaba y creo que te referías precisamente a eso-, dijo Eva.
-Pues sí, la verdad. De hecho prometí a Susana que iríamos al centro comercial por alimentos antes de que ninguno de vosotros hubierais llegado, aunque claro... ha sido una semana intensa.
-No te enrolles-, dijo Eva.
-Lo intentaré. Somos muchos, y si tengo razón en poco tiempo seremos más, muchos más. Antes de que llegaseis tenía comida para un mes, pero ahora solo nos queda para unos días. Si... si Sandra tiene razón el centro comercial estará aún sin saquear ya que la zona del supermercado tiene un sistema de apertura que solo se puede accionar desde el centro de seguridad.
-¿Y como sabe eso ella?-, preguntó Sebastian.
-Llevo trabajando allí varios años, así que si alguna vez habéis ido a primera hora es posible que fuera yo la que os abriera la maldita reja.
-¿Y eso a donde nos lleva?-, preguntó Rafael alzando la mano.
-Sabemos que ya habrá muchas cosas caducadas, ni siquiera pensemos en la carne o en la fruta, pero sí que podríamos hacernos con productos congelados o con legumbres que nos pueden durar meses. Pero nuestro objetivo sería hacernos tanto con semillas como con herramientas de labranza, aunque supongo que nos bastarán con unos cuantos rastrillos, al fin y al cabo no disponemos de amplias zonas de labranza.
-Yo lo veo todo perfecto, debemos actuar como si nadie nos estuviera buscando-, exclamó Eva.
-Esa es la cuestión, hemos de dar por sentado que nadie nos va a rescatar, no digo que debamos perder toda esperanza sino que aprendamos a vivir por nosotros mismos «por si acaso».
-¿Cuando nos ponemos manos a la obra?-, preguntó Sebastian con cierta resignación.
-Yo pensaba ir hoy... hace días que deberíamos haber ido, pero siempre surgía algo.
-¿Y cual es el problema para no ir hoy?-, preguntó Rafael a lo que contestó Sandra casi de inmediato levantando una mano.
-Solo yo se como abrir la verja del centro comercial y como pienso marcharme mañana para buscar a mi hermano no veo motivo alguno para ayudar a quienes se negaron a ayudarme a mi.
-¡Ey!, ¡eso no es justo!, ¡nosotros te salvamos, no puedes abandonarnos por las buenas!-, exclamó Susana indignada.
-¿Y no podemos simplemente derribar la verja con un camión o algo?- dijo Sebastian.
-¡Por supuesto!-, añadió Rafael.
-Sí claro buena idea... - dijo Sandra sin disimular el sarcasmo -supongo que os gustará saquear teniendo que luchar con una horda de muertos hambrientos, debe de ser algo muy divertido.
-Pero tú dijiste que el centro comercial debe estar limpio-, dijo Eva.
-No, lo que yo dije es que el «supermercado» del centro comercial debe estar limpio, ya que solo hay dos maneras de acceder a él, una es la puerta que entra al patio de carga y descarga y la otra es la verja de la que estamos hablando. Por la noche no se queda nadie ahí dentro y como el centro comercial no llegó a abrir es de suponer que debe estar limpio. Pero el resto del centro comercial es diferente, se pueden haber colado por alguna de las muchas puertas o ventanas que tienen sus tiendas, y si se cuela un saqueador se puede colar un muerto viviente.
-No digas esas cosas Sandra, me estás poniendo la carne de gallina-, dijo Susana.
-No te preocupes tú te quedarías aquí de todas formas-, la tranquilizó Daniel.
-Bueno, si realmente queremos recoger todo lo que necesitamos sin miedo a que nos muerdan el culo yo prefiero tener una verja bien cerrada detrás de mi antes que una destrozada-, admitió Sebastian.
-Tiene razón-, añadió Eva -incluso aunque no se hubiese colado ninguno en el centro comercial tener la seguridad de que nada nos puede atacar sería un gran alivio.
-Eso es lo que pensaba-, dijo Sandra -pero os recuerdo que yo me voy... - Eva se levantó con tanta rabia e indignación que derribó la silla en la que había estado sentada.
-¡Eres una persona vil y rastrera!, ¡pretendes chantajearnos con tu maldita llave!, ¡si no te ayudamos te vas y punto! ¡¿no es eso lo que quieres decir?!.
-En ningún momento dije que me fuese a quedar con vosotros, se lo dejé bien claro a Daniel, me dio un límite de cinco días para contactar con mi hermano prometiendo ayudarme a rescatarlo si llegaba el caso y prometió también que si pasados esos cinco días no tenía noticias de mi hermano me dejaría marchar si ese era mi deseo.
-Si venga, vaya casualidad que quieres irte ahora que tenemos pocos alimentos-, declaró Eva.
-Casi me atrapan por ayudar a rescatarte-, exclamó Sandra con rabia contenida.
-¡Tranquilizaos!, no creo que sea momento para decir quién arriesgó su vida por quién. Debemos centrarnos en el tema- dijo Daniel intentando imponer paz.
-Si mi hermano está vivo y está con su amigo sería una buena noticia para todos, son jóvenes y fuertes, agradeceríais sus brazos cuando los vuestros estén cansados de acarrear ladrillos.
-Eres bastante retorcida-, dijo Daniel.
-Puede, pero tu mirada me da la razón.
-Mmm, ¿y como es que aún no hemos ido por esos chicos?, solo pregunto, ¿tan difícil sería llegar hasta su casa y llamar a la puerta?-, preguntó Sebastian.
-El problema es que, de estar vivo, se encontraría en el edificio «Brisa Marina», un edificio de quince pisos en plena ciudad y que posiblemente esté lleno de muertos vivientes-, contestó Daniel.
-Genial, la próxima vez que quiera preguntar algo pegadme un tiro.
-¿Si te ayudásemos a traer a tu hermano estarías dispuesta a ayudarnos en el centro comercial?- preguntó Eva.
-Estaría en deuda con vosotros, aunque solo encontrase el cadáver de mi hermano regresaría con vosotros para ayudaros.
-Pensaba que ya estabas en deuda con nosotros por haberte librado de morir devorada hace no muchos días-, dijo Daniel.
-Y yo pensaba haber saldado esa deuda ayudándote a salvar a tu novia-, exclamó Sandra con cierta frialdad.
-Eres una puerca-, dijo Susana de pronto, todos la miraron sorprendidos mientras la niña se ponía de pié.
-No solo Daniel te salvó la vida, si no hubiera sido por que yo regresé con el coche habrías muerto, te salvamos entre los dos, la diferencia es que conmigo aún tienes una deuda.
-¿Soy una puerca?, ¡¿por pensar que mi hermano puede estar esperándome solo, rodeado de seres que lo quieren devorar, y sin nada que llevarse a la boca?!-, gritó indignada.
-¡No, eres una puerca por querer arriesgar nuestras vidas por alguien que ni siquiera sabes si está vivo!- gritó Susana.
-¡Calma, tranquilizaos!, esto se no está escapando de las manos-, dijo Daniel haciendo aspavientos -si estamos teniendo esta discusión es para decidir qué vamos a hacer. Sandra quiere ir a buscar a su hermano, es su decisión y no podemos obligarla a quedarse ni a nada. Pero podemos elegir entre quedarnos aquí e intentar colarnos por nuestra cuenta en el centro comercial o ayudarla arriesgando nuestras vidas y contar con su ayuda en el futuro.
-¿No son dos posibilidades bastante «chungas»?-, preguntó Sebastian.
-Sí, así las definiría yo... «chungas»-, contestó Daniel.
Todos quedaron en silencio pensando, Susana se sentó de nuevo mirando a su alrededor con ojos asustados, sabía que si al final iban con Sandra alguno de ellos no regresaría.
-Yo voto por derribar la verja con el 4x4-, dijo Rafael que no estaba dispuesto a dejarse chantajear -Si el plan sale bien nos bastará con una sola incursión-, añadió.
-Eso es cierto, podríamos hacer un viaje para ver como está la zona, ya sabéis... - dijo Sebastian.
-Claro, si resulta que el sitio continúa seguro podríamos colarnos por algún sitio... alguna ventana de alguna de las tiendas del centro comercial, ya nos las apañaríamos para abrir la verja-, exclamó Eva.
-¿De verdad estáis dispuestos a entrar sin saber si podréis abrir la verja?-, preguntó Sandra -estáis locos.
-Al menos sabemos que lo que buscamos se encuentra ahí... - dijo Daniel.
Sandra supo en aquel instante que había perdido, realmente ella les necesitaba a ellos más que ellos a ella, al fin y al cabo colarse en un edificio de quince pisos potencialmente repleto de muertos vivientes no era nada sencillo, así que decidió hacer un trato.
-De acuerdo. Os ayudaré a entrar pero con una condición... mañana iremos a por mi hermano, esté vivo o muerto- Daniel asintió convencido. -Yo estoy de acuerdo, en el centro comercial podremos pertrecharnos para el rescate- exclamó.
-Esto no me gusta nada-, dijo Sebastian tapándose la cara.
-¿Quién se quedará con las niñas?, ellas no pueden ir-, exclamó Rafael.
-Tendrás que quedarte tú-, dijo Daniel con decisión -lamento decirlo pero para esto vamos a necesitar a gente que esté en forma-, Rafael asintió con cierta vergüenza.
-¿Cuando iremos?-, preguntó Eva.
-Coged las armas-, dijo Daniel con sequedad.
Sebastian manejaba el 4x4 siguiendo las indicaciones de Sandra ya que él no era de la ciudad y no conocía la ciudad, detrás de ellos dos iban sentados Daniel y Eva que discutían en voz baja.
-Te digo que no y es que no-, decía ella una y otra vez mientras Daniel insistía en algo que para él parecía bastante importante.
-Bueno pues si no quieres hacerlo tú tendré que hacerlo yo, al menos tengo la lista-, dijo él finalmente.
-¿Por qué es tan importante para ti?-, dijo ella finalmente.
-Porque se lo prometí, ni más ni menos, hicimos una promesa y ella cumplió la suya-, Eva suspiró cansada.
-Me da igual, no entiendo por qué debemos arriesgarnos para conseguirle unos vestiditos a esa niña.
-Te lo he dicho como unas quince veces desde que salimos de casa, se-lo-pro-me-tí.
-¿no puede ponerse la ropa de su amiga, hasta ahora no se ha quejado- exclamó Eva atacando de nuevo.
-¡Claro, porque eso formaba parte de la promesa, como ya te he dicho!, mira no quiero discutir más me está empezando a doler la cabeza, si no quieres acompañarme iré yo solo aunque tarde más.
-¡¿Podéis hacer el favor de no discutir?!, ya es suficientemente complicado manejar este trasto por estas calles llenas de muertos vivientes como para tener que escuchar vuestra incesante cháchara. Si hace falta yo iré contigo Daniel pero por favor, dejad de discutir.
-Estoy de acuerdo con Sebastian, ¡callaos un poco joder!.
El camino hacia el centro comercial les obligaba a penetrar en la zona este de la ciudad, no muy profundamente es verdad, pero aún así tuvieron que cruzar las anchas calles de la ciudad con sus edificios gigantescos. Daniel se sintió sobrecogido. De alguna manera se había acostumbrado a pasear por las calles estrechas de su urbanización, de casas pequeñas y baja población, tan baja de hecho que sospechaba que ya habían acabado con toda ella, pero pasear por la ciudad era otra cosa muy distinta. Era sobrecogedor cuando doblabas una esquina y veías una calle de cuatro carriles completamente vacía y en silencio, llena de basura y algún coche calcinado, en otras ocasiones pasaban por calles por las que solo paseaban un par de muertos vivientes que hacían vanos intentos de atraparlos y que renunciaban a ello a los pocos segundos. Pero lo peor era cuando por alguna razón desconocida se cruzaban con una calle por la que era imposible pasar por que la ocupaban miles de apestosos muertos, apiñados unos contra otros, despidiendo un hedor incontenible y obligándoles a buscar otro camino.
Circulaban por las calles de la ciudad a una velocidad moderada, suficiente para que no les alcanzase ningún muerto viviente pero lo suficientemente despacio para poder reaccionar ante cualquier situación inesperada.
Cruzaron una calle llena de rascacielos en la que de pronto cayeron varias personas desde el cielo, Eva se sobresaltó y dejó escapar un grito de terror.
-¿Qué ha sido eso?-, preguntó Daniel que solo había visto unas sombras por el espejo retrovisor.
Daniel se giró para investigar y vio que se trataban de cuatro cuerpos, tres hombres de chaqueta y una mujer de traje rojo, dos de los hombres aún se movían a pesar del tremendo golpe, se movían hacia el 4x4 alzando las manos hacia el vehículo.
-¡Vamos sigue!-, dijo Daniel -solo eran unos zombies suicidas.
-Sí que deben tener hambre si se lanzan desde las ventanas para alcanzarnos-, dijo Sandra despreocupadamente.
-¡Salgamos ya de aquí por favor!-, suplicó Eva cogiendo de la mano a Daniel.
-Ya queda poco, girando a la izquierda accederemos al puente y desde ahí el camino estará libre... hasta cierto punto claro-, dijo Sandra.
Para llegar al puente tuvieron que atravesar lo que había sido un bloqueo militar, solo quedaba un par de jeeps y los cadáveres devorados de varios soldados. Daniel y Eva tuvieron que bajar del 4x4 para apartar las vallas que bloqueaban el camino, por suerte para ellos no había muertos vivientes en la zona.
-Podríamos llevarnos el tanque-, propuso Sebastian.
-¿Sabes manejarlo?, ¿tienes una mínima noción de caballería o del mantenimiento de tanques?, ¿tienes idea de lo que consume un trasto de esos?- preguntó Sandra que no podía creerse lo que el cámara había preguntado.
-Bueno, mejor lo dejamos ahí-, dijo el hombre.
El puente estaba más o menos igual que la última vez que Sandra lo vio, decenas de coches bloqueaban todos los carriles, la gran mayoría de ellos estaban vacíos pero en algunos de ellos aún quedaban restos de sus dueños, devorados parcialmente sin haber tenido la más mínima oportunidad de escapar, atrapados en su propio coche.
Sin complicarse demasiado Sebastian condujo por el arcén, única vía libre que les quedaba, y aún así el viaje fue complicado ya que se cruzaron con el coche de más de un listo que había intentado colarse en la ciudad adelantando a todo el mundo utilizando el arcén y teniendo resultados igualmente trágicos.
-Hay demasiados coches, ¿no había un camino mejor?, tendremos suerte si atravesamos el puente sin causarle daños al todoterreno- dijo Sebastian.
Y tenía toda la razón. Aunque en un principio el arcén les había parecido la mejor manera de atravesar el puente pronto se dieron cuenta de lo infantil de su error, por la afluencia de vehículos, tanto sencillos utilitarios como enormes camiones, el puente se había convertido en un estrecho laberinto por el que debían maniobrar casi centímetro a centímetro.
-¿Acaso es que no sabían que la ciudad estaba en estado de emergencia?-, exclamó Daniel frustrado.
-Es posible, de todas formas la mayoría de la gente en esas situaciones tiende en ir a buscar a sus seres queridos o ir a donde realmente se sienten seguros, sin importar el peligro que haya entremedias- opinó Sandra.
Finalmente llegaron a un bloqueo que les era imposible cruzar con el 4x4. Una furgoneta había embestido a un turismo que se había empotrado contra la barandilla del puente. La furgoneta había quedado trabada entre ese vehículo y el que había estado justo delante del que había arrollado.
-Bueno, ¿y ahora qué?-, preguntó Eva -¿damos toda la vuelta o qué?-, añadió.
-No, eso sería una tontería, de aquí en adelante el camino esta libre-, dijo Daniel señalando hacia el camino.
-Bueno tendremos que apartar esos dos trastos del camino entonces-, dijo Sandra.
-De acuerdo, bajemos todos-, dijo Daniel.
Mientras Daniel examinaba el interior de la furgoneta en busca de las llaves el resto del grupo le cubría con ojos avizores, cada uno de ellos se había improvisado un arma, normalmente un palo con cosas punzantes o cortantes en uno de los extremos, hasta que no llegaran al centro comercial no podrían hacerse con nada más contundente.
-¡Nada, aquí no están las llaves!- exclamó Daniel con cierta desesperación, cuando se disponía a salir de la cabina escuchó un chasquido y luego un grito de terror seguido de insultos y golpes varios, Daniel corrió hacia donde estaba su grupo.
Eva había caído al suelo sentada de culo, se llevaba una mano al hombro pero no parecía sangrar, Sandra y Sebastian miraban hacia el suelo en dirección a la furgoneta con las armas en alto, alguien había salido de la parte trasera del vehículo.
Era un hombre con un mono y una gorra azul, era ligeramente grueso y tenía una barba negra y espesa, se llevaba la mano a la cabeza donde empezaba a crecerle un feo chichón.
-¡Joder tengan más cuidado pueden hacerle daño a alguien con eso!-, gritó en tono brusco.
-Esa es la intención-, dijo Sebastian tranquilamente.
-¿que... que ha ocurrido aquí?-, preguntó Daniel ayudando a Eva a levantarse.
-Este... este tipo salió de la furgoneta e intentó agredirme-, dijo la joven.
-Yo pensé que era un apestoso de esos así que le di en la cabeza, suerte ha tenido de que solo le he rozado-, añadió Sebastian.
-¡Un momento, un momento!, yo no he intentado agredir a nadie, simplemente escuché voces me asomé por la ventanilla de la furgoneta y al ver que se trataba de gente viva, y sana intenté salir antes de que se fueran pero tropecé y caí encima de la señorita, juro que no era mi intención.
Daniel notó que tanto el mono de trabajo del hombre como su gorra tenían el mismo logotipo que lucía la furgoneta en los costados.
-¿Es tuya la furgoneta?-, el hombre se encogió de hombros.
-De la empresa más bien, ¿que pasa, queréis que entregue un paquete para vosotros?-, bromeó.
-No, más bien nos preguntábamos si podías apartarla del camino, necesitamos pasar y con tu furgoneta no podemos- explicó Sebastian.
-Pues lo siento chico-, dijo el hombre levantándose y ajustándose la gorra -la pobre ya no funciona, debió de romperse algo en el choque, ¿o crees que llevo aquí cinco días por gusto?.
-¿Cinco días?-, preguntó Sandra asombrada.
-¡Sí señora, cinco emocionantes días!, ya empezaba a creer que no había nadie más con vida en esta asquerosa ciudad.
-¿Y... como ha sobrevivido aquí durante ese tiempo?-, preguntó Daniel con gesto incrédulo. El hombre se encogió de hombros y dijo con total naturalidad -Solo han sido cinco días muchacho, y si sabes donde buscar ten por seguro que encontrarás lo que necesites, hizo un gesto amplio con su mano señalando a los coches vacíos, casi todos tenían algún cristal roto o el maletero abierto y en algunas ocasiones ambas cosas.
-Ok eso está muy bien pero no soluciona nuestro problema- dijo Sandra -tenemos que quitar la furgoneta de aquí como sea-, añadió.
-Pues como no sea empujando... - bromeó Sebastian... todos le miraron con seriedad -¿Que?- preguntó.
-Pero... bueno, esto... -, el hombre de la barba balbuceaba sin saber que decir, Daniel y los demás habían decidido mover la furgoneta a como diera lugar ya fuera con la ayuda del barbudo o sin ella.
Realmente la cosa estaba complicada porque apenas tenían espacio para meterse entre los dos coches entre los que había quedado encajada la furgoneta, tan solo Daniel y Sebastian cabían en el hueco, pero tras un par de empujones quedó claro que aquello no iba a ser fácil.
-¿Tendrá puesto el freno de mano?-, preguntó Sebastian al aire.
-Puede ser, voy a mirar-, exclamó Eva dando la vuelta por entre los coches apiñados. Sin querer miró al interior de uno de ellos, tenía los cristales rotos y desperdigados por doquier, pero lo que le hizo retroceder del impacto fue una mano, una pequeña mano, se llevó la mano al pecho aliviada al ver que solo se trataba del brazo de una muñeca, solo tuvo que dar un par de pasos para pensar en la hipotética dueña de esa muñeca, posiblemente una preciosa niña de no más de diez años y que seguramente viajaba en el coche con sus padres llorando ante la caótica situación que les rodeaba, sacudió la cabeza para deshacerse de esos pensamientos y giró alrededor del coche para llegar hasta la furgoneta y entonces volvió a dar un salto al ver un pequeño brazo, pero esta vez había aparecido repentinamente de debajo del coche, un brazo muerto al que le faltaba la mayor parte de su musculatura, apenas le quedaban unos pequeños trozos de piel pegados a sus huesos lo que no le impedía arrastrar un pequeño cuerpo de debajo del coche entre gemidos agudos y terribles, aquella era el llanto más aterrador que Eva hubiera escuchado en su vida. La niña-cosa sacó su cuerpo, lo que quedaba de él. Eva retrocedió sin poder articular palabra, aquello había sido tan inesperado que se había quedado sin capacidad de reacción... era tan solo una niña, con su vestidito blanco destrozado y lleno de sangre negra y seca, su pelo rubio pajizo se le pegaba al cuero cabelludo y a su demacrado rostro de mejillas hundidas y descarnadas, sus ojos muertos la miraban desesperados, om buscando compasión mientras se arrastraba por el asfalta intentando alcanzar sus tobillos, la mandíbula inferior estaba desencajada, como si alguien hubiera tirado de ella intentando arrancarla de su sitio dejando ver una lengua negra.
