Todo se estaba complicando en la hasta ahora sencilla vida de Daniel, tan sencilla como puede ser una vida durante un apocalipsis zombie. Se levantaba tarde, comía a la hora que le daba la gana y se bañaba cuando ya no podía soportar su propio olor, por no hablar de afeitarse. Lo único que le había torturado desde que todo empezó era que quizá no volvería a ver a Eva, Eva era su novia claro. Le daba igual lo lejos que estuviera, incluso lo cruel que podía ser a veces, en el fondo sabía que ella quería lo mejor para él, que tuviera un trabajo decente y no se conformase con llegar a fin de mes. La amaba que carajo, era la única mujer a la que realmente había amado, y hasta la llegada de Susana a su casa, la única que había dormido en su cama. «Su cama», ahí fue donde empezaron a complicarse las cosas... ya no era su cama, se la había cedido a la «dulce e inocente colegiala» que no parecía importarle los terribles calambres con los que se levantaba cada mañana por culpa del sofá. Luego estaban los víveres, con lo que había rob... cogido prestado de casa de sus vecinos habría tenido para algo más de un mes, pero la cría no comía, devoraba, se notaba que estaba en edad de crecimiento y para empeorarlo ahora eran tres, y ya no habían más camas... «¿ropa femenina?, sí claro por supuesto, usa la de mi novia desaparecida», pensaba sintiéndose miserable. Estaban acabando con su champú y su gel... incluso el agua oxigenada estaba ya en las últimas, y ahora encima se había vuelto a colar en casa de sus vecinos, al menos esta vez le acompañó Sandra, y aunque solo habían un par de zombies tener ayuda por una vez fue agradable.
Habían ido coger un par de colchones, sus vecinos ya no los iban a necesitar. Aprovecharon la hora de más calor, el Sol había salido por primera vez en varios días y picaba un poco, y por alguna razón que no entendían el sol volvía más gilipollas de lo habitual a los muertos vivientes. Aseguraron la casa lo mínimo para poder moverse con cierta tranquilidad y bajaron dos colchones hasta el jardín, lanzándolos por encima del muro hasta el jardín de Daniel utilizando unas escaleras plegables.
También aprovecharon para coger ropas de cama, y algún que otro vestido de la señora Romero, al parecer Sandra no se sentía demasiado afectada saqueando una casa ajena, se pasó casi una hora mirando la ropa de le mujer muerta, también se llevó algunos sujetadores, por lo visto tenía un par de tallas más que Eva y sus sujetadores le resultaban muy incómodos.
Todo fue lanzado por encima del muro, incluidos botes de champú que le cayeron a Susana en la cabeza provocando las risas de Sandra y Daniel, y gruñidos histéricos por parte de la niña.
Ya habían pasado cuatro días desde la proposición de Daniel a Sandra y aún no había habido ningún tipo de contacto que certificara cien por cien que el joven estuviera vivo. Ella le había estado llamando todos los días, a diferentes horas, pero el teléfono siempre comunicaba, incluso ella empezaba a tener dudas, no así Susana que habiendo recibido un par de emails días atrás se encontraba convencida de que su novio estaba vivo.
En dichos e-mails, Marcos le contaba que estaba bien, que sus padres habían sabido lo que estaba sucediendo bastante pronto así que se parapetaron en su casa esperando ayuda. Le explicaba también que la había llamado muchas veces al teléfono pero que ella no contestaba aunque en su segundo e-mail le contó que utilizara el correo electrónico para comunicarse con él, ya que había perdido el móvil durante la última «salida», Susana en un interminable
e-mail le preguntó sobre esas «salidas».
Desde que leyera los mensajes de Marcos, Susana se pasaba largas hora esperando frente al ordenador, con el «messenger» abierto por si él, o alguna de sus amigas estaba viva y conectada... pero cada vez que cansada de esperar apagaba el ordenador pensaba que un apocalipsis zombie no era el mejor momento para «chatear».
Los días de espera estaban sentando bastante bien a Sandra, cuyas heridas empezaban a curarse ahora que tenía quien las cuidase y limpiase, los moratones empezaban a amarillear, síntoma de que estaban a punto de desaparecer.