-A... a... ayu... - la furgoneta impedía que nadie del grupo pudiera verla retroceder aterrorizada, ni siquiera el hombre barbudo que estaba al otro lado discutiendo algo con Daniel. A menos que Eva sacara aliento para gritar o fuerzas para salir corriendo acabaría tropezando con alguno de los cadáveres que tenía detrás... y que espasmódicamente empezaron a moverse.
Eva consiguió el aliento que necesitaba para gritar cuando el cuerpo al completo de la niña salió de debajo del coche, el horror fue tal que la mujer no pudo soportarlo y dejó escapar todo lo que tenia en su interior.
El cuerpo de la niña había quedado reducido a un torso, un torso que avanzaba arrastrándose con sus brazos y dejando tras de sí pequeños trozos de lo que una vez fueron sus diferentes órganos vitales.
Daniel reaccionó inmediatamente al escuchar el grito de Eva al igual que Sebastian, ambos corrieron en su auxilio, Sebastian saltó por encima del capó que les separaba de la mujer y al ver el cadáver de la niña reptando hacia Eva acabó con ella de un bastonazo en la cabeza, trozos de hueso y cerebro mancharon tanto el asfalto como la ropa de los presentes.
-Era... era solo... solo-, balbuceaba Eva mirando el cadáver ya inmóvil de la niña.
-Yo no me quedaría aquí demasiado tiempo-, exclamó Daniel señalando detrás de Eva, Sebastian tiró de ella para alejarla de los muertos que empezaban a ponerse de pié.
-Pero... deben de llevar muertos semanas, ¿por qué se levantan ahora?-, preguntó Sebastian retrocediendo con su arma en alto.
-Quizá sea su forma de «ahorrar" energías o algo así... -, exclamó Daniel corriendo hacia la furgoneta seguido de los otros dos.
-¿Ahorrar energías?, pero si son muertos vivientes por Dios.
Motivados por la pequeña multitud que se les acercaba lenta y torpemente entre todos fueron capaces de apartar la furgoneta de su camino, incluso el hombre de las barbas les ayudó.
-¿No... no irán a dejarme aquí con esos?-, exclamó mientras los demás subían al todo terreno.
-¡Suba!-, dijo Daniel y el hombre montó a toda prisa.
-Empujemos el otro coche con el 4x4, tiene más fuerza que todos nosotros.
Daniel tenía razón, al coche con el que había chocado la furgoneta le bastó un par de empujones en la parte trasera para apartarlo del camino, los muertos vivientes se quedaron mirando al 4x4 con inexpresiva desesperación.
-Bueno, ya hemos pasado lo peor-, dijo Daniel.
-¿Lo peor?, ni siquiera sabemos qué nos vamos a encontrar en e centro comercial-, dijo Sandra.
-¿Qué?, ¿os dirigís al centro comercial?-, preguntó el hombre del mono.
-Sí, es una larga historia-, dijo Daniel.
-Necesitamos comida-, añadió Sebastian.
-Bueno, quizá no era una historia tan larga-, terminó por decir Daniel.
-¿Cual es su nombre señor?-, preguntó Sandra girándose.
-Alfredo, me llamo Alfredo pero todos me llaman Alfred, supongo que les resulta más «internacional».
-De acuerdo Alfred, yo me llamo Sandra, el chico de color se llama Sebastian y esos dos son Eva y Daniel, adivina quién es quién-, una vez hechas las presentaciones Sandra volvió a girarse poniendo su vista en la carretera.
-Siento el susto de antes señorita, le prometo que me tropecé, hacía tanto que no veía a nadie vivo que me emocioné demasiado- se disculpó Alfred.
-Tranquilo, no se preocupe- replicó Eva mirando distraida por la ventana mientras apretaba con fuerza las manos de Daniel.
-Una pequeña pregunta, Alfred-, dijo Daniel.
-¿Si?.
-¿Por qué no nos dijiste que el puente estaba lleno de muertos vivientes?- el hombre se encogió de hombros. -Joder, ¿acaso no lo está toda la ciudad?, de todas formas solo he salido de la furgoneta un par de veces para buscar alimentos y eso, solo me he cruzado con un par de ellos, ¿no pensarás que os tendí una trampa- exclamó en tono bronco.
-No, no es eso. Es que es muy raro que se hayan levantado justo ahora y no en los cinco días que llevas aquí - dijo Daniel.
-Sí que es raro, pero eso solo significa que debemos permanecer siempre alertas, añadió Sandra interviniendo en la conversación.
Cuando finalmente entraron al aparcamiento del centro comercial este estaba desierto, no habían muertos vivientes ni tampoco vehículos entre los que esconderse.
-La cosa no pinta mal-, dijo Daniel -da una vuelta para ver los alrededores.
-¿Y si nos ven y vienen por nosotros?- exclamó Eva aterrada.
-Prefiero eso a que me vean sin yo saberlo-, Daniel tenía razón, si tenían la mala suerte de que en alguno de los laterales del centro comercial hubieran cientos de muertos vivientes era preferible saberlo lo antes posible, y si la cosa salía mal siempre podían huir en el 4x4.
Rodearon el enorme edificio del centro comercial en unos pocos minutos, examinando las posibles entradas y salidas sin salir del coche, de vez en cuando Sandra señalaba hacía algún rincón y decía que ahí había una salida de emergencia, no es que pasasen desapercibida pero nuestra mente cuadriculada suele pasar por alto esas enormes puertas metálicas.
En total habían unas cuatro entradas acristaladas, de esas que se abren solas al acercarte a ellas, todas daban acceso a uno de los pasillos del centro comercial pero ninguno accedía directamente al supermercado. Ninguna de las entradas parecía haber sido forzada, lo cual hizo aparecer sonrisas de satisfacción en los rostros de todos los ocupantes.
-¿Como entraremos sin destrozar una de las entradas?-, preguntó Alfred.
-Dejadme eso a mi-, dijo Sandra y le dio instrucciones a Sebastian para que aparcara el todoterreno en una de las entradas laterales.
En el centro comercial no parecía haber pasado nada, podría parecer que era un día de fiesta, el aparcamiento vacío, todas las puertas cerradas, luces apagadas, ni siquiera las plantas de los jardines parecían haber notado nada.
Sebastian detuvo el 4x4 cerca de una salida de emergencia oculta tras un enorme contenedor de algún tipo.
-Es la entrada para los de seguridad- dijo Sandra una vez frente a la puerta, luego abrió un panel oculto y pulsó una clave, la puerta se abrió con un chasquido.
-¿Ya está, sin llave ni nada?-, preguntó Alfred rascándose la barba.
-Aún vives en el siglo pasado, tengo mi llave aquí-, dijo ella alzando su pulgar.
-Que me cuelguen por los tobillos si se en que siglo vivo-, dijo el hombre.
Todos entraron a un pasillo estrecho, limpio e iluminado, no tenía ventanas al exterior así que necesitaba iluminación eléctrica.
-Seguidme-, dijo Sandra caminando con presteza, y todos la siguieron en una fila desigual.
Doce metros más adelante y en la pared de la izquierda el pasillo tenía una puerta blanca cerrada y en en el fondo del pasillo surgía una escalera metálica que subía un par de pisos, Sandra se giró -No hace falta que me sigáis todos, con que venga uno ya me vale-, dijo.
-Yo voy-, se presentó voluntario Daniel.
-De acuerdo, por esa puerta accederéis al pasillo «A», desde ahí podréis entrar en el supermercado, esperad a que la verja esté abierta, por si acaso la cerraré detrás vuestra para guardaros las espaldas-, todos asintieron.
-Bueno vamos-, dijo Daniel, y subieron las escaleras rápidamente.
Sandra entró seguida de Daniel al centro de vigilancia donde decenas de monitores les mostraba que todo estaba tranquilo, no había sonado ninguna alarma durante su ausencia ni se veían movimientos extraños en ningún lado.
Moviéndose con agilidad y en silencio Sandra realizó un escaneo de rutina de todo el centro comercial para asegurarse al cien por cien de que no se había colado nadie.
-Parece mentira que a nadie se le haya ocurrido lo mismo que a nosotros-, dijo Daniel adivinando lo que la mujer pensaba en aquel preciso momento.
-Si-, exclamó ella simplemente -abramos esto señores-, se levantó y caminó hasta una taquilla con candado de combinación lo abrió y sacó una llave.
-Esta llave no debía estar aquí... pero sabía que me haría falta-, se acercó hacia una terminal de ordenador que tenía una cerradura, introdujo la llave y la giró para luego teclear algo que Daniel no supo interpretar. Luego caminó hacia otra taquilla, esta bastante más ancha que la anterior y la abrió, de ella saco un par de walkie talkies y un revolver, le cedió el revolver y uno de los walkies a Daniel así como un par de cajas de balas.
-No creo que llegues a necesitar el arma ahora, pero así ya tienes una, yo iré guardando todo lo que pueda para llevárnoslo luego-, Daniel asintió en silencio sin saber que decir, aquel día estaba siendo sumamente extraño.
-Bueno, hasta ahora-, dijo finalmente y salió por la puerta.
-Hasta dentro de unos minutos.
Daniel bajó las escaleras guardando el revolver, una vez abajo encendió el walkie talkie y comprobó que Sandra le recibía perfectamente.
-Todo va según el plan, la reja número tres está abierta y el paso está libre, cambio- , dijo ella a lo que él respondió con un simple «ok» sin saber si debía decir «corto», «cambio» o las dos cosas.
-¡Vamos!-, exclamó, y todos atravesaron la puerta blanca.
Todos tuvieron una sensación extraña al ver todos los locales cerrados, las escaleras eléctricas detenidas... Eva se estremeció al pasar junto al tiovivo, ese en el que los padres dejaban a los niños mientras ellos descansaban del ajetreo de las compras tomando un café. Tomó de la mano libre a Daniel, que la miró preocupado pero ella sonrió temerosa.
Atravesaron una galería repleta de tiendas de todas las clases, de ropa deportiva, de videojuegos, de artículos dietéticos... todas cerradas, casi les decepcionaba el hecho de que nadie hubiera ido antes a saquear el centro comercial, Daniel se sintió especialmente preocupado por lo que eso podía significar.
-¿Chicos os apetece un Happy Meal?-, bromeó Sebastian al pasar junto al McDonalds.
-No quiero ni pensar como debe de estar ya la carne-, dijo Alfred.
-No mucho peor que de costumbre- sentenció Sebastian dándole una amistosa palmada en el hombro a Alfred -Touché.
Finalmente llegaron a la entrada del supermercado, la fila de cajas de cobro abarcaba casi todo el ancho del centro comercial, dejando solo una porción libre para que la gente entrara, porción que Sandra había abierto exclusivamente para ellos, atravesaron la entrada y la reja comenzó a cerrarse.
-¿Qué sucede?-, preguntó Alfred sobresaltado.
«Ya tenéis el culo cubierto, buenas compras, cambio», dijo Sandra a través del walkie.
-Bueno, los carros están en aquella zona, coged varios-, dijo Daniel -tengo una lista, pero si veis algo que necesitáis podéis cogerlo, pero recordad, nada de tonterías ni de comida perecedera, fijaos en la fecha de caducidad de todas formas... no puedo prohibiros que os comáis una bolsa de patatas claro.
-Dios ojalá no hubieras dicho eso, ahora se me ha antojado una bolsa de patata fritas-, dijo Alfred.
Se separaron en dos parejas para terminar antes, Eva y Daniel por un lado y Sebastian y Alfred por el otro, Daniel fue directo a la sección de jardinería, llenó un carro entero con bolsas de semillas, fertilizantes y diferentes herramientas, algunas de las cuales no pensaba en utilizar en el jardín... Eva se quedó en la sección de electricidad que estaba justo al lado de la de jardinería y recogió todas las bombillas que pudo, así como pilas de todos los tamaños y clases incluidas recargables por lo que también se llevó algunos cargadores.
Era extraño eso de tener todo el supermercado para ellos solos, ver todos los pasillos vacíos era algo inquietante y el silencio que reinaba en el lugar les parecía una prueba más de que el mundo se había ido a la mierda.
Tras terminar en la sección de jardinería Daniel y Eva fueron a la sección de deportes, iban arrastrando los carros cuyo ruido era atronador en aquel silencio.
-Cuando terminemos aquí iremos a la sección de ropa juvenil-, dijo Daniel, no tenía muchos deseos de hablar en realidad, pero aquel silencio le estaba poniendo la piel de gallina.
-¿Aún sigues con eso?- dijo ella cansada.
-Venga, solo será un par de minutos, con que cojamos un par de pantalones y dos o tres blusas ella se quedará contenta, no te cuesta nada, por favor te lo pido-, Eva suspiró sopesando la situación y tuvo que admitir que todo estaba saliendo mejor de lo que se habían esperado así que no había motivos para hacer las cosas deprisa y corriendo.
-De acuerdo-, accedió finalmente -pero aprovecharé para coger algo para mi también.
-Lo que usted desee-, bromeó él.
Una vez en la sección de deportes Daniel se dirigió directamente hacia la zona de la diferentes protecciones deportivas, cascos, espinilleras y petos y se frotó las manos.
-Bueno, vete olvidando de las mordeduras-, le dijo a Eva.
Mientras Daniel rellenaba su carro con espinilleras y palos de hockey, Sebastian y Alfred paseaban tranquilamente por la sección de bebidas alcohólicas, ya habían llenado un par de carros con comida enlatada y bolsas de legumbres y pensaban que un poco de alcohol en sus vidas podía hacerles ver las cosas de otra manera.
-¿De donde eres Alfred?- preguntó Daniel mientras iba metiendo en el carro botellas de Jack Daniel´s.
-Vivo en las afueras, en «Colinas Ondulantes»- Sebastian se encogió de hombros.
-¿Es un buen sitio?, no soy de la ciudad así que no conozco nada.
-Pues sí que es un buen sitio-, dijo el hombre cuyo tono de voz cambió haciéndole parecer diez años más viejo.
-Es una zona bonita, con jardines y parques para los niños, un pequeño colegio y la que quizá fuese la mejor pastelería de toda la ciudad, «Pasteles el Divino Cielo», realmente tenías la sensación de subir al cielo al probar cualquiera de sus pasteles, pero aaah, lo mejor de todo era su dependienta, una mujer hermosa y rotunda, no como las «supermodelos» de hoy en día todo piel y huesos, quizá sea lo único que vaya a echar de menos.
-¿No tiene esposa ni hijos?-, preguntó de nuevo Sebastian mientras continuaba llenando el carro.
-No. La verdad es que siempre valoré mucho mi libertad e independencia... aunque no haga nada demasiado valioso con ella, pero al menos puedo ver los partidos del domingo y emborracharme sin que mi «querida esposa» se ponga a gritarme desde la cocina mientras prepara pollo congelado con los rulos puestos- Sebastian se levantó y miró a Alfred que le observaba en silencio.
-Yo... yo tengo mujer, y un hijo al que apenas he visto desde que nació, de eso hace dos años. Pero mi trabajo me lleva por todo el mundo y...
-¿A qué te dedicas chico?... o mejor dicho a qué te «dedicabas».
-Soy reportero gráfico, trabajaba para una televisión nacional cubriendo una revuelta en África con mi compañero...
-Eso es un trabajo interesante sí señor-, dijo Alfred.
-¡En realidad sí!, siempre estábamos en zonas de guerra o de alta tensión... me gustaba esa sensación de peligro e incertidumbre, te hacía sentirte realmente vivo, y no solo era el hecho de vivir al límite sino poder llevar al telespectador la crudeza de la guerra tal y como es, odiaría acabar siendo de esos que persiguen a los famosos para ver si engañan a sus famosas esposas.
-¿Sabes qué chico?, te admiro, odio esos programas que dices, incluso creo que una de las razones para no casarme fue la de no tener que soportar a mi «querida esposa» viendo esa mierda todos los días, a esos «periodistas» deberían quitarles la licencia, los pases de prensa... lo que sea que utilicen para colarse en los sitios- Sebastian se encogió de hombros en silencio.
-Supongo que no sabes nada de tu familia desde que todo esto empezó-, dijo Alfred casi susurrando.
-La... la última vez que supe de ellos montaban en un avión con destino a Francia... Ha... habíamos discutido por teléfono unos días antes. Yo debía haber regresado de Afgnistan una semana antes, pero las cosas se pusieron tensas y en la cadena decidieron que permaneciésemos allí durante algún tiempo más y entonces se quejó de lo de siempre, que yo estaba demasiado tiempo fuera a causa del trabajo, «viendo mundo» llegó a decir, dijo que odiaba que siempre estuviera en zonas de guerras o desastres y que estaba harta de rezar para que regresara pronto y a salvo. Yo... yo le dije que mi trabajo era mi vida, era lo único que deseaba hacer, no se trataba solo de viajar y ver mundo como ella había intentado simplificar, intenté explicarme pero ella no me dejó, empezamos a gritar y colgó diciendo que un día de estos ella también acabaría largándose para «ver el mundo». Pude llamarla pocos días antes de que todo esto empezara, tuve que llamarla multitud de veces y cuando al final se decidió cogerme el teléfono fue para decirme que se iba a Francia, que ella también tenía derecho a «ver mundo», colgó enseguida, según ella ya estaban embarcando... desde entonces no se nada de ellos-, Alfred miró a Sebastian con seriedad.
-¿Y no pensaste en ir tras ellos al regresar al país?.
-Están en Francia, ni siquiera sabría por donde empezar.
-Pero eres un periodista por Dios, se supone que sabéis de esas cosas, investigar y llegar al fondo de todo, ¿o no?-, Sebastian se encogió de hombros.
-Nunca se me dio bien la investigación, de no ser por mi compañero ni siquiera habría sabido encontrar mi hotel en más de una ocasión-, sin que ninguno de los dos hombres se hubieran dado cuenta los ojos de Sebastian habían empezado a llenarse de lágrimas, solo un leve gemido hizo notar que estaba al borde del llanto y entonces Alfred le dio un amistoso golpe en el hombro.
-Bueno chico, supongo que de todas formas ir a Francia ahora mismo es poco menos que imposible, ¿no?- Sebastian se encogió de hombros y tragó saliva -bueno sigamos, ya tenemos este carro casi lleno.
Eva se miraba en el espejo del probador sonriendo ante lo bien que le quedaba todo lo que se probaba, no en vano tenía una figura preciosa que apenas se había visto afectada por aquel repentino apocalipsis. Se probó faldas y pantalones además de algún que otro vestido de fiesta del que había quedado prendada nada más verlo. Se sentía un poco culpable por aquel sentimiento de júbilo que le había sobrevenido tan de pronto, el mundo se estaba yendo a la mierda por correo ultrarápido y ella sonreía probándose vestidos, pero por otro lado, ¿que otra cosa podía hacer?, todo aquello estaba allí tirado, los multimillonarios propietarios de todo el complejo estaban presumiblemente muertos, y tanto ella como el resto del grupo tenían importantes necesidades que cubrir... y si eso incluía subir el ego de vez en cuando ella no podía hacer nada al respecto.
Daniel por su parte se paseaba por la zona de ropa infantil y juvenil sin saber muy bien que hacer, le había preguntado a Susana cual era su talla pero no sabía todo lo que desearía, ¿utilizaba la chica sujetador? ¿que talla en todo caso?, ¿es la misma talla para una falda que para una camiseta?... ¿por qué demonios hay tangas en la sección de ropa infantil?. Estaba tan desorientado que decidió esperar a que Eva saliese del probador y quedó estupefacto ante la pila de ropa que ella había metido en su carro «y no quería venir a la sección de ropa» pensó con sorna, y casi como si fuera la voz de su conciencia la voz de Sandra retumbó a través del walkie.
-Ya que estás ahí coged algo para mi, pero nada de trajes ni vestidos, solo pantalones cómodos, ropa con la que pueda moverme libremente, y di a Eva que coja... uuum, productos de higiene femenina, cambio.
-Ok-, dijo Daniel sin tan siquiera pulsar el botón del walkie -aquí todas se creen que soy un experto en ropa femenina.
Daniel estuvo al borde del colapso cardiaco cuando Eva salió al fin del probador, sonriente y satisfecha como estaba no fue capaz de negar su ayuda a Daniel en la búsqueda de ropa para Susana, la de Sandra ya la había buscado él, con un par de chandals y algunos pantalones khakis ya sobraba, pero para la niña no supo que coger.
De toda formas Eva no conocía los gustos de la niña, así que por si acaso se llevaron vestidos y faldas de diversos estilos, pantalones de todo tipo al igual que algunas blusas y algo de ropa interior «puede que no use sujetador, pero es algo que cambiará en breve», dijo Eva, también cogieron algo de ropa cómoda y deportiva para los momentos «delicados».
Después de aquello fueron a la zona de productos de aseo, se hicieron con todo lo que pudieron, incluidos los productos de higiene femenina que Sandra había solicitado y finalmente decidieron marcharse pero cuando estaban a punto de salir Daniel se giró de golpe.
-Espera, creo que debería coger unas cosas más- hizo hueco en uno de los carros y corrió a la zona de electrónica cruzándose con Alfred y Sebastian.
-¿Aún no habéis terminado?-, le dijo el segundo.
-Sí, es solo un segundo, id con Eva, está junto a la entrada.
-¡Wow!, sí que habéis cogido ropa-, exclamó Sebastian a carcajadas.
-Yo he cogido un par de pantalones y un paquete de calzoncillos-, añadió Alfred.
-Y eso fue porque yo le insistí-, puntualizó el otro provocando una sonrisa en Eva.
-Bueno chicos, una pequeña pregunta... ¿hay sitio en el lugar en el que estáis?, ya que si no es así mi casa está en la afueras y...
-No se... sitio hay, por si no te quieres quedar solo pero eso de mudarnos deberíamos hablarlo entre todos, puedes ver la casa de Daniel y así comparar- dijo Eva y Alfred asintió en silencio.
-Deberíamos guardar todo lo que pudiésemos en bolsas, así será más fácil cargarlo y descargarlo todo-, dijo Sebastian y los tres se pusieron manos a la obra. Cuando regresó Daniel la mayor parte de la «compras» estaban metidas en bolsas de plástico.
-¿Qué era eso tan importante que debías coger?.
-Bah, no era nada importante, en casa os lo enseño todo.
Finalmente Sandra les abrió la verja dejándola cerrada otra vez, la zona estaba segura y quería que permaneciera así por si necesitaban regresar. «Daos prisa, parece que tenemos compañía» dijo mientras la verja bajaba con un zumbido eléctrico.
-Mierda, todo estaba saliendo demasiado bien-, se lamentó Eva.
Les costó atravesar la puerta de acceso al pasillo de seguridad, aunque los carros vacíos habría cabido a la perfección estaban tan llenos que no cabían así que perdieron unos minutos preciosos haciéndolos pasar. Para entonces Sandra ya había bajado, llevaba una pesada mochila a la espalda y le cedió otra a Daniel que se preguntó si lo había tomado por un burro de carga -¿Son muertos vivientes?-, preguntó y Sandra negó con la cabeza.
-Están buscando una entrada, si nos damos prisa no nos verán-, dijo la mujer.
-¿Que no nos verán?, pero para llevar a cabo mi idea necesitamos más gente.
-¿Sabes una cosa?, no me fío de los saqueadores- exclamó Sandra con ironía.
Sandra salió la primera revolver en mano, examinó la situación y vio que todo estaba tranquilo así que hizo una señal a los demás para que salieran.
-Cargarlo todo rápidamente, preferiría no encontrarme con extraños-, dijo Sandra con frialdad.
-¿Y esto?-, dijo Alfred -Yo era un extraño hasta hace unos minutos... eeeh, horas ,¡¿qué demonios?! ¡todos sois extraños para mi!, ¡¿a qué vienen ahora estas precauciones?!.
-¡Obedeced!-, Daniel abrió el enorme maletero del 4x4 y plegó los asientos traseros para hacer más sitio aún, habían cogido más cosas de las esperadas.
-Bueno, id dándome bolsas.
Apenas habían cargado la mitad de las bolsas cuando escucharon un potente motor acercándose, sopesaron la idea de esconderse tras el contenedor, pero de todas maneras verían el 4x4 y no querían arriesgarse a perderlo todo ahora.
Una camioneta roja se detuvo justo a la altura del 4x4, en la parte trasera viajaba un tipo alto y moreno de torso desnudo y peludo, en su mano izquierda llevaba un rifle de caza, en la cabina viajaban dos hombres más, todos tenían un cierto aire parecido, como si fueran hermanos.
-¡Buenos días compañeros supervivientes!-, exclamó el del rifle saltando al suelo.
-Buenos días-, dijo Daniel saltando del 4x4 y adelantándose al resto del grupo.
-Mmm, veo por vuestra carga que habéis podido entrar, nosotros llevamos dando vuelta durante tres días y no lo hemos conseguido, solo nos queda empotrar un camión contra una de las puertas, pero no sabemos si eso serviría para la verja del supermercado, ¿como habéis entrado?.
-Por... por esa puerta de seguridad que está tras este contenedor, el último guardia debió dejarla abierta.
-¿Y habéis podido acceder al supermercado?, tengo entendido que por la noche lo cierran con una verja metálica.
-Oh bueno, todo esto es de las tiendas, hemos tenido que romper algunos cristales pero ha valido la pena-, mintió Daniel.
-¿Sabéis qué?, me está dando cierta pereza tener que ir a buscar provisiones, y vosotros tenéis muchas-, con una señal de su brazo hizo salir a sus compañeros de la camioneta, Eva y los demás comenzaron a murmurar viendo que se acercaban problemas.
-Os lo agradecería un montón si cargarais lo que queda en nuestra camioneta, pensad que no es un atraco ni un robo, al fin y al cabo no habéis pagado por todo esto, además ayudaréis a sobrevivir a unos buenos ciudadanos.
Cuando Sandra vio que los otros dos chicos portaban bates como armas empezó a reírse sin poder evitarlo, los demás la miraron sobresaltados.
-¿Qué le pasa a esa?, acaso he contado un chiste y no me he dado cuenta?-, dijo el aspirante a atracador.
-No, me río de que puedo mataros antes de que levantes ese rifle para apuntarnos.
-¿De qué habla esa zorra?-, dijo uno de los compañeros del atracador -demuéstrale como se dispara Mike-, dijo el otro.
Y Mike alzó el rifle, pero antes de que hubiera podido levantarlo del todo Sandra ya le había destrozado el dedo pulgar de la mano derecha y había reventado dos de las cuatro ruedas de su camioneta, al no poder sujetar bien el rifle este cayó al suelo de donde lo recogió Daniel con prontitud.
-Esa herida no es mortal, pero esa ruedas reventadas si pueden suponer vuestra muerte, largaros de mi vista-, dijo Sandra apuntando a la cabeza de cada uno de los «atracadores» cambiando de uno a otro. Los tres corrieron gritando abandonando la camioneta.
-¿Lle... llegaran a salvo a su escondite?-, preguntó Eva.
-No es nada que me preocupe-, contestó Sandra.
-Bueno, terminemos de una vez no sea que decidan regresar- ordenó Daniel -por cierto, no sabía que los guardias de seguridad fueran tan buenos tiradores.
-No siempre fui guardia de seguridad-, dijo ella misteriosamente.
En silencio terminaron de cargarlo todo en el 4x4, lo hicieron todo lo rápido que pudieron para evitar más encuentros inesperados, cosa que no sucedió.
Esta vez decidió conducir Alfred, ya que dijo conocer cierto atajo campo a través que les ahorraría tener que pasar otra vez por el maldito puente, y como ninguno quería más sorpresas le dejaron hacer.
Alfred cumplió lo que prometió, metió el 4x4 por zonas rurales y caminos de Tierra que poco tenían en común con las calles asfaltadas y edificios interminables que todos conocían, pero que a su vez estaban libres por completo de barreras y de muertos vivientes. Solo se cruzaron con un motorista que al parecer había muerto al caer de su moto, nadie se preguntó como sucedió, pasaron de largo sin hacer un solo comentario.
Cinco
Todo se estaba complicando en la hasta ahora sencilla vida de Daniel, tan sencilla como puede ser una vida durante un apocalipsis zombie. Se levantaba tarde, comía a la hora que le daba la gana y se bañaba cuando ya no podía soportar su propio olor, por no hablar de afeitarse. Lo único que le había torturado desde que todo empezó era que quizá no volvería a ver a Eva, Eva era su novia claro. Le daba igual lo lejos que estuviera, incluso lo cruel que podía ser a veces, en el fondo sabía que ella quería lo mejor para él, que tuviera un trabajo decente y no se conformase con llegar a fin de mes. La amaba que carajo, era la única mujer a la que realmente había amado, y hasta la llegada de Susana a su casa, la única que había dormido en su cama. «Su cama», ahí fue donde empezaron a complicarse las cosas... ya no era su cama, se la había cedido a la «dulce e inocente colegiala» que no parecía importarle los terribles calambres con los que se levantaba cada mañana por culpa del sofá. Luego estaban los víveres, con lo que había rob... cogido prestado de casa de sus vecinos habría tenido para algo más de un mes, pero la cría no comía, devoraba, se notaba que estaba en edad de crecimiento y para empeorarlo ahora eran tres, y ya no habían más camas... «¿ropa femenina?, sí claro por supuesto, usa la de mi novia desaparecida», pensaba sintiéndose miserable. Estaban acabando con su champú y su gel... incluso el agua oxigenada estaba ya en las últimas, y ahora encima se había vuelto a colar en casa de sus vecinos, al menos esta vez le acompañó Sandra, y aunque solo habían un par de zombies tener ayuda por una vez fue agradable.
Habían ido coger un par de colchones, sus vecinos ya no los iban a necesitar. Aprovecharon la hora de más calor, el Sol había salido por primera vez en varios días y picaba un poco, y por alguna razón que no entendían el sol volvía más gilipollas de lo habitual a los muertos vivientes. Aseguraron la casa lo mínimo para poder moverse con cierta tranquilidad y bajaron dos colchones hasta el jardín, lanzándolos por encima del muro hasta el jardín de Daniel utilizando unas escaleras plegables.
También aprovecharon para coger ropas de cama, y algún que otro vestido de la señora Romero, al parecer Sandra no se sentía demasiado afectada saqueando una casa ajena, se pasó casi una hora mirando la ropa de le mujer muerta, también se llevó algunos sujetadores, por lo visto tenía un par de tallas más que Eva y sus sujetadores le resultaban muy incómodos.
Todo fue lanzado por encima del muro, incluidos botes de champú que le cayeron a Susana en la cabeza provocando las risas de Sandra y Daniel, y gruñidos histéricos por parte de la niña.
Ya habían pasado cuatro días desde la proposición de Daniel a Sandra y aún no había habido ningún tipo de contacto que certificara cien por cien que el joven estuviera vivo. Ella le había estado llamando todos los días, a diferentes horas, pero el teléfono siempre comunicaba, incluso ella empezaba a tener dudas, no así Susana que habiendo recibido un par de emails días atrás se encontraba convencida de que su novio estaba vivo.
En dichos e-mails, Marcos le contaba que estaba bien, que sus padres habían sabido lo que estaba sucediendo bastante pronto así que se parapetaron en su casa esperando ayuda. Le explicaba también que la había llamado muchas veces al teléfono pero que ella no contestaba aunque en su segundo e-mail le contó que utilizara el correo electrónico para comunicarse con él, ya que había perdido el móvil durante la última «salida», Susana en un interminable
e-mail le preguntó sobre esas «salidas».
Desde que leyera los mensajes de Marcos, Susana se pasaba largas hora esperando frente al ordenador, con el «messenger» abierto por si él, o alguna de sus amigas estaba viva y conectada... pero cada vez que cansada de esperar apagaba el ordenador pensaba que un apocalipsis zombie no era el mejor momento para «chatear».
Los días de espera estaban sentando bastante bien a Sandra, cuyas heridas empezaban a curarse ahora que tenía quien las cuidase y limpiase, los moratones empezaban a amarillear, síntoma de que estaban a punto de desaparecer.
Pasaban las tardes y las noches jugando a «Trivial Pursuit», pero como casi siempre ganaba Sandra pronto se hizo aburrido, si jugaban a «Monopoly» Susana siempre terminaba enfadada por su escasa mano para las finanzas, y Daniel odiaba el parchís, así que más de una noche la pasaron «jugando» a «preguntas y respuestas», aunque casi siempre había alguna excusa para no contestar las preguntas más personales.
Daniel se vio gratamente sorprendido por la fuerza de Sandra, había vivido una experiencia horrible en la que los zombies no habían sido sino unos inesperados invitados, se podría decir que incluso bienvenidos ya que gracias a ellos, en parte, era de nuevo una mujer libre. Sandra había omitido los detalles más escabrosos de su aventura para no asustar a la niña, pero en cuanto estuvo a solas con Daniel no dudó en confesarlo todo. Aquellos desgraciados la habían mantenido atada y sin comer para que se debilitara y así poder hacer con ella lo que se les antojase. Desde el momento en que la introdujeron en la furgoneta solo salió una vez, que aprovechó para escapar y lo cual le costó una buena paliza. Eran unos degenerados a los que el apocalipsis no les había hecho sino un gran favor, podían liberar todos sus vicios y degeneradas perversiones sin temer ninguna represalia, no tenían conciencia ni respeto por la vida o dignidad humanas... le obligaron a hacer cosas por las que se tendría asco el resto de su vida, pero todo aquello, en lugar de destrozarla y debilitarla hicieron que su determinación y deseo de venganza aumentaran, por eso el día que consiguió escapar fue capaz de tenderles una emboscada. Gracias a su conocimiento de las artes marciales fue capaz de retener a un muerto viviente con ciertas garantías, se escondió en el único lugar donde podían encontrarla... y a la mínima oportunidad liberó al muerto lanzándolo contra ellos de un empujón. Lamentablemente solo mordió a uno, aunque al final su plan acabó funcionando aunque no en la manera que ella esperaba.
Aunque a Daniel le gustó el detalle de que Sandra quisiera proteger a Susana de «los males del mundo», Daniel le dijo que no volviera a ocultarle nada a la niña ya que la mejor manera de protegerla de esos males era que los conociera.
Y entonces, en la mañana del quinto día de la llegada de Sandra sucedió lo inesperado.
Aquella mañana Daniel estaba haciendo una lista de las cosas que necesitaban, y que iban a saquear, para cuando fueran al centro comercial, cosa que habían decidido hacer aquella misma tarde, aprovechando la tregua que el invierno parecía concederles.
Susana se encontraba en el jardín trasero con el «Bate de la Suerte» de Daniel y que habían recuperado aprovechando la última incursión a la casa de al lado. Lo balanceaba de un lado a otro, simulando golpear en la cabeza a un zombie imaginario. Aunque no le agradaba luchar estaba empezando a pensar que en algún momento debería hacerlo, más aún, sabía que llegaría la hora en que tuviese que luchar por su vida sin la ayuda de Daniel, así que jugar con el bate era más una especie de entrenamiento que un simple juego infantil.
Sandra por su parte, estaba frente al ordenador intentando en vano ponerse en contacto con su hermano, pero no había ninguna señal de él, también le había llamado al teléfono de su amigo, pero este seguía comunicando lo que le hizo pensar que en realidad el teléfono estaba descolgado.
Cada uno de ellos se encontraba sumido en sus pensamientos, unos más optimistas que otros pero todos con la sombra de una posible muerte temprana, todos saltaron cuando escucharon el motor de lo que parecía un furgón atravesando la calle a toda leche, luego un largo frenazo y un choque no demasiado fuerte.
Los tres corrieron hacia las ventanas para ver que había pasado pero intentando no ser vistos, sobretodo al escuchar un par de disparos de escopeta.
-¿Qué está pasando?-, preguntó Susana que no se atrevía a asomar la cabeza.
-Yo diría que son supervivientes... acaban de destrozar su vehículo-, dijo Sandra.
-Desde arriba se tiene que ver todo mejor, no nos molestará la valla...
-¡Vienen hacia aquí!-, exclamó Sandra lo que provocó un grito ahogado por parte de Susana.
-¿Como que vienen para acá?, ¿no serán saqueadores?... - Y entonces la escuchó.
-¡¡Si estás ahí abre la puerta maldito hijo de puta!!.
-¡Pum!-, exclamó Daniel, sus dos acompañantes le miraron sin comprender.
-¡Es Eva!, ¡la pedazo de puta está viva!.
Se escucharon más disparos de escopeta mezclados con gritos ahogados.
-¡Debemos dejarles entrar!-, exclamó Susana.
-No sé que decirte... están atrayendo demasiada atención, si les dejamos entrar podemos comprometer nuestra seguridad-, dijo Sandra en tono frío.
-Pero Dani, es tu novia, no puedes dejarla ahí fuera para que se la coman-, Daniel se giró hacia la niña y la miró a los ojos.
-¿De verdad arriesgarías tu vida por alguien a quien no conoces?-, Susana asintió.
-Ya le hemos hecho antes... TÚ te arriesgaste por mi sin conocerme, y si esa chica de afuera es tu novia, razón de más para salir a ayudarla-, Daniel asintió lentamente.
-Es posible que se nos cuele alguno, vete arriba y cierra todas las puertas, que no te vea nadie, sal solo cuando alguno de nosotros dos te avise-, aunque no estaba de acuerdo en quedarse sin hacer nada, Susana obedeció a Daniel, pero antes de subir le cedió el «Bate de la Suerte» a Sandra, luego Daniel recogió su «tridente» que estaba en la cocina y corrió hacia la puerta de la calle, abrió la puerta y dijo;
-Bueno... a «liarla parda».
Antes que nada cerraron la puerta de la casa, Daniel prefería perder unos segundos teniendo que volverla a abrir a que se les colase algún bicho indeseado en su ausencia.
Tras pasar la puerta metálica de la verja de entrada pudieron ver el espectáculo, una cantidad indefinida de zombies caminaban calle abajo, hacia los gritos y los disparos, uno de ellos a apenas un par de metros se abalanzó a toda velocidad hacia Sandra pero ella reaccionó a una velocidad inesperada, apartándose de él pero dejando una pierna para hacerle tropezar, luego inmovilizó la cabeza del ser pisándole el cuello y lo remató con el bate.
-Tienes estilo-, le dijo Daniel -pero necesitaremos algo más que eso-, exclamó señalando a la lenta comitiva.
Caminaron con decisión, sin pausa pero sin prisa, Daniel derribaba a los que estaban más aislados para rematarlos en el suelo con su martillo, Sandra por su parte parecía haber nacido para esto, la lentitud de esos malditos no tenía nada que hacer con su rapidez y sus reflejos lo que la hacía capaz de despacharlos de tres en tres sin demasiada dificultad. Estaban a medio camino cuando escucharon un par de rápidos disparos y un horrible grito de terror femenino, eso hizo que algo se despertara en el interior de Daniel que hizo amago de salir corriendo, Sandra se lo impidió señalando hacia detrás de la multitud, hacia el furgón. Alguien había subido al techo, al parecer le habían ayudado a subir y ahora estaba tirando de otra persona, la cual estaba ya atrapada sin remedio por la multitud de muertos y gritaba de terror y de dolor.
-¡Es ella!-, gritó.
-Bueno, si ella está ahí arriba está a salvo... despejemos esto con calma.
-Creo que eres una persona más fría de lo que me esperaba-, dijo Daniel.
-No es frialdad, hay que saber mantener la cabeza tranquila en momentos de crisis, si hubieras corrido hasta el furgón, ¿crees que habrías podido con todos ellos?.
Sandra tenía razón, alrededor del furgón habían al menos unos veinte muertos vivientes sin contar los que yacían en el suelo derribados por el grupo de su novia, la desesperación no debía de ser una opción, él lo sabía. Su regla número uno era la de no arriesgarse por los demás, no ahora, en esta época que un simple mordisco te condenaría. Recordó sus dudas a la hora de rescatar a Susana la primera vez, o su comportamiento cuando vieron el accidente de Sandra. Pero ahora todo era distinto, se trataba de Eva.
-¿Tu pistola tiene balas?-, preguntó Sandra.
-Un cargador, ¿la quieres?.
-Supongo que soy mejor tiradora, son demasiados para cargar contra ellos, hagamos que vengan por nosotros, así podré acabar con unos cuantos.
-De acuerdo- Daniel le cedió la pistola a Sandra que la examinó durante un segundo.
-¡¿Eh?!, ¡has ido todo este tiempo con un arma sin el seguro puesto!.
-¡Perdona!, ¡no todos hemos hecho cinco años de academia en la escuela de oficiales!... ¡ni siquiera tú!-, exclamó fingiendo indignación para ocultar su vergüenza.
-Bueno, ¿y ahora como los atraemos?-, preguntó.
-Tus gritos son suficientes.
-Jo.
No solo fueron sus gritos, la comida fácil parecía haberse complicado, ya que ahora eran dos las personas en el techo de la furgoneta, las dos estaban en cuclillas, ya que los continuos golpes y empujones hacían peligrar su equilibrio. Alguien debía haber caído en el combate ya que no todos los muertos se giraron a por Daniel y Sandra, tres o cuatro de ellos estaban sentados en el suelo peleando por los trozos de alguien, el resto se giró al escuchar los gritos de Sandra y sobretodo los de Daniel, que empuñó su tridente esperando no tener que utilizarlo más por hoy.
-¿Eres buena tiradora?-, el zombie más cercano debía estar a más de veinte metros, Daniel la reconoció.