Pasaban las tardes y las noches jugando a «Trivial Pursuit», pero como casi siempre ganaba Sandra pronto se hizo aburrido, si jugaban a «Monopoly» Susana siempre terminaba enfadada por su escasa mano para las finanzas, y Daniel odiaba el parchís, así que más de una noche la pasaron «jugando» a «preguntas y respuestas», aunque casi siempre había alguna excusa para no contestar las preguntas más personales.
Daniel se vio gratamente sorprendido por la fuerza de Sandra, había vivido una experiencia horrible en la que los zombies no habían sido sino unos inesperados invitados, se podría decir que incluso bienvenidos ya que gracias a ellos, en parte, era de nuevo una mujer libre. Sandra había omitido los detalles más escabrosos de su aventura para no asustar a la niña, pero en cuanto estuvo a solas con Daniel no dudó en confesarlo todo. Aquellos desgraciados la habían mantenido atada y sin comer para que se debilitara y así poder hacer con ella lo que se les antojase. Desde el momento en que la introdujeron en la furgoneta solo salió una vez, que aprovechó para escapar y lo cual le costó una buena paliza. Eran unos degenerados a los que el apocalipsis no les había hecho sino un gran favor, podían liberar todos sus vicios y degeneradas perversiones sin temer ninguna represalia, no tenían conciencia ni respeto por la vida o dignidad humanas... le obligaron a hacer cosas por las que se tendría asco el resto de su vida, pero todo aquello, en lugar de destrozarla y debilitarla hicieron que su determinación y deseo de venganza aumentaran, por eso el día que consiguió escapar fue capaz de tenderles una emboscada. Gracias a su conocimiento de las artes marciales fue capaz de retener a un muerto viviente con ciertas garantías, se escondió en el único lugar donde podían encontrarla... y a la mínima oportunidad liberó al muerto lanzándolo contra ellos de un empujón. Lamentablemente solo mordió a uno, aunque al final su plan acabó funcionando aunque no en la manera que ella esperaba.
Aunque a Daniel le gustó el detalle de que Sandra quisiera proteger a Susana de «los males del mundo», Daniel le dijo que no volviera a ocultarle nada a la niña ya que la mejor manera de protegerla de esos males era que los conociera.
Y entonces, en la mañana del quinto día de la llegada de Sandra sucedió lo inesperado.
Aquella mañana Daniel estaba haciendo una lista de las cosas que necesitaban, y que iban a saquear, para cuando fueran al centro comercial, cosa que habían decidido hacer aquella misma tarde, aprovechando la tregua que el invierno parecía concederles.
Susana se encontraba en el jardín trasero con el «Bate de la Suerte» de Daniel y que habían recuperado aprovechando la última incursión a la casa de al lado. Lo balanceaba de un lado a otro, simulando golpear en la cabeza a un zombie imaginario. Aunque no le agradaba luchar estaba empezando a pensar que en algún momento debería hacerlo, más aún, sabía que llegaría la hora en que tuviese que luchar por su vida sin la ayuda de Daniel, así que jugar con el bate era más una especie de entrenamiento que un simple juego infantil.
Sandra por su parte, estaba frente al ordenador intentando en vano ponerse en contacto con su hermano, pero no había ninguna señal de él, también le había llamado al teléfono de su amigo, pero este seguía comunicando lo que le hizo pensar que en realidad el teléfono estaba descolgado.
Cada uno de ellos se encontraba sumido en sus pensamientos, unos más optimistas que otros pero todos con la sombra de una posible muerte temprana, todos saltaron cuando escucharon el motor de lo que parecía un furgón atravesando la calle a toda leche, luego un largo frenazo y un choque no demasiado fuerte.
Los tres corrieron hacia las ventanas para ver que había pasado pero intentando no ser vistos, sobretodo al escuchar un par de disparos de escopeta.
-¿Qué está pasando?-, preguntó Susana que no se atrevía a asomar la cabeza.
-Yo diría que son supervivientes... acaban de destrozar su vehículo-, dijo Sandra.
-Desde arriba se tiene que ver todo mejor, no nos molestará la valla...
-¡Vienen hacia aquí!-, exclamó Sandra lo que provocó un grito ahogado por parte de Susana.