-Es Marta, la dueña de la tienda en la que compraba todas las mañanas.
-¿Te fiaba?.
-No.
Un disparo a la cabeza y el cadáver de la tendera cayó derribado al suelo, Daniel miró con respeto a Sandra para luego exclamar; -a partir de ahora tú llevarás la pistola... yo tuve que disparar tres veces a uno que estaba a tres metros.
-Lo sé-, dijo ella luego hizo tres disparos más derribando a otros tantos zombies.
-Deberíamos ahorrar munición- dijo la mujer.
-¿Tú te ves capaz de sobrevivir al ataque de unos... pffff ¿catorce zombies?.
-No seas tonto, son lentos, piensa. Podemos separarlos hasta poder acaba con ellos con mayor tranquilidad.
-Eres de lo que no hay, ¿nunca pensaste entrar en las fuerzas especiales?-, Sandra bufó.
-Pensaba ingresar el año que viene, es broma... el siguiente.
Sin saber muy bien que hacer Daniel decidió hacer caso a Sandra, se separaron, «atacando» al grupo por dos flancos diferentes, gritando y llamando su atención y tal como esperaban el grupo, no muy cohesionado ni inteligente se separó en dos grupos más o menos iguales.
Sandra caminaba de espaldas sin dejar de mirar atrás cada pocos segundos y haciendo aspavientos para que no dejaran de mirarla y perseguirla.
-Eso no es necesario-, susurró él, -cuando saben que estás vivo no dejan de perseguirte hasta que acaban contigo.
A pesar de lo que le había dicho de ahorrar balas, Sandra hizo un par de disparos más, haciendo disminuir su grupo, Daniel por su parte no tenía ni idea de como despachar a los suyos, eran demasiados y estaban demasiado cerca unos de otros para atacarles sin peligro.
Retrocedió protegiéndose con su arma al frente, si alguno de ellos intentaba embestir contra él acabaría empalado.
-¡claro!, que estúpido... - Daniel se detuvo, se afirmó en el suelo y esperó la llegada del primer zombie.
-¡Vamos idiota ven a por mi, seguro que hace siglos que no devoras a un tío macizo como yo!-, el zombie al ver su presa tan cerca se abalanzó contra él con la misma rapidez que suelen mostrar las serpientes en las distancia cortas, pero lamentablemente para el pobre desgraciado, Daniel tenía preparada su arma a la altura justa.
El «tridente» de Daniel hundió sus picos en la cara del zombie, uno de ellos se hundió en su putrefacto ojo izquierdo cuyos repugnantes restos cayeron al suelo. El zombie seguía manoteando, el golpe no había sido suficiente para matarlo, era de esperar, formaba parte del plan de Daniel que retrocedió un par de pasos arrancando de cuajo el arma de la cara del zombie que cayó hacia adelante por la fuerza de su propio impulso, haciendo que Daniel ganara unos valiosos centímetros.
-Lo siento tío, pero es mi vida o la tuya... bueno olvídalo, tú ya estas muerto-, Daniel hundió su arma en la parte trasera del cráneo de su presa dejándolo inmóvil.
Daniel siguió retrocediendo, no podía ver que estaba haciendo Sandra, pero otro disparo más le hizo pensar en que para que coño se habían separado si ella iba a gastar todas las balas...
-¡Hija de puta!, me va a dejar tirado- exclamó para si y pensar en ello le hizo enfurecerse, volviéndolo más agresivo, lanzando estocadas a sus enemigos empujándolos hacia atrás unos contra otros.
-Mierda, estoy jodido-, se dijo.
Al caminar de espaldas chocó contra un coche, el Audi de sus vecinos, el que habían cogido prestado. Daniel hizo una mueca de rabia y entró en él.
-¿Para que mierda uso un palo con tres picos si los puedo atropellar?-, la rabia hizo que el miedo que sentía pasase desapercibido, agarró las llaves y arrancó el coche, luego maniobró hasta tener frente a él al grupo que le había estado persiguiendo y que ahora parecía estar replanteándose la nueva situación.
Sandra no se había ido, ni tenía pensado marcharse, si había estado disparando era para despejarse el camino ya que a medida que se iba alejando del furgón iban apareciendo más cadáveres caminantes y no quería quedar acorralada. De vez en cuando dejaba que uno de ellos se le acercase, podía manejarlos a patadas o puñetazos, eso no le suponía ningún problema, pero la espalda debía tenerla despejada.
Utilizaba cualquier tipo de obstáculo para separar al grupo, un coche o hasta un contenedor de basuras le servía si lograba que uno de ellos cogiera por el lado contrario al resto del grupo, lo que le hacía ganar a ella el espacio y el tiempo suficiente para acabar con el rezagado con un mínimo de tranquilidad. Por eso en pocos minutos su grupo estaba reducido a menos de la mitad, aunque eso a los muertos andantes no parecía impresionarles.
Daniel seguía empeñado en que Sandra terminaría por marcharse sola, dejándoles tirados a los tres, así que embistió a los zombies poniendo toda su rabia en ello, como si así el coche fuera a hacer más daño.
Fue un estropicio, no solo de huesos y piernas rotas, el Audi también se llevó lo suyo, perdió los espejos laterales y se le rompieron las luces delanteras, aunque eso a Daniel le dio igual, puso la marcha atrás y pasó otra vez por encima del grupo de muertos vivientes dando pequeños botes en el interior del coche, miró hacia el exterior y vio que aún se movían.
-Pues nada, demos un paseo-, los arrolló de nuevo y hubo más rupturas de huesos además de explosiones de cráneos y cajas torácicas que se aplastaban bajo el peso del vehículo.
Daniel no se detuvo hasta que dejó de ver movimiento en el amasijo de huesos y tripas putrefactas. Luego miró al pequeño grupo que había permanecido impertérrito a lo que pasaba a su alrededor.
-¡¿Qué demonios, están comiendo?!-, salio del coche sin cerrar la puerta para hacer menos ruido y se acercó a ellos con lentitud, aún así pudieron oírle pero para cuando el primero de ellos se hubo girado, el zombie a su izquierda perdió la cabeza a causa de un potente martillazo, el siguiente martillazo solo golpeó de refilón al segundo zombie, que se giró con cierta rapidez, pero que quedó inmovilizado contra el furgón con el tridente de Daniel.
-¡Venga, vamos!-, llamó al tercero, arrancó el tridente del pecho del segundo y con rapidez inusitado lo hundió en el cráneo del mismo con precisión casi quirúrgica.
Volviendo a arrancar el arma de la cabeza del zombie, Daniel retrocedió lateralmente, no quería acabar cayendo sobre el montón de cadáveres aplastados.
-¡ven imbécil!-, y como si fuera una especie de sapo gigantesco o algún tipo de gato loco, el zombie agazapado se arrojó contra Daniel, que se movió a un lado y utilizó su arma para desequilibrar a su enemigo que cayó de costado.
-Ya sé que lo he dicho antes, pero esto es tan fácil que da hasta miedo-, y terminó con el derribado zombie con un movimiento seco de su arma.
-¡Eh!- gritó Daniel llamando la atención de Eva y su compañero, -¿veis a una mujer desde ahí arriba?, debería estar...
-¿Una mujer?-, exclamó Eva.
-Sí, como yo-, dijo Sandra apareciendo desde detrás de una esquina, caminaba con seguridad a pesar de estar manchada de sangre.
-¿Te... te han?... -, preguntó Daniel con preocupación.
-Tranquilo, no es mía-, Sandra vio la asquerosa pasta en la que había quedado convertido el grupo de Daniel y le miró con repugnancia.
-¿Que coño has hecho?-, él la miró con la boca abierta, no sabía si era conveniente decir lo poco que había confiado en ella así que dijo; -Entré en «enrage».
El furgón aún funcionaba, apenas era capaz de girar pero fueron capaces de aparcarlo junto a la casa de Daniel ya que Eva y su compañero querían descargar algunas cosas bastante pesadas.
Durante el proceso de descarga Sandra ayudó a Daniel a meter una pesada caja y aprovechó para preguntarle por el frío reencuentro con Eva, «es todo muy complicado» exclamó.
Una vez todos dentro de la casa aseguraron mejor puertas y ventanas lo que les llevó toda la mañana, tras lo cual llegaron las presentaciones.
Todos estaban en el salón, Daniel sentado en el sofá junto a Sandra y Susana que se había sentado en el reposabrazos junto a él, frente a ellos estaban Eva y el hombre negro.
Eva era una mujer un poco más alta que Daniel aunque no lo suficiente para resultar incómodo para ninguno de los dos, de ojos verdes cansados pero hermosos y de pelo largo y negro que ahora llevaba recogido en una trenza. Era una chica de complexión atlética, aficionada al deporte y a la aventura tenía una bonita figura de músculos definidos aunque sin que eso le hiciera perder feminidad, una de las fantasías de Daniel era que ella se disfrazase de Lara croft, aunque nunca se lo llegó a confesar.
El hombre, por su parte, era un tipo larguirucho de pelo muy corto, era de complexión delgada y ágil, su mirada era intensa y en cierta manera agresiva, seguramente era una simple pose para no demostrar lo asustado que estaba en realidad.
-Bueno... ellas son Susana, amiga de Elena... no sé si recordarás a la chica que vivía aquí al lado. Mi otra compañera de fatigas se llama Sandra, vigilante de seguridad, y utiliza las armas mejor que nadie, y bueno chicas... esta es Eva, mi chica-, Daniel sonrió no muy convincentemente y luego le pasó el turno a su novia.
-Pues nada, yo soy Eva como acaba de decir Daniel, y este chico es Sebastian, compañero del pobre hombre que ha quedado ahí fuera.
-¿Compañeros?, ¿compañeros en plan gay quieres decir?, has de saber que tengo una mentalidad muy abierta, pero he de añadir a eso que a mi no me va esas cosas, o sea... que soy «hetero» quiero decir- Dijo Daniel un tanto azorado y casi tropezando con las palabras.
-Lo tendré en cuenta-, dijo el otro hombre mirando a Daniel entre confundido y extrañado.
-Compañero de trabajo... Sebastian es cámara de televisión o bueno lo era... y bueno, Nacho era... - Eva no pudo continuar, aquella conversación resultaba tan superflua como absurda.
-Está bien, de ser tres hemos pasado a ser cinco... ¿qué haremos ahora?-, preguntó Daniel.
-¿Hacer?, ¿a qué te refieres con «hacer»?, yo no pienso «hacer» nada tío-, dijo el tal Sebastian.
-Daniel tiene razón, somos muchos y no tenemos demasiada comida, a menos que esas cajas que habéis traído estén llenas de latas.
-No-, exclamó Eva con seriedad. -La mayor parte son herramientas de trabajo, hay cintas grabadas, baterías para las cámaras y cosas así... bueno puede que hayan un par de latas y dos garrafas de agua, pero poco más, de no haber llegado aquí mañana estaríamos sin comida-, terminó de decir.
-¿Qué... qué hay en esas cintas, qué habéis grabado?-, preguntó Susana que hasta ahora había permanecido en silencio.
-Nada que una niña de tu edad deba ver-, le contestó Eva en tono cortante.
-Claro, por supuesto... olvidé que estuve en una isla paradisiaca durante las últimas semanas- Daniel asintió.
-Susana tiene algo de razón ciertamente, aunque si en tus cintas no hay nada que nos enseñe algo que no sepamos no creo necesario el verlas- dijo, y alzó las cejas al ver que Eva lo miraba con suspicacia.
-¿Acaso crees que hemos recorrido medio mundo cargando con estas cintas porque son un recuerdo de nuestras vacaciones en África?.
-Bueno... ¿quién sabe?, siempre que ibas de viaje te llevabas un buen número de maletas-, bromeó Daniel aunque sin sonreír.
-No es este el caso-, dijo Sebastian interviniendo en la conversación. -Tenemos tanto fotos como vídeos sobre como empezó todo en Sudán. Aunque he de admitir que la mayoría de las fotos las hizo Ismael, el compañero de Eva.
-Sí bueno, todo parece muy interesante-, exclamó Sandra aparentemente aburrida -pero creo que deberíamos replantearnos que es lo que vamos a hacer ahora. Realmente me importa muy poco como comenzó todo esto si no nos sirve para eliminar el problema, ¿me equivoco?-, Susana asintió en silencio mientras los demás miraban a la mujer sin decir nada.
-Lo que Sandra quiere decir es que ahora somos cinco, y que si pensáis quedaros aquí debemos organizarnos de alguna manera, debemos conseguir alimentos y...
-¿Quedarnos aquí?, ¿ese es tu plan?-, le interrumpió Eva.
-Hasta ahora nos ha ido bien-, dijo él.
Eva se levantó de su asiento y miró indignada a Sebastian que se encogió de hombros sin saber que decir.
-¿No te lo dije?, ¿no te dije que mi novio estaría sentado en su sofá esperando a ver que dan en las noticias?, el hecho de que esté acompañado ya es sorprendente por si solo-.
-¡Uy, uy, uy!, yo creo que esto se va a poner bastante feo-, exclamó el cámara -¿Me podéis dar algo de comida caliente?, estoy harto de latas frías-, Susana se levantó sonriendo e hizo una señal al hombre para que la siguiese.
-Yo voy a ver si hay señal de mi hermano-, dijo Sandra y se marchó con calma.
-Así que no tienes ningún plan-, dijo Eva volviéndose a sentar.
-¿Plan?, ¿qué plan?, ¿para qué hay que tener un plan?-, preguntó Daniel. -Me vale con sobrevivir. Hoy mismo íbamos a ir al centro comercial a recoger ciertas cosas que pensamos podrían resultarnos útiles, y no solo alimentos sino semillas y algunas herramientas. De hecho quiero coger algo de equipo de campaña, mochilas, sacos de dormir cantimploras y esas cosas ya que es posible que en un par de días tengamos que ir a recoger al hermano de Sandra, y nunca está de mas el ir preparado-, Eva se quedó mirando a Daniel en silencio con gesto sorprendido.
-Bueno... eso para ti es todo un plan, pensaba que te quedarías aquí hasta que te quedaras sin comida para luego ir saqueando las casas de tus vecinos-, dijo ella riendo sin ganas.
-Así es como encontré a Susana.
-Susana es la cría, ¿no?-, Daniel asintió.
-¿Y no habéis contactado con nadie más?, no puedo creer que toda la ciudad haya caído.
Daniel negó en silencio pero luego alzó un dedo y habló en voz baja -Al parecer Susana ha podido contactar con su novio- Eva sonrió con ironía.
-¿Con trece años y ya tiene novio?.
-Sí bueno, ¿no iras a decir que tú a su edad no flirteabas con chicos... y tiene doce años, no trece.
-Mejor me lo pones, pienso que a su edad... - Daniel hizo un gesto impaciente para que Eva se callase a lo que ella contestó encogiéndose de hombros.
-Esa no es la cuestión-, exclamó él casi susurrando -Ella espera que en algún momento dado vayamos a buscarlo.
-Yo no veo ningún problema- Daniel la miró contrariado.
-No es por nada, pero es de suponer que el chico está con sus padres, lo que haría un mínimo de tres personas más... ¡no hay sitio donde ponerlos!.
-No seas tonto, nadie pretende que acojas en tu casa a toda la ciudad, ¿no has visto como está la calle?.
-Pues claro, llena de cadáveres aplastados y muertos...
-¿Y eso significa... ?-, el rostro de Daniel se iluminó casi como si los reyes magos le hubiera traído el regalo que había pedido.
-Las casas deben estar vacías, o al menos en su mayoría.
-Pienso que deberíamos averiguar cuantos supervivientes hay si es que queda alguno, no creo que todos esos muertos andantes fueran nuestros... tus vecinos.
-Si, creo que incluso vi al cartero, pero ¿que pretendes hacer con los supervivientes?.
-Asegurar la zona. Podríamos... podríamos cerrar un par de calles, poner vigías, si quieres sembrar comida podríamos usar los jardines, aquí todas las casas tienen aunque sea uno pequeño. Créeme, es lo mejor que podemos hacer-, Daniel miró a Eva entre maravillado y asustado, a él jamás se le habría ocurrido aquello, mas que nada porque lo único que le importaba hasta ahora era su propia supervivencia, por ese mismo hecho se habría negado a llevar a cabo ese plan, pero ahora tenía a Susana a su cargo, y aunque no quería admitirlo eso hacía que todo cambiase.
-A las afueras de la ciudad, cerca del centro comercial, venden material de construcción, aunque deberíamos «pillar prestado» un camión, me gustaría hacer los menos viajes posibles-, Eva sonrió encantada y añadió; -De eso nos preocuparemos luego, creo que primero debemos averiguar si queda alguien vivo por aquí, ya que si no queda nadie es inútil hacer planes.
-De acuerdo, ¿como lo hacemos?.
Mientras Eva y Daniel charlaban en el salón, Susana le calentaba a Sebastian media pizza congelada que sobró de la noche anterior.
-Perdona, pero es que Daniel dice que hay que aprovecharlo todo, y unos canelones a estas horas de la mañana no creo que te vayan a sentar bien-, se excusó ella.
-No te preocupes pequeña, me da igual que me des un café sin azúcar con tal de que esté caliente-, sonrió el hombre.
-Pues tienes suerte, café hay, y recién hecho-, Sebastian se sentó frente a la mesa de la cocina con ansiedad diciendo; -Damedamedamedamedame... - Susana sonrió y le tendió una taza limpia y la cafetera llena.
-No recuerdo cuando fue la última vez que tomé un café caliente.
-Sebastian no es un nombre africano, ¿verdad?- preguntó ella con tanta ingenuidad como curiosidad.
-Que yo sepa no, pero claro, no soy africano así que puedo estar equivocado.
-Ah, yo... esto-, Susana quiso disculparse con la mirada pero Sebastian le quitó importancia al asunto con un sutil gesto de su mano.
-Tranquila, no pasa nada. Soy tan africano como Justin Bieber, por cierto ¿habrá sobrevivido?.
Cuando la pizza estuvo lista Susana la sacó del microondas y se la pasó a Sebastian sentándose a su lado.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-, Sebastian sonrió.
-¿A cambio de pizza y café calientes?, te daría hasta mi cartera... si no la hubiera perdido claro.
-¿Que hay en esas cintas?- Sebastian detuvo su mano justo antes de que la pizza tocase sus labios.
-Me parece que eres demasiado morbosa. En esas cintas no hay nada que debas ver.
-Mi madre y mi mejor amiga intentaron morderme, Daniel las mató ante mis propios ojos, vi a la madre de mi mejor amiga comiéndose a su propio hijo, y era tan solo un bebé... ¿que dices que hay en esas cintas?-, el tono de voz de la niña dejó helado a Sebastian.
-Lo... lo siento. Olvidé que esta mierda nos está pasando a todos. Pero de todas formas lo que hay en esas cintas solo debemos mostrarlas a las autoridades.
-¿Autoridades dices?-, Sebastian asintió -¿A la policía, al ejercito, al FBI a la CIA la Interpol?... ¿esa clase de autoridad?- Sebastian volvió a asentir con la cabeza -Yo tendré doce años, pero creo que en esta casa hay gente más ingenua que yo-, agarró un trozo de pizza del plato de Sebastian y le dio un mordisco. -Te dejo con tu desayuno, voy al piso de arriba.
-¿Crees que esta es la mejor manera?-, preguntó Daniel.
-No, pero supongo que es mejor que ir de casa en casa.
-Yo definitivamente voto por ir de casa en casa, me parece más seguro.
-Ni de coña.
-¡Hey, vosotros dos!, ¿estáis seguros de lo que vais a hacer?-, preguntó Sebastian desde detrás de la pareja.
-Yo no demasiado, la que manda aquí es la señorita «experta en contactar con supervivientes en un apocalipsis zombie».
-No bromees con esto-, dijo ella con seriedad.
-Repito lo que dije abajo-, exclamó Susana que los observaba divertida. -Yo solo tengo doce años...
-¿De verdad se van a poner a gritar desde la azotea?-, preguntó Sandra con aire preocupado -Eso puede atraer a los muertos.
-Si Sandra, ya hemos tenido eso en cuenta, pero bueno algo hay que hacer ¿no?.
-Yo voto No-, dijo Sandra con Sorna.
-¿Las menores podemos votar?, a mi no me parece la mejor manera de buscar supervivientes.
-Coincido con la adolescente metomentodo-, bromeó Sebastian ganándose un codazo por parte de Susana.
-Bueno, deberíamos empezar digo yo-, exclamó Daniel.
-Sí, cualquier momento es bueno para...
Todos se encontraban en la azotea, Eva y Daniel habían subido corriendo y los demás les persiguieron a toda velocidad, Susana había temido que fueran a realizar algún tipo de suicidio romántico o algo así, casi se sintió aliviada al escuchar el absurdo plan de la pareja. Estaba bien que quisieran encontrar supervivientes y todo eso, ¿pero había que hacerlo a gritos?, eso iba en contra de lo que Daniel le había estado inculcando, mantener un perfil bajo y esas cosas, pero bueno, parece ser que con la llegada de Eva las cosas iban a cambiar bastante por allí.
-Un momento-, Eva estaba examinando los alrededores con unos prismáticos, parte del material de Sebastian - Haced señales en esa dirección, puede que hayamos encontrado algo sin necesidad de gritar.
-Espero que sea verdad, repito que no me hace ninguna gracia este plan.
Sebastian y Susana comenzaron a agitar sus brazos como quien saluda a un avión que no puede verte, Sebastian incluso se arriesgó a lanzar un potente y agudo silbido que hizo girarse a la figura que Eva había visto.
-¡Bingo!-, dijo ella -Nos devuelve las señales.
-Espera, tengo que comprobarlo, desde aquí parece que tuviera un ataque de epilepsia-, exclamó Daniel arrebatándole los prismáticos a Eva.
Enseguida pudo enfocar la azotea en cuestión, debía estar a unas cuatro o cinco calles al sur. Era la figura de un hombre grueso, parecía tener barba y pelo descuidado aunque no parecía enfermo ni herido, hacía señales vigorosas en su dirección. De pronto sin razón aparente desapareció, Daniel temió que hubiera salido por si solo a su encuentro, pero a los pocos segundos regresó.
-¡Son tres, no cuatro!, ¡una puta familia entera!, no lo puedo creer.
-Es normal, si hasta tú fuiste capaz de sobrevivir. No se de qué te asombras-, exclamó Eva.
-Bueno, hemos de ir a por ellos-, dijo Daniel.
-Yo quiero ir-, dijo Susana.
-No pequeña, este es trabajo para hombres-, dijo Sebastian en tono viril, pero bajó la mirada cuando Eva y Sandra le miraron incrédulas e indignadas.
-¿Te recuerdo lo del aeropuerto?.
-No señora, no es necesario estoooo, ¿que mal se toman por aquí las bromas machistas eh?-, exclamó con fingida alegría para relajar el ambiente.
-Si he de escoger prefiero que venga conmigo Sandra, sabe pelear y utilizar armas... prefiero que Susana se quede aquí, aunque se de lo que es capaz en situaciones desesperadas, prefiero tenerla «asegurando el fuerte», y de vosotros dos... - Miró a Sebastian y a Eva sin saber que decir, del chico negro no sabía nada y de Eva... en realidad era bastante posible que el mejor equipo posible en aquel momento era el formado por las dos mujeres adultas, pero precisamente por eso prefería que Eva se quedase en la casa, quería que se quedase alguien competente por si surgía alguna emergencia.
-Bueno, regresamos en breves minutos-, todos bajaron al piso inferior discutiendo las razone y motivos por los cuales cada uno de ellos debería ir a rescatar a aquella familia, excepto Sandra que permanecía callada, pero solo hasta que estuvieron ante la puerta discutiendo casi a voces.
-Yo me quedo-, todos la miraron incrédula.
-¿Qué?- preguntó Daniel.
-Que me quedo, que te acompañe tu novia si quiere- dijo con seriedad.
-¿A que viene esto ahora?-, eres la mejor tiradora y una luchadora excelente.
-No tenemos más balas, tuve que gastar las pocas que teníamos cuando ellos llegaron, lo siento era eso o morir-, Daniel asintió.
-De acuerdo te entiendo, pero aún sigues siendo la que mejor lucha y...
-Déjalo Daniel, no iré, he decidido no ir a rescatar a nadie hasta que tenga aquí a mi hermano, eso es lo que hay. Me hiciste esperar cinco días para ir a por mi hermano y ahora pretendes que salga corriendo por una familia a la que ni conozco, creo que algo no funciona en esta ecuación.
-En eso Sandra tiene razón-, dijo Susana -pero también es verdad que en esos cinco días no has podido contactar con tu hermano, ¿o sí?-, terminó añadiendo la niña.
-Está bien, yo iré contigo, sabes que soy capaz de pelear así que dame un arma y listo-, exclamó Eva con seguridad.
-De acuerdo, no discutiremos esto ahora, hay vidas en juego, luego decidiremos qué hacer con lo de tu hermano-, dijo en voz baja Daniel que no tenía ganas de discutir.
A pesar de que el cielo lucía azul y sin ninguna nube en toda su inmensa extensión, en la calle hacía un frío horrible, a pesar de ello ninguno de los dos se abrigó demasiado, tenían planeado que fuera un viaje corto y rápido y solo habían considerado imprescindibles las armas de mano, Eva tenía a un lado el famoso «bate de la suerte» y Daniel había soltado en la parte trasera a su recién bautizado «Tridente Antizombies», no es que fuera un nombre especialmente original pero es que aquel día no tenía muchas ganas de pensar, las cosas se estaban complicando, y bastante.
-Nunca pensé que tendrías a una cría en tu casa-, dijo ella en tono divertido una vez solos dentro del Audi. -Siempre decías que odiabas a los niños.
-Primero que nada, «nuestra» casa, puedes decirlo sin miedo. Yo no recuerdo que nos peleáramos, o al menos nunca fue mi intención. Y segundo... bueno, es cierto que no soporto a los críos pero no podía dejarla sola en esa casa, con cuatro zombies detrás de ella, incluso Elena que era su mejor amiga intentó comérsela...
-Ya bueno, tampoco me interesan demasiado las vidas de tus dos acompañantes, hay algo que me interesa más- dijo ella interrumpiéndole.
-¿El qué?-, preguntó Daniel poniendo en marcha el coche.
-¿Intentaste buscarme?, ¿ponerte en contacto conmigo? ¿algo?-, Daniel suspiró hastiado, necesitaba estar concentrado por si se cruzaban con alguna avalancha de zombies y pensar en su relación con Eva no era lo mejor para él en aquellos momentos.
-No demasiado, ¡¿que quieres que te diga?!. Te habías ido a África, Sudán por Dios que está en el quinto pepino. No sabía si estabas en medio del Sahara o en una revuelta o vete tú a saber que lío, y encima va y nos cae encima esta pedazo de mierda, zombies, zombies everywhere. ¿Acaso piensas que no quise coger un avión e ir a buscarte?, o incluso...
-Bastaba con que me llamases, un simple mensaje habría bastado-, Daniel la miró incrédulo y casi estuvo a punto de chocar con un coche mal aparcado.
-¿Y tú no podías llamar?, ¿porque se supone que siempre he de ser yo el que de su brazo a torcer?.
-Tú nunca has dado tu brazo a torcer- Hicieron el resto del viaje en silencio y la verdad era que aquella discusión les había quitado el entusiasmo de haber encontrado más supervivientes, Daniel ni siquiera se sentía con ánimos para luchar.
-Mira por la ventana, debemos estar cerca-, dijo Daniel al cruzar una calle llena de cadáveres. Los dos dieron pequeños botes dentro del coche al atropellarlos.
-¿De verdad tenías que pasar por encima de ellos?.
-Tranquila... los amortiguadores aguantarán-, y entonces Eva los vio, sonrió durante unos segundos al ver que toda la familia agitaba los brazos llamando su atención, pero la sonrisa se le borró de la cara al ver que tras la esquina la calle estaba atestada de comedores de carne humana.
Daniel detuvo el coche para meditar lo que iban a hacer. -¿De verdad puedes quedarte aquí parado sabiendo que nos pueden ver en cualquier momento?-, preguntó ella aterrorizada, y eso fue suficiente para encender la bombilla de Daniel.
-De hecho es lo que quiero-, dijo abriendo la puerta del conductor -Haz que te sigan, no vayas demasiado rápido o dejarán de hacerlo, da la vuelta a la manzana, te estaremos esperando- se inclinó tanto sobre Eva que ella pensó que la iba a besar, se sonrojó como una colegiala cuando vio que lo que él quería era coger su «Bate de la Suerte».
-Pero... pero... ¿por qué tienes que bajar?.
-No seas tonta, ellos no conocen nuestro plan- bajó del coche y corrió agachado hasta detrás de una esquina, miró bajo un coche y al verlo libre se escondió debajo.
-No me refería a eso idiota-, contestó Eva cuando él ya se había bajado del coche. Sin saber realmente que hacer tocó el claxon para llamar la atención de los zombies que la escucharon enseguida.
-Muy bien, ahora tranquilidad-, se dijo al ver como aquella masa de cadáveres vivientes caminaba hacia ella. Le desconcertó el hecho de que algunos casi parecían poder correr, se movían con cierta agilidad que casi les hacía parecer vivos y eso hizo que un angustioso nudo surgiera en el fondo de su garganta.
La diferencia de velocidad entre unos zombies y otros era tanta, que Eva no sabía que hacer, los veloces no ganarían ninguna olimpiada, pero los lentos necesitarían casi el doble de tiempo para alcanzarla que los rápidos, y aunque el Audi era un coche recio no quería verse rodeada de aquellos apestosos, así que hizo lo único que podía hacer... atravesar la calle.
En lugar de hacer que los zombies la siguieran hacia el sur doblando la esquina, ella doblaría la esquina conduciendo hacia el oeste, de paso podía atropellar a algún que otro muerto y dejar así mejor camino para Daniel.
-Maldito tú y tus planes de niño de ocho años-, exclamó enfilando el coche. -Bueno nenes, no digo que la carretera sea mía, pero si no camináis por la acera no es culpa mía si os atropello.
Ante la asombrada mirada de Daniel, Eva arrolló la multitud de jadeantes muertos haciendo que saltaran por los aires lo mismo precisamente que él había hecho aquella misma mañana.
-Mierda, así nos quedaremos muy pronto sin coche-, susurró, aunque tuvo que reconocer que no era del todo un mal plan, se habían roto bastantes brazos y piernas como para que la mayoría de zombies no pudieran casi ni caminar, y los que habían quedado ilesos la persiguieron con rostro fiero.
-Bien por ti nena-, exclamó Daniel satisfecho aunque algo preocupado.
Lenta pero segura, Eva fue alejándose calle abajo y cuando el último zombis que la perseguía desapareció tras las esquina Daniel salió a rastras de su escondite sonriendo casi con alegría, al sacar las piernas de debajo del coche sintió que se engancharon con algo miró hacia atrás y ahogó como pudo un grito de horror. Mientras él había permanecido oculto debajo del coche y sin que se diera cuenta, dos zombies habían salido de a saber tú donde y caminaban en dirección al Audi, al menos hasta que lo vieron a él.
El primer zombie se arrojó sobre Daniel sin darle tiempo a reaccionar, solo fue capaz de utilizar su arma como barrera entre él y los dientes de su enemigo, sintió nauseas al ver esa boca oscura y deforme ser destrozada por los largos clavos de su bate, los dientes amarillos cayeron sobre su pecho manchándole la ropa de un líquido rojizo y viscoso que un día fue sangre.
El segundo zombie se acercaba gimiendo con desesperación aunque no con suficiente fuerza como para atraer la atención de otros zombies aunque ya era suficientemente preocupante estar tirado en el suelo con un muerto viviente a punto de morderle el cuello mientras otro se le acerca a menos de dos metros.
-Esto... no... está... bien-, exclamó sin saber si iba a ser capaz de salir de aquello.
Eva seguía su lento avance casi con desesperación, a medida que iba conduciendo por aquellas calles, más y más muertos vivientes se iban sumando a su cabalgata, algunos surgían y se acercaban repentinamente para golpear el coche con palos y piedras sin que ella fuese capaz de esquivar el ataque, para compensar esos sustos atropellaba a todo aquel que se pusiera en su camino, no ganaba nada especial con eso, pero le hacía sentirse algo más tranquila.
Ya llegaba a la primera esquina, giró con lentitud y quiso morirse al ver que la calle estaba totalmente tomada por los muertos vivientes.
-¡Pero esto no puede ser!- gritó -¿De donde vienen?-, esta vez no podía arriesgarse embistiendo contra ellos, eran demasiados y podría perder el control del coche. Casi deseó haberlo hecho cuando por un segundo los gemidos cesaron, todos giraron la cabeza hacia ella casi al unísono ¡y se lanzaron contra el coche a toda velocidad!.
Daniel se las ingenió para agarrar del cuello a su atacante evitando sus dientes gracias al bate, y sabiendo que eso podía costarle la vida arrancó su arma del rostro del muerto para seguidamente sin darle tiempo a contraatacar golpearlo con las pocas fuerzas de las que era capaz en aquella incómoda posición.
-¡Muere hijo de puta!-, para su fortuna, en el tercer o cuarto golpe, los clavos de su bate pudieron atravesar el ablandado cráneo del muerto dañando su cerebro lo suficiente para hacer que dejara de moverse, no así su compañero que se acercaba a Daniel con ansia.
-¡Sí venga!, inténtalo tú también!-, Daniel se arrastró de espaldas hasta llegar a una distancia prudente y así poder levantarse.
Se giró por un segundo, miró hacia la azotea donde estaba la familia a la que habían ido a recoger.
-¡Bajen por Dios!, ¡bajen de una vez!-, todos desaparecieron de la azotea ante sus gritos, esperó que le hicieran caso ya que no pensaba esperarlos mucho.
Durante esa breve distracción el segundo zombie se abalanzó contra él, pero por fortuna para Daniel la agilidad de un muerto viviente es bastante deplorable, el muy apestoso tropezó con el cadáver de su compañero ofreciendo un blanco perfecto para Daniel.
-¿Serás idiota?-, le hundió el «Bate de la Suerte» hasta el cerebelo.
Y entonces todo sucedió con mucha rapidez. Se escuchó un frenazo y un derrape, el ruido de un motor acelerando y el de una puerta abriéndose. Eva regresaba por el mismo camino que había venido, pero esta vez perseguida por una horda de cadáveres andantes que podían correr a una velocidad no muy alta pero suficiente para alcanzar a un humano que no tuviera mucha resistencia.
-Oh, oh-, exclamó, Eva iba demasiado deprisa.
El ruido de la puerta abriéndose provenía de la casa del hombre gordo, de ella salieron dos personas adultas, bastante gruesas los dos, la mujer llevaba en brazos a un crío también rechoncho, por último salió una niña de no más de once años y sorprendentemente esbelta.
Todos corrieron en dirección hacia Daniel, justo en la trayectoria que llevaba Eva.
-¿Crees que tardarán mucho?-, preguntó Susana. Estaba jugando con Sebastian a las damas mientras este miraba nervioso su reloj cada pocos segundos.
-Ya deben estar de vuelta nena, no te preocupes.
La mujer gorda vio como el Audi se abalanzaba sobre ella a toda velocidad, pero el horror de su mirada iba más allá, iba hacia lo que venía tras el coche, toda esa horda de seres repugnantes y hambrientos que la devorarían en escasos segundos si tenía la mala suerte de tropezar y caer...
¡zas!, dicho y hecho. Su tobillo izquierdo no fue capaz de soportar el peso de su enorme cuerpo y se dobló con un chasquido haciéndola caer de bruces sobre el asfalto donde su rechoncho cuerpo pareció rebotar, hizo un intento de proteger a su hijo, pero la gordura y la agilidad casi nunca han ido juntas, así que lo único que logró fue que el cuerpo de su hijo se le resbalase de entre sus gruesos dedos y golpeara dúramente contra el suelo.
Eva vio derrumbarse a la mujer casi a cámara lenta, quizá fue por la adrenalina o porque una mujer de aquella talla no podía caer a velocidad normal. La cuestión es que también fue capaz de ver el bulto que resbaló de las manos de dicha mujer, «¡Dios!», pensó «espero que no sea su hijo».
La mujer gorda había resbalado hasta casi el centro de la calle Eva no tenía espacio para frenar a aquella velocidad, así que no le quedó otra que esquivarla derrapando para no chocar contra la esquina.
-¡Cuidado!-, justo en el momento menos oportuno apareció Daniel, cuando el Audi ya había empezado a derrapar y Eva no podía controlarlo.
-¡Mierda, quita de ahí!-, le gritó ella desde el interior del coche.
La parte trasera del Audi chocó con la delantera del coche en el que Daniel había estado escondido, trozos de cristal, plástico y metal saltaron por los aires, luego el Audi dio un giro extraño y chocó de lado con un coche aparcado en la otra acera.
Daniel estaba tirado en el asfalto, le sangraba la frente pero vivía, era consciente de todo. Pudo ver a la mujer gorda intentando levantarse, llamando a su marido, que tras un par de inútiles esfuerzos dio a su mujer por perdida y corrió hacia donde estaba Eva. ¡Dios cuanto le dolía la cabeza!. Aún estando en un estado de casi inconsciencia fue capaz de escuchar los crujidos de huesos y el sonido le la carne al ser arrancada de los huesos, oía perfectamente los gritos de la mujer gorda que pedía ayuda mientras era devorada viva mientras, a pocos metros alguien le abría el esternón a su hijo.
-Nooo-, gimió al ver que algunos de aquellos miserables sucios y andrajosos caminaban hacia él. -Nooo-, se dijo a si mismo mientras se ponía en pie a duras penas y se tambaleaba.
Intentó correr pero solo consiguió tropezar y caer otra vez.
-Mal.. .maldita sea, si parece que estoy borracho-, exclamó sin fuerzas para levantarse, y entonces una mano fría y huesuda le agarró del tobillo izquierdo.
«Se acabó», pensó. Escuchó un extraño sonido, algo así como un crujido y luego alguien le cogió de la mano.
-¡Vamos levanta!-, le gritaba, pero él estaba tan confundido que ni siquiera reconocía el rostro de aquella mujer, no al menos hasta que clavó su mirada en los ojos de ella.
-Eva... - balbuceó alzando sus manos para acariciarle el rostro.
-No tenemos tiempo para esto-, dijo ella ayudándole a levantarse.
-Yo... esto... ¿donde...?.
-Calla y corre-, le dijo ella tirando de él mientras les perseguía la marabunta zombie.
Daniel se sentía algo mareado y confundido, recordaba que la humanidad se había ido a la mierda, que los muertos se habían levantado y todo eso, recordaba a Susana y a Sandra, así como el breve recuerdo de que Eva había llegado a su casa, pero no tenía la más mínima idea de qué hacían en aquella calle ni por qué ahora habían un gordo y una niña sentados en la parte trasera del Audi.
-Yo conduzco-, dijo ella con calma.
Como no tenía intención de que los zombies acabaran encontrando la casa de Daniel, Eva dio un pequeño rodeo para confundir a los muertos, una vez satisfecha puso rumbo a la casa.
Dejó el maltrecho Audi en medio de la calle y todos salieron corriendo, Eva acompañó a Daniel ya que parecía confundido.
Susana les abrió la puerta nada mas escuchar el ruido del motor, detrás de ella estaba Sebastian con cara de pocos amigos.
Sandra estaba sentada en el salón, con el botiquín preparado, por si acaso.
-¡No!, Daniel está herido-, exclamó Susana, a la que enseguida se le inundaron los ojos de lágrimas. -¡Dios que no le hayan mordido!-, rezó.
-Tranquila, parece que es solo un golpe.
-¡Paso, paso!-, exclamaba Eva para abrirse paso y tanto Susana como Sebastian les dejaron pasar. Tras ellos entraron el hombre gordo y la niña, que lloraba sin parar.
Sentaron a Daniel en el sofá y Eva se ocupó de sus herida que afortunadamente no parecían ser graves.
-Está siendo una semana interesante-, dijo Daniel.
-¿Estas bien?-, preguntó Susana en tono muy preocupado.
-Sí tranquila, solo ha sido un porrazo de los tontos.
-Bueno no tan tonto, casi lo atropello con el coche-, dijo Eva mojando una gasa con agua limpia -si no llega a saltar le habría dado de lleno-, aunque lo decía con tono de reproche las lágrimas en los ojos de Eva denotaban lo preocupada que había estado.
Mientras el hombre gordo y la niña se presentaban al resto del grupo, Eva no pudo evitar recordar el momento justo en que casi atropella a Daniel. Lo habría aplastado contra el otro coche, ese en el que se había escondido, y todo por querer derrapar. Por fortuna Daniel fue capaz de saltar y evitar el atropello aunque fue empujado mientras aún estaba en el aire cando el Audi rebotó. Eva fue vagamente consciente de que algo había chocado con la parte derecha trasera del Audi, se le heló la sangre cuando vio a Daniel tirado en el suelo en el centro de la calle, al alcance de aquellos asquerosos malditos come carne.
No pudo evitar salir del coche a por él en cuanto este se detuvo.
Cayó la noche, a Daniel le dolía horrores la cabeza y el hombre gordo no paraba de hablar, no paraba de darles las gracias por recogerles porque hacía días que no tenían comida... eso cuando no se estaba lamentando de la perdida de sus esposa e hijo, lo cual curiosamente no le impedía seguir comiendo. Se llamaba Rafael y tenía unos ojos pequeños e inexpresivos, nadie diría que llevaba varios días sin comer.
La pequeña tenía por nombre Beatriz, era de aspecto pequeño y frágil y aunque resultaba que tenía la misma edad que Susana aparentaba ser más pequeña, tenía el pelo rubio a la altura de los hombros y voz aguda y pajaril, a nadie le sorprendió descubrir que en realidad no era hija del matrimonio obeso, sino su sobrina.
Mientras los demás cenaban, Daniel subió a tomarse un baño tranquilo y relajante, pensando que quizá sería uno de sus últimos baños «tranquilos y relajantes», cuando iba a echar el pestillo de la puerta Eva se lo impidió.
-Voy a darme un baño.
-¿Y desde cuando ha sido eso un problema?-, Daniel la dejó entrar sin ofrecer resistencia y se desnudó en cuanto la puerta estuvo cerrada.
-¿Siempre te desnudas antes de llenar el baño?.
-Si vas a empezar con tus preguntas capciosas puedes marcharte cuando quieras-, Eva realizó un gesto sobre sus labios cerrando una simbólica cremallera.
Mientras esperaba que el baño se llenase Daniel se puso su albornoz, no por vergüenza, hacía un frío que pelaba.
-¿Que tal estás?-, preguntó ella finalmente.
-Pues bueno, todo lo bien que se puede estar en esta situación ¿y tú?.
-Mal, como todo el mundo. No te puedes imaginar lo mal que lo hemos pasado para llegar hasta aquí, en... en el aeropuerto...
-Lo siento, de verdad que lo siento Eva, pero me duele demasiado la cabeza como para hablar de eso ahora. Deja al menos que me regodee esta noche de haber rescatado con vida a dos personas.
-Bueno... yo diría que en realidad os rescaté yo a los tres pero bueno.
-Es posible-, dijo él -pero la realidad está creada por nuestra percepción así que lo que yo perciba va a misa-, exclamó en broma y ella que lo conocía supo que era su manera de decirle que no quería discutir, era su manera de agitar la bandera blanca, por así decir.
Daniel se sentó en el borde de la bañera y la miró embobado, estaba sucia y despeinada, con arañazos por todo el cuerpo y ojeras en la cara, pero aún así le siguió pareciendo la mujer más deseable de la Tierra.
-Dios no sabes lo que te he echado de menos-, exclamó -todos los días rezaba para que cruzases mi puerta, para tener una llamada... algo. Debes comprenderme, me conoces y sabes que si me hubieras llamado desde Sudán, Libia o cualquier otro lugar habría ido a buscarte fuese como fuese-, ella sonrió irónica. -Por eso no entiendo que no seas capaz de hacer una llamada-, le dijo en tono conciliador.
-Ya sabes que nunca se me dio bien hablar, prefiero actuar.
-Bueno, tú sabes... -, ella agachó el rostro sin saber qué más decir.
-¿Estás bien?-, le preguntó Daniel.
-Sí, es solo que... cuando te vi ahí tirado yo...
-¿Quisiste huir?-, ella le miró indignada.
-¡Claro que no!, ¿por quién me tomas?.
-Bueno no se, cada cual hace lo que cree conveniente en cada ocasión- dijo él girándose para ver cuanta agua había ya en el baño.
-No me hagas esto, cada vez que intento abrirte mi corazón te pones borde y cínico.
-Lo siento-, se excusó él -debe ser algún tipo de barrera psicológica o vete tú a saber qué.
Tras unos minutos de silencio roto únicamente por el baño que se iba llenando poco a poco Eva dejó escapar un sonoro suspiro que sobresaltó a Daniel.
-Yo también te eché de menos, si no intenté contactar contigo fue porque me resultó materialmente imposible, o estaba en el desierto como tu mismo dijiste, o estaba metida en un refugio subterráneo, eso cuando no estábamos rodeados de muertos vivientes o no tenía batería en el móvil... lo siento-, Eva terminó su disculpa con una risita infantil, una risita que siempre derretía a Daniel y que ella nunca era capaz de fingir.
-Estuve cerca de la muerte tantas veces que perdí la cuenta y en cada ocasión tu rostro aparecía en mi mente, tu nombre era lo único en lo que podía pensar-, las lágrimas comenzaron a brotar abundantemente de los ojos de Eva, Daniel se levantó e intentó abrazarla pero ella se libró de él, aún tenía cosas que contar.
-Yo... yo pensaba que esos pensamientos eran una traición, una... una traición hacia mi misma ya que se suponía que yo era la que tenía la razón y tú eras el que estaba equivo... equivocado y que aunque yo te seguía queriendo en realidad debía odiarte por no ser capaz de darte cuenta de que si me había ido fue... fue... - las lágrimas no le dejaron terminar la frase, o quizá fue su propio orgullo ese que le decía que ella era quién tenía la razón en todo y que Daniel estaba equivocado no se sabe, ella se quedó llorando en silencio en el hombro de Daniel hasta que los dos se metieron en el baño donde poco a poco y con dulzura acabaron haciendo el amor.
Habían ido coger un par de colchones, sus vecinos ya no los iban a necesitar. Aprovecharon la hora de más calor, el Sol había salido por primera vez en varios días y picaba un poco, y por alguna razón que no entendían el sol volvía más gilipollas de lo habitual a los muertos vivientes. Aseguraron la casa lo mínimo para poder moverse con cierta tranquilidad y bajaron dos colchones hasta el jardín, lanzándolos por encima del muro hasta el jardín de Daniel utilizando unas escaleras plegables.
También aprovecharon para coger ropas de cama, y algún que otro vestido de la señora Romero, al parecer Sandra no se sentía demasiado afectada saqueando una casa ajena, se pasó casi una hora mirando la ropa de le mujer muerta, también se llevó algunos sujetadores, por lo visto tenía un par de tallas más que Eva y sus sujetadores le resultaban muy incómodos.
Todo fue lanzado por encima del muro, incluidos botes de champú que le cayeron a Susana en la cabeza provocando las risas de Sandra y Daniel, y gruñidos histéricos por parte de la niña.
Ya habían pasado cuatro días desde la proposición de Daniel a Sandra y aún no había habido ningún tipo de contacto que certificara cien por cien que el joven estuviera vivo. Ella le había estado llamando todos los días, a diferentes horas, pero el teléfono siempre comunicaba, incluso ella empezaba a tener dudas, no así Susana que habiendo recibido un par de emails días atrás se encontraba convencida de que su novio estaba vivo.
En dichos e-mails, Marcos le contaba que estaba bien, que sus padres habían sabido lo que estaba sucediendo bastante pronto así que se parapetaron en su casa esperando ayuda. Le explicaba también que la había llamado muchas veces al teléfono pero que ella no contestaba aunque en su segundo e-mail le contó que utilizara el correo electrónico para comunicarse con él, ya que había perdido el móvil durante la última «salida», Susana en un interminable
e-mail le preguntó sobre esas «salidas».
Desde que leyera los mensajes de Marcos, Susana se pasaba largas hora esperando frente al ordenador, con el «messenger» abierto por si él, o alguna de sus amigas estaba viva y conectada... pero cada vez que cansada de esperar apagaba el ordenador pensaba que un apocalipsis zombie no era el mejor momento para «chatear».
Los días de espera estaban sentando bastante bien a Sandra, cuyas heridas empezaban a curarse ahora que tenía quien las cuidase y limpiase, los moratones empezaban a amarillear, síntoma de que estaban a punto de desaparecer.
Pasaban las tardes y las noches jugando a «Trivial Pursuit», pero como casi siempre ganaba Sandra pronto se hizo aburrido, si jugaban a «Monopoly» Susana siempre terminaba enfadada por su escasa mano para las finanzas, y Daniel odiaba el parchís, así que más de una noche la pasaron «jugando» a «preguntas y respuestas», aunque casi siempre había alguna excusa para no contestar las preguntas más personales.
Daniel se vio gratamente sorprendido por la fuerza de Sandra, había vivido una experiencia horrible en la que los zombies no habían sido sino unos inesperados invitados, se podría decir que incluso bienvenidos ya que gracias a ellos, en parte, era de nuevo una mujer libre. Sandra había omitido los detalles más escabrosos de su aventura para no asustar a la niña, pero en cuanto estuvo a solas con Daniel no dudó en confesarlo todo. Aquellos desgraciados la habían mantenido atada y sin comer para que se debilitara y así poder hacer con ella lo que se les antojase. Desde el momento en que la introdujeron en la furgoneta solo salió una vez, que aprovechó para escapar y lo cual le costó una buena paliza. Eran unos degenerados a los que el apocalipsis no les había hecho sino un gran favor, podían liberar todos sus vicios y degeneradas perversiones sin temer ninguna represalia, no tenían conciencia ni respeto por la vida o dignidad humanas... le obligaron a hacer cosas por las que se tendría asco el resto de su vida, pero todo aquello, en lugar de destrozarla y debilitarla hicieron que su determinación y deseo de venganza aumentaran, por eso el día que consiguió escapar fue capaz de tenderles una emboscada. Gracias a su conocimiento de las artes marciales fue capaz de retener a un muerto viviente con ciertas garantías, se escondió en el único lugar donde podían encontrarla... y a la mínima oportunidad liberó al muerto lanzándolo contra ellos de un empujón. Lamentablemente solo mordió a uno, aunque al final su plan acabó funcionando aunque no en la manera que ella esperaba.
Aunque a Daniel le gustó el detalle de que Sandra quisiera proteger a Susana de «los males del mundo», Daniel le dijo que no volviera a ocultarle nada a la niña ya que la mejor manera de protegerla de esos males era que los conociera.
Y entonces, en la mañana del quinto día de la llegada de Sandra sucedió lo inesperado.
Aquella mañana Daniel estaba haciendo una lista de las cosas que necesitaban, y que iban a saquear, para cuando fueran al centro comercial, cosa que habían decidido hacer aquella misma tarde, aprovechando la tregua que el invierno parecía concederles.
Susana se encontraba en el jardín trasero con el «Bate de la Suerte» de Daniel y que habían recuperado aprovechando la última incursión a la casa de al lado. Lo balanceaba de un lado a otro, simulando golpear en la cabeza a un zombie imaginario. Aunque no le agradaba luchar estaba empezando a pensar que en algún momento debería hacerlo, más aún, sabía que llegaría la hora en que tuviese que luchar por su vida sin la ayuda de Daniel, así que jugar con el bate era más una especie de entrenamiento que un simple juego infantil.
Sandra por su parte, estaba frente al ordenador intentando en vano ponerse en contacto con su hermano, pero no había ninguna señal de él, también le había llamado al teléfono de su amigo, pero este seguía comunicando lo que le hizo pensar que en realidad el teléfono estaba descolgado.
Cada uno de ellos se encontraba sumido en sus pensamientos, unos más optimistas que otros pero todos con la sombra de una posible muerte temprana, todos saltaron cuando escucharon el motor de lo que parecía un furgón atravesando la calle a toda leche, luego un largo frenazo y un choque no demasiado fuerte.
Los tres corrieron hacia las ventanas para ver que había pasado pero intentando no ser vistos, sobretodo al escuchar un par de disparos de escopeta.
-¿Qué está pasando?-, preguntó Susana que no se atrevía a asomar la cabeza.
-Yo diría que son supervivientes... acaban de destrozar su vehículo-, dijo Sandra.
-Desde arriba se tiene que ver todo mejor, no nos molestará la valla...
-¡Vienen hacia aquí!-, exclamó Sandra lo que provocó un grito ahogado por parte de Susana.
-¿Como que vienen para acá?, ¿no serán saqueadores?... - Y entonces la escuchó.
-¡¡Si estás ahí abre la puerta maldito hijo de puta!!.
-¡Pum!-, exclamó Daniel, sus dos acompañantes le miraron sin comprender.
-¡Es Eva!, ¡la pedazo de puta está viva!.
Se escucharon más disparos de escopeta mezclados con gritos ahogados.
-¡Debemos dejarles entrar!-, exclamó Susana.
-No sé que decirte... están atrayendo demasiada atención, si les dejamos entrar podemos comprometer nuestra seguridad-, dijo Sandra en tono frío.
-Pero Dani, es tu novia, no puedes dejarla ahí fuera para que se la coman-, Daniel se giró hacia la niña y la miró a los ojos.
-¿De verdad arriesgarías tu vida por alguien a quien no conoces?-, Susana asintió.
-Ya le hemos hecho antes... TÚ te arriesgaste por mi sin conocerme, y si esa chica de afuera es tu novia, razón de más para salir a ayudarla-, Daniel asintió lentamente.
-Es posible que se nos cuele alguno, vete arriba y cierra todas las puertas, que no te vea nadie, sal solo cuando alguno de nosotros dos te avise-, aunque no estaba de acuerdo en quedarse sin hacer nada, Susana obedeció a Daniel, pero antes de subir le cedió el «Bate de la Suerte» a Sandra, luego Daniel recogió su «tridente» que estaba en la cocina y corrió hacia la puerta de la calle, abrió la puerta y dijo;
-Bueno... a «liarla parda».
Antes que nada cerraron la puerta de la casa, Daniel prefería perder unos segundos teniendo que volverla a abrir a que se les colase algún bicho indeseado en su ausencia.
Tras pasar la puerta metálica de la verja de entrada pudieron ver el espectáculo, una cantidad indefinida de zombies caminaban calle abajo, hacia los gritos y los disparos, uno de ellos a apenas un par de metros se abalanzó a toda velocidad hacia Sandra pero ella reaccionó a una velocidad inesperada, apartándose de él pero dejando una pierna para hacerle tropezar, luego inmovilizó la cabeza del ser pisándole el cuello y lo remató con el bate.
-Tienes estilo-, le dijo Daniel -pero necesitaremos algo más que eso-, exclamó señalando a la lenta comitiva.
Caminaron con decisión, sin pausa pero sin prisa, Daniel derribaba a los que estaban más aislados para rematarlos en el suelo con su martillo, Sandra por su parte parecía haber nacido para esto, la lentitud de esos malditos no tenía nada que hacer con su rapidez y sus reflejos lo que la hacía capaz de despacharlos de tres en tres sin demasiada dificultad. Estaban a medio camino cuando escucharon un par de rápidos disparos y un horrible grito de terror femenino, eso hizo que algo se despertara en el interior de Daniel que hizo amago de salir corriendo, Sandra se lo impidió señalando hacia detrás de la multitud, hacia el furgón. Alguien había subido al techo, al parecer le habían ayudado a subir y ahora estaba tirando de otra persona, la cual estaba ya atrapada sin remedio por la multitud de muertos y gritaba de terror y de dolor.
-¡Es ella!-, gritó.
-Bueno, si ella está ahí arriba está a salvo... despejemos esto con calma.
-Creo que eres una persona más fría de lo que me esperaba-, dijo Daniel.
-No es frialdad, hay que saber mantener la cabeza tranquila en momentos de crisis, si hubieras corrido hasta el furgón, ¿crees que habrías podido con todos ellos?.
Sandra tenía razón, alrededor del furgón habían al menos unos veinte muertos vivientes sin contar los que yacían en el suelo derribados por el grupo de su novia, la desesperación no debía de ser una opción, él lo sabía. Su regla número uno era la de no arriesgarse por los demás, no ahora, en esta época que un simple mordisco te condenaría. Recordó sus dudas a la hora de rescatar a Susana la primera vez, o su comportamiento cuando vieron el accidente de Sandra. Pero ahora todo era distinto, se trataba de Eva.
-¿Tu pistola tiene balas?-, preguntó Sandra.
-Un cargador, ¿la quieres?.
-Supongo que soy mejor tiradora, son demasiados para cargar contra ellos, hagamos que vengan por nosotros, así podré acabar con unos cuantos.
-De acuerdo- Daniel le cedió la pistola a Sandra que la examinó durante un segundo.
-¡¿Eh?!, ¡has ido todo este tiempo con un arma sin el seguro puesto!.
-¡Perdona!, ¡no todos hemos hecho cinco años de academia en la escuela de oficiales!... ¡ni siquiera tú!-, exclamó fingiendo indignación para ocultar su vergüenza.
-Bueno, ¿y ahora como los atraemos?-, preguntó.
-Tus gritos son suficientes.
-Jo.
No solo fueron sus gritos, la comida fácil parecía haberse complicado, ya que ahora eran dos las personas en el techo de la furgoneta, las dos estaban en cuclillas, ya que los continuos golpes y empujones hacían peligrar su equilibrio. Alguien debía haber caído en el combate ya que no todos los muertos se giraron a por Daniel y Sandra, tres o cuatro de ellos estaban sentados en el suelo peleando por los trozos de alguien, el resto se giró al escuchar los gritos de Sandra y sobretodo los de Daniel, que empuñó su tridente esperando no tener que utilizarlo más por hoy.
-¿Eres buena tiradora?-, el zombie más cercano debía estar a más de veinte metros, Daniel la reconoció.
-Es Marta, la dueña de la tienda en la que compraba todas las mañanas.
-¿Te fiaba?.
-No.
Un disparo a la cabeza y el cadáver de la tendera cayó derribado al suelo, Daniel miró con respeto a Sandra para luego exclamar; -a partir de ahora tú llevarás la pistola... yo tuve que disparar tres veces a uno que estaba a tres metros.
-Lo sé-, dijo ella luego hizo tres disparos más derribando a otros tantos zombies.
-Deberíamos ahorrar munición- dijo la mujer.
-¿Tú te ves capaz de sobrevivir al ataque de unos... pffff ¿catorce zombies?.
-No seas tonto, son lentos, piensa. Podemos separarlos hasta poder acaba con ellos con mayor tranquilidad.
-Eres de lo que no hay, ¿nunca pensaste entrar en las fuerzas especiales?-, Sandra bufó.
-Pensaba ingresar el año que viene, es broma... el siguiente.
Sin saber muy bien que hacer Daniel decidió hacer caso a Sandra, se separaron, «atacando» al grupo por dos flancos diferentes, gritando y llamando su atención y tal como esperaban el grupo, no muy cohesionado ni inteligente se separó en dos grupos más o menos iguales.
Sandra caminaba de espaldas sin dejar de mirar atrás cada pocos segundos y haciendo aspavientos para que no dejaran de mirarla y perseguirla.
-Eso no es necesario-, susurró él, -cuando saben que estás vivo no dejan de perseguirte hasta que acaban contigo.
A pesar de lo que le había dicho de ahorrar balas, Sandra hizo un par de disparos más, haciendo disminuir su grupo, Daniel por su parte no tenía ni idea de como despachar a los suyos, eran demasiados y estaban demasiado cerca unos de otros para atacarles sin peligro.
Retrocedió protegiéndose con su arma al frente, si alguno de ellos intentaba embestir contra él acabaría empalado.
-¡claro!, que estúpido... - Daniel se detuvo, se afirmó en el suelo y esperó la llegada del primer zombie.
-¡Vamos idiota ven a por mi, seguro que hace siglos que no devoras a un tío macizo como yo!-, el zombie al ver su presa tan cerca se abalanzó contra él con la misma rapidez que suelen mostrar las serpientes en las distancia cortas, pero lamentablemente para el pobre desgraciado, Daniel tenía preparada su arma a la altura justa.
El «tridente» de Daniel hundió sus picos en la cara del zombie, uno de ellos se hundió en su putrefacto ojo izquierdo cuyos repugnantes restos cayeron al suelo. El zombie seguía manoteando, el golpe no había sido suficiente para matarlo, era de esperar, formaba parte del plan de Daniel que retrocedió un par de pasos arrancando de cuajo el arma de la cara del zombie que cayó hacia adelante por la fuerza de su propio impulso, haciendo que Daniel ganara unos valiosos centímetros.
-Lo siento tío, pero es mi vida o la tuya... bueno olvídalo, tú ya estas muerto-, Daniel hundió su arma en la parte trasera del cráneo de su presa dejándolo inmóvil.
Daniel siguió retrocediendo, no podía ver que estaba haciendo Sandra, pero otro disparo más le hizo pensar en que para que coño se habían separado si ella iba a gastar todas las balas...
-¡Hija de puta!, me va a dejar tirado- exclamó para si y pensar en ello le hizo enfurecerse, volviéndolo más agresivo, lanzando estocadas a sus enemigos empujándolos hacia atrás unos contra otros.
-Mierda, estoy jodido-, se dijo.
Al caminar de espaldas chocó contra un coche, el Audi de sus vecinos, el que habían cogido prestado. Daniel hizo una mueca de rabia y entró en él.
-¿Para que mierda uso un palo con tres picos si los puedo atropellar?-, la rabia hizo que el miedo que sentía pasase desapercibido, agarró las llaves y arrancó el coche, luego maniobró hasta tener frente a él al grupo que le había estado persiguiendo y que ahora parecía estar replanteándose la nueva situación.
Sandra no se había ido, ni tenía pensado marcharse, si había estado disparando era para despejarse el camino ya que a medida que se iba alejando del furgón iban apareciendo más cadáveres caminantes y no quería quedar acorralada. De vez en cuando dejaba que uno de ellos se le acercase, podía manejarlos a patadas o puñetazos, eso no le suponía ningún problema, pero la espalda debía tenerla despejada.
Utilizaba cualquier tipo de obstáculo para separar al grupo, un coche o hasta un contenedor de basuras le servía si lograba que uno de ellos cogiera por el lado contrario al resto del grupo, lo que le hacía ganar a ella el espacio y el tiempo suficiente para acabar con el rezagado con un mínimo de tranquilidad. Por eso en pocos minutos su grupo estaba reducido a menos de la mitad, aunque eso a los muertos andantes no parecía impresionarles.
Daniel seguía empeñado en que Sandra terminaría por marcharse sola, dejándoles tirados a los tres, así que embistió a los zombies poniendo toda su rabia en ello, como si así el coche fuera a hacer más daño.
Fue un estropicio, no solo de huesos y piernas rotas, el Audi también se llevó lo suyo, perdió los espejos laterales y se le rompieron las luces delanteras, aunque eso a Daniel le dio igual, puso la marcha atrás y pasó otra vez por encima del grupo de muertos vivientes dando pequeños botes en el interior del coche, miró hacia el exterior y vio que aún se movían.
-Pues nada, demos un paseo-, los arrolló de nuevo y hubo más rupturas de huesos además de explosiones de cráneos y cajas torácicas que se aplastaban bajo el peso del vehículo.
Daniel no se detuvo hasta que dejó de ver movimiento en el amasijo de huesos y tripas putrefactas. Luego miró al pequeño grupo que había permanecido impertérrito a lo que pasaba a su alrededor.
-¡¿Qué demonios, están comiendo?!-, salio del coche sin cerrar la puerta para hacer menos ruido y se acercó a ellos con lentitud, aún así pudieron oírle pero para cuando el primero de ellos se hubo girado, el zombie a su izquierda perdió la cabeza a causa de un potente martillazo, el siguiente martillazo solo golpeó de refilón al segundo zombie, que se giró con cierta rapidez, pero que quedó inmovilizado contra el furgón con el tridente de Daniel.
-¡Venga, vamos!-, llamó al tercero, arrancó el tridente del pecho del segundo y con rapidez inusitado lo hundió en el cráneo del mismo con precisión casi quirúrgica.
Volviendo a arrancar el arma de la cabeza del zombie, Daniel retrocedió lateralmente, no quería acabar cayendo sobre el montón de cadáveres aplastados.
-¡ven imbécil!-, y como si fuera una especie de sapo gigantesco o algún tipo de gato loco, el zombie agazapado se arrojó contra Daniel, que se movió a un lado y utilizó su arma para desequilibrar a su enemigo que cayó de costado.
-Ya sé que lo he dicho antes, pero esto es tan fácil que da hasta miedo-, y terminó con el derribado zombie con un movimiento seco de su arma.
-¡Eh!- gritó Daniel llamando la atención de Eva y su compañero, -¿veis a una mujer desde ahí arriba?, debería estar...
-¿Una mujer?-, exclamó Eva.
-Sí, como yo-, dijo Sandra apareciendo desde detrás de una esquina, caminaba con seguridad a pesar de estar manchada de sangre.
-¿Te... te han?... -, preguntó Daniel con preocupación.
-Tranquilo, no es mía-, Sandra vio la asquerosa pasta en la que había quedado convertido el grupo de Daniel y le miró con repugnancia.
-¿Que coño has hecho?-, él la miró con la boca abierta, no sabía si era conveniente decir lo poco que había confiado en ella así que dijo; -Entré en «enrage».
El furgón aún funcionaba, apenas era capaz de girar pero fueron capaces de aparcarlo junto a la casa de Daniel ya que Eva y su compañero querían descargar algunas cosas bastante pesadas.
Durante el proceso de descarga Sandra ayudó a Daniel a meter una pesada caja y aprovechó para preguntarle por el frío reencuentro con Eva, «es todo muy complicado» exclamó.
Una vez todos dentro de la casa aseguraron mejor puertas y ventanas lo que les llevó toda la mañana, tras lo cual llegaron las presentaciones.
Todos estaban en el salón, Daniel sentado en el sofá junto a Sandra y Susana que se había sentado en el reposabrazos junto a él, frente a ellos estaban Eva y el hombre negro.
Eva era una mujer un poco más alta que Daniel aunque no lo suficiente para resultar incómodo para ninguno de los dos, de ojos verdes cansados pero hermosos y de pelo largo y negro que ahora llevaba recogido en una trenza. Era una chica de complexión atlética, aficionada al deporte y a la aventura tenía una bonita figura de músculos definidos aunque sin que eso le hiciera perder feminidad, una de las fantasías de Daniel era que ella se disfrazase de Lara croft, aunque nunca se lo llegó a confesar.
El hombre, por su parte, era un tipo larguirucho de pelo muy corto, era de complexión delgada y ágil, su mirada era intensa y en cierta manera agresiva, seguramente era una simple pose para no demostrar lo asustado que estaba en realidad.
-Bueno... ellas son Susana, amiga de Elena... no sé si recordarás a la chica que vivía aquí al lado. Mi otra compañera de fatigas se llama Sandra, vigilante de seguridad, y utiliza las armas mejor que nadie, y bueno chicas... esta es Eva, mi chica-, Daniel sonrió no muy convincentemente y luego le pasó el turno a su novia.
-Pues nada, yo soy Eva como acaba de decir Daniel, y este chico es Sebastian, compañero del pobre hombre que ha quedado ahí fuera.
-¿Compañeros?, ¿compañeros en plan gay quieres decir?, has de saber que tengo una mentalidad muy abierta, pero he de añadir a eso que a mi no me va esas cosas, o sea... que soy «hetero» quiero decir- Dijo Daniel un tanto azorado y casi tropezando con las palabras.
-Lo tendré en cuenta-, dijo el otro hombre mirando a Daniel entre confundido y extrañado.
-Compañero de trabajo... Sebastian es cámara de televisión o bueno lo era... y bueno, Nacho era... - Eva no pudo continuar, aquella conversación resultaba tan superflua como absurda.
-Está bien, de ser tres hemos pasado a ser cinco... ¿qué haremos ahora?-, preguntó Daniel.
-¿Hacer?, ¿a qué te refieres con «hacer»?, yo no pienso «hacer» nada tío-, dijo el tal Sebastian.
-Daniel tiene razón, somos muchos y no tenemos demasiada comida, a menos que esas cajas que habéis traído estén llenas de latas.
-No-, exclamó Eva con seriedad. -La mayor parte son herramientas de trabajo, hay cintas grabadas, baterías para las cámaras y cosas así... bueno puede que hayan un par de latas y dos garrafas de agua, pero poco más, de no haber llegado aquí mañana estaríamos sin comida-, terminó de decir.
-¿Qué... qué hay en esas cintas, qué habéis grabado?-, preguntó Susana que hasta ahora había permanecido en silencio.
-Nada que una niña de tu edad deba ver-, le contestó Eva en tono cortante.
-Claro, por supuesto... olvidé que estuve en una isla paradisiaca durante las últimas semanas- Daniel asintió.
-Susana tiene algo de razón ciertamente, aunque si en tus cintas no hay nada que nos enseñe algo que no sepamos no creo necesario el verlas- dijo, y alzó las cejas al ver que Eva lo miraba con suspicacia.
-¿Acaso crees que hemos recorrido medio mundo cargando con estas cintas porque son un recuerdo de nuestras vacaciones en África?.
-Bueno... ¿quién sabe?, siempre que ibas de viaje te llevabas un buen número de maletas-, bromeó Daniel aunque sin sonreír.
-No es este el caso-, dijo Sebastian interviniendo en la conversación. -Tenemos tanto fotos como vídeos sobre como empezó todo en Sudán. Aunque he de admitir que la mayoría de las fotos las hizo Ismael, el compañero de Eva.
-Sí bueno, todo parece muy interesante-, exclamó Sandra aparentemente aburrida -pero creo que deberíamos replantearnos que es lo que vamos a hacer ahora. Realmente me importa muy poco como comenzó todo esto si no nos sirve para eliminar el problema, ¿me equivoco?-, Susana asintió en silencio mientras los demás miraban a la mujer sin decir nada.
-Lo que Sandra quiere decir es que ahora somos cinco, y que si pensáis quedaros aquí debemos organizarnos de alguna manera, debemos conseguir alimentos y...
-¿Quedarnos aquí?, ¿ese es tu plan?-, le interrumpió Eva.
-Hasta ahora nos ha ido bien-, dijo él.
Eva se levantó de su asiento y miró indignada a Sebastian que se encogió de hombros sin saber que decir.
-¿No te lo dije?, ¿no te dije que mi novio estaría sentado en su sofá esperando a ver que dan en las noticias?, el hecho de que esté acompañado ya es sorprendente por si solo-.
-¡Uy, uy, uy!, yo creo que esto se va a poner bastante feo-, exclamó el cámara -¿Me podéis dar algo de comida caliente?, estoy harto de latas frías-, Susana se levantó sonriendo e hizo una señal al hombre para que la siguiese.
-Yo voy a ver si hay señal de mi hermano-, dijo Sandra y se marchó con calma.
-Así que no tienes ningún plan-, dijo Eva volviéndose a sentar.
-¿Plan?, ¿qué plan?, ¿para qué hay que tener un plan?-, preguntó Daniel. -Me vale con sobrevivir. Hoy mismo íbamos a ir al centro comercial a recoger ciertas cosas que pensamos podrían resultarnos útiles, y no solo alimentos sino semillas y algunas herramientas. De hecho quiero coger algo de equipo de campaña, mochilas, sacos de dormir cantimploras y esas cosas ya que es posible que en un par de días tengamos que ir a recoger al hermano de Sandra, y nunca está de mas el ir preparado-, Eva se quedó mirando a Daniel en silencio con gesto sorprendido.
-Bueno... eso para ti es todo un plan, pensaba que te quedarías aquí hasta que te quedaras sin comida para luego ir saqueando las casas de tus vecinos-, dijo ella riendo sin ganas.
-Así es como encontré a Susana.
-Susana es la cría, ¿no?-, Daniel asintió.
-¿Y no habéis contactado con nadie más?, no puedo creer que toda la ciudad haya caído.
Daniel negó en silencio pero luego alzó un dedo y habló en voz baja -Al parecer Susana ha podido contactar con su novio- Eva sonrió con ironía.
-¿Con trece años y ya tiene novio?.
-Sí bueno, ¿no iras a decir que tú a su edad no flirteabas con chicos... y tiene doce años, no trece.
-Mejor me lo pones, pienso que a su edad... - Daniel hizo un gesto impaciente para que Eva se callase a lo que ella contestó encogiéndose de hombros.
-Esa no es la cuestión-, exclamó él casi susurrando -Ella espera que en algún momento dado vayamos a buscarlo.
-Yo no veo ningún problema- Daniel la miró contrariado.
-No es por nada, pero es de suponer que el chico está con sus padres, lo que haría un mínimo de tres personas más... ¡no hay sitio donde ponerlos!.
-No seas tonto, nadie pretende que acojas en tu casa a toda la ciudad, ¿no has visto como está la calle?.
-Pues claro, llena de cadáveres aplastados y muertos...
-¿Y eso significa... ?-, el rostro de Daniel se iluminó casi como si los reyes magos le hubiera traído el regalo que había pedido.
-Las casas deben estar vacías, o al menos en su mayoría.
-Pienso que deberíamos averiguar cuantos supervivientes hay si es que queda alguno, no creo que todos esos muertos andantes fueran nuestros... tus vecinos.
-Si, creo que incluso vi al cartero, pero ¿que pretendes hacer con los supervivientes?.
-Asegurar la zona. Podríamos... podríamos cerrar un par de calles, poner vigías, si quieres sembrar comida podríamos usar los jardines, aquí todas las casas tienen aunque sea uno pequeño. Créeme, es lo mejor que podemos hacer-, Daniel miró a Eva entre maravillado y asustado, a él jamás se le habría ocurrido aquello, mas que nada porque lo único que le importaba hasta ahora era su propia supervivencia, por ese mismo hecho se habría negado a llevar a cabo ese plan, pero ahora tenía a Susana a su cargo, y aunque no quería admitirlo eso hacía que todo cambiase.
-A las afueras de la ciudad, cerca del centro comercial, venden material de construcción, aunque deberíamos «pillar prestado» un camión, me gustaría hacer los menos viajes posibles-, Eva sonrió encantada y añadió; -De eso nos preocuparemos luego, creo que primero debemos averiguar si queda alguien vivo por aquí, ya que si no queda nadie es inútil hacer planes.
-De acuerdo, ¿como lo hacemos?.
Mientras Eva y Daniel charlaban en el salón, Susana le calentaba a Sebastian media pizza congelada que sobró de la noche anterior.
-Perdona, pero es que Daniel dice que hay que aprovecharlo todo, y unos canelones a estas horas de la mañana no creo que te vayan a sentar bien-, se excusó ella.
-No te preocupes pequeña, me da igual que me des un café sin azúcar con tal de que esté caliente-, sonrió el hombre.
-Pues tienes suerte, café hay, y recién hecho-, Sebastian se sentó frente a la mesa de la cocina con ansiedad diciendo; -Damedamedamedamedame... - Susana sonrió y le tendió una taza limpia y la cafetera llena.
-No recuerdo cuando fue la última vez que tomé un café caliente.
-Sebastian no es un nombre africano, ¿verdad?- preguntó ella con tanta ingenuidad como curiosidad.
-Que yo sepa no, pero claro, no soy africano así que puedo estar equivocado.
-Ah, yo... esto-, Susana quiso disculparse con la mirada pero Sebastian le quitó importancia al asunto con un sutil gesto de su mano.
-Tranquila, no pasa nada. Soy tan africano como Justin Bieber, por cierto ¿habrá sobrevivido?.
Cuando la pizza estuvo lista Susana la sacó del microondas y se la pasó a Sebastian sentándose a su lado.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-, Sebastian sonrió.
-¿A cambio de pizza y café calientes?, te daría hasta mi cartera... si no la hubiera perdido claro.
-¿Que hay en esas cintas?- Sebastian detuvo su mano justo antes de que la pizza tocase sus labios.
-Me parece que eres demasiado morbosa. En esas cintas no hay nada que debas ver.
-Mi madre y mi mejor amiga intentaron morderme, Daniel las mató ante mis propios ojos, vi a la madre de mi mejor amiga comiéndose a su propio hijo, y era tan solo un bebé... ¿que dices que hay en esas cintas?-, el tono de voz de la niña dejó helado a Sebastian.
-Lo... lo siento. Olvidé que esta mierda nos está pasando a todos. Pero de todas formas lo que hay en esas cintas solo debemos mostrarlas a las autoridades.
-¿Autoridades dices?-, Sebastian asintió -¿A la policía, al ejercito, al FBI a la CIA la Interpol?... ¿esa clase de autoridad?- Sebastian volvió a asentir con la cabeza -Yo tendré doce años, pero creo que en esta casa hay gente más ingenua que yo-, agarró un trozo de pizza del plato de Sebastian y le dio un mordisco. -Te dejo con tu desayuno, voy al piso de arriba.
-¿Crees que esta es la mejor manera?-, preguntó Daniel.
-No, pero supongo que es mejor que ir de casa en casa.
-Yo definitivamente voto por ir de casa en casa, me parece más seguro.
-Ni de coña.
-¡Hey, vosotros dos!, ¿estáis seguros de lo que vais a hacer?-, preguntó Sebastian desde detrás de la pareja.
-Yo no demasiado, la que manda aquí es la señorita «experta en contactar con supervivientes en un apocalipsis zombie».
-No bromees con esto-, dijo ella con seriedad.
-Repito lo que dije abajo-, exclamó Susana que los observaba divertida. -Yo solo tengo doce años...
-¿De verdad se van a poner a gritar desde la azotea?-, preguntó Sandra con aire preocupado -Eso puede atraer a los muertos.
-Si Sandra, ya hemos tenido eso en cuenta, pero bueno algo hay que hacer ¿no?.
-Yo voto No-, dijo Sandra con Sorna.
-¿Las menores podemos votar?, a mi no me parece la mejor manera de buscar supervivientes.
-Coincido con la adolescente metomentodo-, bromeó Sebastian ganándose un codazo por parte de Susana.
-Bueno, deberíamos empezar digo yo-, exclamó Daniel.
-Sí, cualquier momento es bueno para...
Todos se encontraban en la azotea, Eva y Daniel habían subido corriendo y los demás les persiguieron a toda velocidad, Susana había temido que fueran a realizar algún tipo de suicidio romántico o algo así, casi se sintió aliviada al escuchar el absurdo plan de la pareja. Estaba bien que quisieran encontrar supervivientes y todo eso, ¿pero había que hacerlo a gritos?, eso iba en contra de lo que Daniel le había estado inculcando, mantener un perfil bajo y esas cosas, pero bueno, parece ser que con la llegada de Eva las cosas iban a cambiar bastante por allí.
-Un momento-, Eva estaba examinando los alrededores con unos prismáticos, parte del material de Sebastian - Haced señales en esa dirección, puede que hayamos encontrado algo sin necesidad de gritar.
-Espero que sea verdad, repito que no me hace ninguna gracia este plan.
Sebastian y Susana comenzaron a agitar sus brazos como quien saluda a un avión que no puede verte, Sebastian incluso se arriesgó a lanzar un potente y agudo silbido que hizo girarse a la figura que Eva había visto.
-¡Bingo!-, dijo ella -Nos devuelve las señales.
-Espera, tengo que comprobarlo, desde aquí parece que tuviera un ataque de epilepsia-, exclamó Daniel arrebatándole los prismáticos a Eva.
Enseguida pudo enfocar la azotea en cuestión, debía estar a unas cuatro o cinco calles al sur. Era la figura de un hombre grueso, parecía tener barba y pelo descuidado aunque no parecía enfermo ni herido, hacía señales vigorosas en su dirección. De pronto sin razón aparente desapareció, Daniel temió que hubiera salido por si solo a su encuentro, pero a los pocos segundos regresó.
-¡Son tres, no cuatro!, ¡una puta familia entera!, no lo puedo creer.
-Es normal, si hasta tú fuiste capaz de sobrevivir. No se de qué te asombras-, exclamó Eva.
-Bueno, hemos de ir a por ellos-, dijo Daniel.
-Yo quiero ir-, dijo Susana.
-No pequeña, este es trabajo para hombres-, dijo Sebastian en tono viril, pero bajó la mirada cuando Eva y Sandra le miraron incrédulas e indignadas.
-¿Te recuerdo lo del aeropuerto?.
-No señora, no es necesario estoooo, ¿que mal se toman por aquí las bromas machistas eh?-, exclamó con fingida alegría para relajar el ambiente.
-Si he de escoger prefiero que venga conmigo Sandra, sabe pelear y utilizar armas... prefiero que Susana se quede aquí, aunque se de lo que es capaz en situaciones desesperadas, prefiero tenerla «asegurando el fuerte», y de vosotros dos... - Miró a Sebastian y a Eva sin saber que decir, del chico negro no sabía nada y de Eva... en realidad era bastante posible que el mejor equipo posible en aquel momento era el formado por las dos mujeres adultas, pero precisamente por eso prefería que Eva se quedase en la casa, quería que se quedase alguien competente por si surgía alguna emergencia.
-Bueno, regresamos en breves minutos-, todos bajaron al piso inferior discutiendo las razone y motivos por los cuales cada uno de ellos debería ir a rescatar a aquella familia, excepto Sandra que permanecía callada, pero solo hasta que estuvieron ante la puerta discutiendo casi a voces.
-Yo me quedo-, todos la miraron incrédula.
-¿Qué?- preguntó Daniel.
-Que me quedo, que te acompañe tu novia si quiere- dijo con seriedad.
-¿A que viene esto ahora?-, eres la mejor tiradora y una luchadora excelente.
-No tenemos más balas, tuve que gastar las pocas que teníamos cuando ellos llegaron, lo siento era eso o morir-, Daniel asintió.
-De acuerdo te entiendo, pero aún sigues siendo la que mejor lucha y...
-Déjalo Daniel, no iré, he decidido no ir a rescatar a nadie hasta que tenga aquí a mi hermano, eso es lo que hay. Me hiciste esperar cinco días para ir a por mi hermano y ahora pretendes que salga corriendo por una familia a la que ni conozco, creo que algo no funciona en esta ecuación.
-En eso Sandra tiene razón-, dijo Susana -pero también es verdad que en esos cinco días no has podido contactar con tu hermano, ¿o sí?-, terminó añadiendo la niña.
-Está bien, yo iré contigo, sabes que soy capaz de pelear así que dame un arma y listo-, exclamó Eva con seguridad.
-De acuerdo, no discutiremos esto ahora, hay vidas en juego, luego decidiremos qué hacer con lo de tu hermano-, dijo en voz baja Daniel que no tenía ganas de discutir.
A pesar de que el cielo lucía azul y sin ninguna nube en toda su inmensa extensión, en la calle hacía un frío horrible, a pesar de ello ninguno de los dos se abrigó demasiado, tenían planeado que fuera un viaje corto y rápido y solo habían considerado imprescindibles las armas de mano, Eva tenía a un lado el famoso «bate de la suerte» y Daniel había soltado en la parte trasera a su recién bautizado «Tridente Antizombies», no es que fuera un nombre especialmente original pero es que aquel día no tenía muchas ganas de pensar, las cosas se estaban complicando, y bastante.
-Nunca pensé que tendrías a una cría en tu casa-, dijo ella en tono divertido una vez solos dentro del Audi. -Siempre decías que odiabas a los niños.
-Primero que nada, «nuestra» casa, puedes decirlo sin miedo. Yo no recuerdo que nos peleáramos, o al menos nunca fue mi intención. Y segundo... bueno, es cierto que no soporto a los críos pero no podía dejarla sola en esa casa, con cuatro zombies detrás de ella, incluso Elena que era su mejor amiga intentó comérsela...
-Ya bueno, tampoco me interesan demasiado las vidas de tus dos acompañantes, hay algo que me interesa más- dijo ella interrumpiéndole.
-¿El qué?-, preguntó Daniel poniendo en marcha el coche.
-¿Intentaste buscarme?, ¿ponerte en contacto conmigo? ¿algo?-, Daniel suspiró hastiado, necesitaba estar concentrado por si se cruzaban con alguna avalancha de zombies y pensar en su relación con Eva no era lo mejor para él en aquellos momentos.
-No demasiado, ¡¿que quieres que te diga?!. Te habías ido a África, Sudán por Dios que está en el quinto pepino. No sabía si estabas en medio del Sahara o en una revuelta o vete tú a saber que lío, y encima va y nos cae encima esta pedazo de mierda, zombies, zombies everywhere. ¿Acaso piensas que no quise coger un avión e ir a buscarte?, o incluso...
-Bastaba con que me llamases, un simple mensaje habría bastado-, Daniel la miró incrédulo y casi estuvo a punto de chocar con un coche mal aparcado.
-¿Y tú no podías llamar?, ¿porque se supone que siempre he de ser yo el que de su brazo a torcer?.
-Tú nunca has dado tu brazo a torcer- Hicieron el resto del viaje en silencio y la verdad era que aquella discusión les había quitado el entusiasmo de haber encontrado más supervivientes, Daniel ni siquiera se sentía con ánimos para luchar.
-Mira por la ventana, debemos estar cerca-, dijo Daniel al cruzar una calle llena de cadáveres. Los dos dieron pequeños botes dentro del coche al atropellarlos.
-¿De verdad tenías que pasar por encima de ellos?.
-Tranquila... los amortiguadores aguantarán-, y entonces Eva los vio, sonrió durante unos segundos al ver que toda la familia agitaba los brazos llamando su atención, pero la sonrisa se le borró de la cara al ver que tras la esquina la calle estaba atestada de comedores de carne humana.
Daniel detuvo el coche para meditar lo que iban a hacer. -¿De verdad puedes quedarte aquí parado sabiendo que nos pueden ver en cualquier momento?-, preguntó ella aterrorizada, y eso fue suficiente para encender la bombilla de Daniel.
-De hecho es lo que quiero-, dijo abriendo la puerta del conductor -Haz que te sigan, no vayas demasiado rápido o dejarán de hacerlo, da la vuelta a la manzana, te estaremos esperando- se inclinó tanto sobre Eva que ella pensó que la iba a besar, se sonrojó como una colegiala cuando vio que lo que él quería era coger su «Bate de la Suerte».
-Pero... pero... ¿por qué tienes que bajar?.
-No seas tonta, ellos no conocen nuestro plan- bajó del coche y corrió agachado hasta detrás de una esquina, miró bajo un coche y al verlo libre se escondió debajo.
-No me refería a eso idiota-, contestó Eva cuando él ya se había bajado del coche. Sin saber realmente que hacer tocó el claxon para llamar la atención de los zombies que la escucharon enseguida.
-Muy bien, ahora tranquilidad-, se dijo al ver como aquella masa de cadáveres vivientes caminaba hacia ella. Le desconcertó el hecho de que algunos casi parecían poder correr, se movían con cierta agilidad que casi les hacía parecer vivos y eso hizo que un angustioso nudo surgiera en el fondo de su garganta.
La diferencia de velocidad entre unos zombies y otros era tanta, que Eva no sabía que hacer, los veloces no ganarían ninguna olimpiada, pero los lentos necesitarían casi el doble de tiempo para alcanzarla que los rápidos, y aunque el Audi era un coche recio no quería verse rodeada de aquellos apestosos, así que hizo lo único que podía hacer... atravesar la calle.
En lugar de hacer que los zombies la siguieran hacia el sur doblando la esquina, ella doblaría la esquina conduciendo hacia el oeste, de paso podía atropellar a algún que otro muerto y dejar así mejor camino para Daniel.
-Maldito tú y tus planes de niño de ocho años-, exclamó enfilando el coche. -Bueno nenes, no digo que la carretera sea mía, pero si no camináis por la acera no es culpa mía si os atropello.
Ante la asombrada mirada de Daniel, Eva arrolló la multitud de jadeantes muertos haciendo que saltaran por los aires lo mismo precisamente que él había hecho aquella misma mañana.
-Mierda, así nos quedaremos muy pronto sin coche-, susurró, aunque tuvo que reconocer que no era del todo un mal plan, se habían roto bastantes brazos y piernas como para que la mayoría de zombies no pudieran casi ni caminar, y los que habían quedado ilesos la persiguieron con rostro fiero.
-Bien por ti nena-, exclamó Daniel satisfecho aunque algo preocupado.
Lenta pero segura, Eva fue alejándose calle abajo y cuando el último zombis que la perseguía desapareció tras las esquina Daniel salió a rastras de su escondite sonriendo casi con alegría, al sacar las piernas de debajo del coche sintió que se engancharon con algo miró hacia atrás y ahogó como pudo un grito de horror. Mientras él había permanecido oculto debajo del coche y sin que se diera cuenta, dos zombies habían salido de a saber tú donde y caminaban en dirección al Audi, al menos hasta que lo vieron a él.
El primer zombie se arrojó sobre Daniel sin darle tiempo a reaccionar, solo fue capaz de utilizar su arma como barrera entre él y los dientes de su enemigo, sintió nauseas al ver esa boca oscura y deforme ser destrozada por los largos clavos de su bate, los dientes amarillos cayeron sobre su pecho manchándole la ropa de un líquido rojizo y viscoso que un día fue sangre.
El segundo zombie se acercaba gimiendo con desesperación aunque no con suficiente fuerza como para atraer la atención de otros zombies aunque ya era suficientemente preocupante estar tirado en el suelo con un muerto viviente a punto de morderle el cuello mientras otro se le acerca a menos de dos metros.
-Esto... no... está... bien-, exclamó sin saber si iba a ser capaz de salir de aquello.
Eva seguía su lento avance casi con desesperación, a medida que iba conduciendo por aquellas calles, más y más muertos vivientes se iban sumando a su cabalgata, algunos surgían y se acercaban repentinamente para golpear el coche con palos y piedras sin que ella fuese capaz de esquivar el ataque, para compensar esos sustos atropellaba a todo aquel que se pusiera en su camino, no ganaba nada especial con eso, pero le hacía sentirse algo más tranquila.
Ya llegaba a la primera esquina, giró con lentitud y quiso morirse al ver que la calle estaba totalmente tomada por los muertos vivientes.
-¡Pero esto no puede ser!- gritó -¿De donde vienen?-, esta vez no podía arriesgarse embistiendo contra ellos, eran demasiados y podría perder el control del coche. Casi deseó haberlo hecho cuando por un segundo los gemidos cesaron, todos giraron la cabeza hacia ella casi al unísono ¡y se lanzaron contra el coche a toda velocidad!.
Daniel se las ingenió para agarrar del cuello a su atacante evitando sus dientes gracias al bate, y sabiendo que eso podía costarle la vida arrancó su arma del rostro del muerto para seguidamente sin darle tiempo a contraatacar golpearlo con las pocas fuerzas de las que era capaz en aquella incómoda posición.
-¡Muere hijo de puta!-, para su fortuna, en el tercer o cuarto golpe, los clavos de su bate pudieron atravesar el ablandado cráneo del muerto dañando su cerebro lo suficiente para hacer que dejara de moverse, no así su compañero que se acercaba a Daniel con ansia.
-¡Sí venga!, inténtalo tú también!-, Daniel se arrastró de espaldas hasta llegar a una distancia prudente y así poder levantarse.
Se giró por un segundo, miró hacia la azotea donde estaba la familia a la que habían ido a recoger.
-¡Bajen por Dios!, ¡bajen de una vez!-, todos desaparecieron de la azotea ante sus gritos, esperó que le hicieran caso ya que no pensaba esperarlos mucho.
Durante esa breve distracción el segundo zombie se abalanzó contra él, pero por fortuna para Daniel la agilidad de un muerto viviente es bastante deplorable, el muy apestoso tropezó con el cadáver de su compañero ofreciendo un blanco perfecto para Daniel.
-¿Serás idiota?-, le hundió el «Bate de la Suerte» hasta el cerebelo.
Y entonces todo sucedió con mucha rapidez. Se escuchó un frenazo y un derrape, el ruido de un motor acelerando y el de una puerta abriéndose. Eva regresaba por el mismo camino que había venido, pero esta vez perseguida por una horda de cadáveres andantes que podían correr a una velocidad no muy alta pero suficiente para alcanzar a un humano que no tuviera mucha resistencia.
-Oh, oh-, exclamó, Eva iba demasiado deprisa.
El ruido de la puerta abriéndose provenía de la casa del hombre gordo, de ella salieron dos personas adultas, bastante gruesas los dos, la mujer llevaba en brazos a un crío también rechoncho, por último salió una niña de no más de once años y sorprendentemente esbelta.
Todos corrieron en dirección hacia Daniel, justo en la trayectoria que llevaba Eva.
-¿Crees que tardarán mucho?-, preguntó Susana. Estaba jugando con Sebastian a las damas mientras este miraba nervioso su reloj cada pocos segundos.
-Ya deben estar de vuelta nena, no te preocupes.
La mujer gorda vio como el Audi se abalanzaba sobre ella a toda velocidad, pero el horror de su mirada iba más allá, iba hacia lo que venía tras el coche, toda esa horda de seres repugnantes y hambrientos que la devorarían en escasos segundos si tenía la mala suerte de tropezar y caer...
¡zas!, dicho y hecho. Su tobillo izquierdo no fue capaz de soportar el peso de su enorme cuerpo y se dobló con un chasquido haciéndola caer de bruces sobre el asfalto donde su rechoncho cuerpo pareció rebotar, hizo un intento de proteger a su hijo, pero la gordura y la agilidad casi nunca han ido juntas, así que lo único que logró fue que el cuerpo de su hijo se le resbalase de entre sus gruesos dedos y golpeara dúramente contra el suelo.
Eva vio derrumbarse a la mujer casi a cámara lenta, quizá fue por la adrenalina o porque una mujer de aquella talla no podía caer a velocidad normal. La cuestión es que también fue capaz de ver el bulto que resbaló de las manos de dicha mujer, «¡Dios!», pensó «espero que no sea su hijo».
La mujer gorda había resbalado hasta casi el centro de la calle Eva no tenía espacio para frenar a aquella velocidad, así que no le quedó otra que esquivarla derrapando para no chocar contra la esquina.
-¡Cuidado!-, justo en el momento menos oportuno apareció Daniel, cuando el Audi ya había empezado a derrapar y Eva no podía controlarlo.
-¡Mierda, quita de ahí!-, le gritó ella desde el interior del coche.
La parte trasera del Audi chocó con la delantera del coche en el que Daniel había estado escondido, trozos de cristal, plástico y metal saltaron por los aires, luego el Audi dio un giro extraño y chocó de lado con un coche aparcado en la otra acera.
Daniel estaba tirado en el asfalto, le sangraba la frente pero vivía, era consciente de todo. Pudo ver a la mujer gorda intentando levantarse, llamando a su marido, que tras un par de inútiles esfuerzos dio a su mujer por perdida y corrió hacia donde estaba Eva. ¡Dios cuanto le dolía la cabeza!. Aún estando en un estado de casi inconsciencia fue capaz de escuchar los crujidos de huesos y el sonido le la carne al ser arrancada de los huesos, oía perfectamente los gritos de la mujer gorda que pedía ayuda mientras era devorada viva mientras, a pocos metros alguien le abría el esternón a su hijo.
-Nooo-, gimió al ver que algunos de aquellos miserables sucios y andrajosos caminaban hacia él. -Nooo-, se dijo a si mismo mientras se ponía en pie a duras penas y se tambaleaba.
Intentó correr pero solo consiguió tropezar y caer otra vez.
-Mal.. .maldita sea, si parece que estoy borracho-, exclamó sin fuerzas para levantarse, y entonces una mano fría y huesuda le agarró del tobillo izquierdo.
«Se acabó», pensó. Escuchó un extraño sonido, algo así como un crujido y luego alguien le cogió de la mano.
-¡Vamos levanta!-, le gritaba, pero él estaba tan confundido que ni siquiera reconocía el rostro de aquella mujer, no al menos hasta que clavó su mirada en los ojos de ella.
-Eva... - balbuceó alzando sus manos para acariciarle el rostro.
-No tenemos tiempo para esto-, dijo ella ayudándole a levantarse.
-Yo... esto... ¿donde...?.
-Calla y corre-, le dijo ella tirando de él mientras les perseguía la marabunta zombie.
Daniel se sentía algo mareado y confundido, recordaba que la humanidad se había ido a la mierda, que los muertos se habían levantado y todo eso, recordaba a Susana y a Sandra, así como el breve recuerdo de que Eva había llegado a su casa, pero no tenía la más mínima idea de qué hacían en aquella calle ni por qué ahora habían un gordo y una niña sentados en la parte trasera del Audi.
-Yo conduzco-, dijo ella con calma.
Como no tenía intención de que los zombies acabaran encontrando la casa de Daniel, Eva dio un pequeño rodeo para confundir a los muertos, una vez satisfecha puso rumbo a la casa.
Dejó el maltrecho Audi en medio de la calle y todos salieron corriendo, Eva acompañó a Daniel ya que parecía confundido.
Susana les abrió la puerta nada mas escuchar el ruido del motor, detrás de ella estaba Sebastian con cara de pocos amigos.
Sandra estaba sentada en el salón, con el botiquín preparado, por si acaso.
-¡No!, Daniel está herido-, exclamó Susana, a la que enseguida se le inundaron los ojos de lágrimas. -¡Dios que no le hayan mordido!-, rezó.
-Tranquila, parece que es solo un golpe.
-¡Paso, paso!-, exclamaba Eva para abrirse paso y tanto Susana como Sebastian les dejaron pasar. Tras ellos entraron el hombre gordo y la niña, que lloraba sin parar.
Sentaron a Daniel en el sofá y Eva se ocupó de sus herida que afortunadamente no parecían ser graves.
-Está siendo una semana interesante-, dijo Daniel.
-¿Estas bien?-, preguntó Susana en tono muy preocupado.
-Sí tranquila, solo ha sido un porrazo de los tontos.
-Bueno no tan tonto, casi lo atropello con el coche-, dijo Eva mojando una gasa con agua limpia -si no llega a saltar le habría dado de lleno-, aunque lo decía con tono de reproche las lágrimas en los ojos de Eva denotaban lo preocupada que había estado.
Mientras el hombre gordo y la niña se presentaban al resto del grupo, Eva no pudo evitar recordar el momento justo en que casi atropella a Daniel. Lo habría aplastado contra el otro coche, ese en el que se había escondido, y todo por querer derrapar. Por fortuna Daniel fue capaz de saltar y evitar el atropello aunque fue empujado mientras aún estaba en el aire cando el Audi rebotó. Eva fue vagamente consciente de que algo había chocado con la parte derecha trasera del Audi, se le heló la sangre cuando vio a Daniel tirado en el suelo en el centro de la calle, al alcance de aquellos asquerosos malditos come carne.
No pudo evitar salir del coche a por él en cuanto este se detuvo.
Cayó la noche, a Daniel le dolía horrores la cabeza y el hombre gordo no paraba de hablar, no paraba de darles las gracias por recogerles porque hacía días que no tenían comida... eso cuando no se estaba lamentando de la perdida de sus esposa e hijo, lo cual curiosamente no le impedía seguir comiendo. Se llamaba Rafael y tenía unos ojos pequeños e inexpresivos, nadie diría que llevaba varios días sin comer.
La pequeña tenía por nombre Beatriz, era de aspecto pequeño y frágil y aunque resultaba que tenía la misma edad que Susana aparentaba ser más pequeña, tenía el pelo rubio a la altura de los hombros y voz aguda y pajaril, a nadie le sorprendió descubrir que en realidad no era hija del matrimonio obeso, sino su sobrina.
Mientras los demás cenaban, Daniel subió a tomarse un baño tranquilo y relajante, pensando que quizá sería uno de sus últimos baños «tranquilos y relajantes», cuando iba a echar el pestillo de la puerta Eva se lo impidió.
-Voy a darme un baño.
-¿Y desde cuando ha sido eso un problema?-, Daniel la dejó entrar sin ofrecer resistencia y se desnudó en cuanto la puerta estuvo cerrada.
-¿Siempre te desnudas antes de llenar el baño?.
-Si vas a empezar con tus preguntas capciosas puedes marcharte cuando quieras-, Eva realizó un gesto sobre sus labios cerrando una simbólica cremallera.
Mientras esperaba que el baño se llenase Daniel se puso su albornoz, no por vergüenza, hacía un frío que pelaba.
-¿Que tal estás?-, preguntó ella finalmente.
-Pues bueno, todo lo bien que se puede estar en esta situación ¿y tú?.
-Mal, como todo el mundo. No te puedes imaginar lo mal que lo hemos pasado para llegar hasta aquí, en... en el aeropuerto...
-Lo siento, de verdad que lo siento Eva, pero me duele demasiado la cabeza como para hablar de eso ahora. Deja al menos que me regodee esta noche de haber rescatado con vida a dos personas.
-Bueno... yo diría que en realidad os rescaté yo a los tres pero bueno.
-Es posible-, dijo él -pero la realidad está creada por nuestra percepción así que lo que yo perciba va a misa-, exclamó en broma y ella que lo conocía supo que era su manera de decirle que no quería discutir, era su manera de agitar la bandera blanca, por así decir.
Daniel se sentó en el borde de la bañera y la miró embobado, estaba sucia y despeinada, con arañazos por todo el cuerpo y ojeras en la cara, pero aún así le siguió pareciendo la mujer más deseable de la Tierra.
-Dios no sabes lo que te he echado de menos-, exclamó -todos los días rezaba para que cruzases mi puerta, para tener una llamada... algo. Debes comprenderme, me conoces y sabes que si me hubieras llamado desde Sudán, Libia o cualquier otro lugar habría ido a buscarte fuese como fuese-, ella sonrió irónica. -Por eso no entiendo que no seas capaz de hacer una llamada-, le dijo en tono conciliador.
-Ya sabes que nunca se me dio bien hablar, prefiero actuar.
-Bueno, tú sabes... -, ella agachó el rostro sin saber qué más decir.
-¿Estás bien?-, le preguntó Daniel.
-Sí, es solo que... cuando te vi ahí tirado yo...
-¿Quisiste huir?-, ella le miró indignada.
-¡Claro que no!, ¿por quién me tomas?.
-Bueno no se, cada cual hace lo que cree conveniente en cada ocasión- dijo él girándose para ver cuanta agua había ya en el baño.
-No me hagas esto, cada vez que intento abrirte mi corazón te pones borde y cínico.
-Lo siento-, se excusó él -debe ser algún tipo de barrera psicológica o vete tú a saber qué.
Tras unos minutos de silencio roto únicamente por el baño que se iba llenando poco a poco Eva dejó escapar un sonoro suspiro que sobresaltó a Daniel.
-Yo también te eché de menos, si no intenté contactar contigo fue porque me resultó materialmente imposible, o estaba en el desierto como tu mismo dijiste, o estaba metida en un refugio subterráneo, eso cuando no estábamos rodeados de muertos vivientes o no tenía batería en el móvil... lo siento-, Eva terminó su disculpa con una risita infantil, una risita que siempre derretía a Daniel y que ella nunca era capaz de fingir.
-Estuve cerca de la muerte tantas veces que perdí la cuenta y en cada ocasión tu rostro aparecía en mi mente, tu nombre era lo único en lo que podía pensar-, las lágrimas comenzaron a brotar abundantemente de los ojos de Eva, Daniel se levantó e intentó abrazarla pero ella se libró de él, aún tenía cosas que contar.
-Yo... yo pensaba que esos pensamientos eran una traición, una... una traición hacia mi misma ya que se suponía que yo era la que tenía la razón y tú eras el que estaba equivo... equivocado y que aunque yo te seguía queriendo en realidad debía odiarte por no ser capaz de darte cuenta de que si me había ido fue... fue... - las lágrimas no le dejaron terminar la frase, o quizá fue su propio orgullo ese que le decía que ella era quién tenía la razón en todo y que Daniel estaba equivocado no se sabe, ella se quedó llorando en silencio en el hombro de Daniel hasta que los dos se metieron en el baño donde poco a poco y con dulzura acabaron haciendo el amor.
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