-¿Como que vienen para acá?, ¿no serán saqueadores?... - Y entonces la escuchó.
-¡¡Si estás ahí abre la puerta maldito hijo de puta!!.
-¡Pum!-, exclamó Daniel, sus dos acompañantes le miraron sin comprender.
-¡Es Eva!, ¡la pedazo de puta está viva!.
Se escucharon más disparos de escopeta mezclados con gritos ahogados.
-¡Debemos dejarles entrar!-, exclamó Susana.
-No sé que decirte... están atrayendo demasiada atención, si les dejamos entrar podemos comprometer nuestra seguridad-, dijo Sandra en tono frío.
-Pero Dani, es tu novia, no puedes dejarla ahí fuera para que se la coman-, Daniel se giró hacia la niña y la miró a los ojos.
-¿De verdad arriesgarías tu vida por alguien a quien no conoces?-, Susana asintió.
-Ya le hemos hecho antes... TÚ te arriesgaste por mi sin conocerme, y si esa chica de afuera es tu novia, razón de más para salir a ayudarla-, Daniel asintió lentamente.
-Es posible que se nos cuele alguno, vete arriba y cierra todas las puertas, que no te vea nadie, sal solo cuando alguno de nosotros dos te avise-, aunque no estaba de acuerdo en quedarse sin hacer nada, Susana obedeció a Daniel, pero antes de subir le cedió el «Bate de la Suerte» a Sandra, luego Daniel recogió su «tridente» que estaba en la cocina y corrió hacia la puerta de la calle, abrió la puerta y dijo;
-Bueno... a «liarla parda».
Antes que nada cerraron la puerta de la casa, Daniel prefería perder unos segundos teniendo que volverla a abrir a que se les colase algún bicho indeseado en su ausencia.
Tras pasar la puerta metálica de la verja de entrada pudieron ver el espectáculo, una cantidad indefinida de zombies caminaban calle abajo, hacia los gritos y los disparos, uno de ellos a apenas un par de metros se abalanzó a toda velocidad hacia Sandra pero ella reaccionó a una velocidad inesperada, apartándose de él pero dejando una pierna para hacerle tropezar, luego inmovilizó la cabeza del ser pisándole el cuello y lo remató con el bate.
-Tienes estilo-, le dijo Daniel -pero necesitaremos algo más que eso-, exclamó señalando a la lenta comitiva.
Caminaron con decisión, sin pausa pero sin prisa, Daniel derribaba a los que estaban más aislados para rematarlos en el suelo con su martillo, Sandra por su parte parecía haber nacido para esto, la lentitud de esos malditos no tenía nada que hacer con su rapidez y sus reflejos lo que la hacía capaz de despacharlos de tres en tres sin demasiada dificultad. Estaban a medio camino cuando escucharon un par de rápidos disparos y un horrible grito de terror femenino, eso hizo que algo se despertara en el interior de Daniel que hizo amago de salir corriendo, Sandra se lo impidió señalando hacia detrás de la multitud, hacia el furgón. Alguien había subido al techo, al parecer le habían ayudado a subir y ahora estaba tirando de otra persona, la cual estaba ya atrapada sin remedio por la multitud de muertos y gritaba de terror y de dolor.
-¡Es ella!-, gritó.
-Bueno, si ella está ahí arriba está a salvo... despejemos esto con calma.
-Creo que eres una persona más fría de lo que me esperaba-, dijo Daniel.
-No es frialdad, hay que saber mantener la cabeza tranquila en momentos de crisis, si hubieras corrido hasta el furgón, ¿crees que habrías podido con todos ellos?.
Sandra tenía razón, alrededor del furgón habían al menos unos veinte muertos vivientes sin contar los que yacían en el suelo derribados por el grupo de su novia, la desesperación no debía de ser una opción, él lo sabía. Su regla número uno era la de no arriesgarse por los demás, no ahora, en esta época que un simple mordisco te condenaría. Recordó sus dudas a la hora de rescatar a Susana la primera vez, o su comportamiento cuando vieron el accidente de Sandra. Pero ahora todo era distinto, se trataba de Eva.
-¿Tu pistola tiene balas?-, preguntó Sandra.
-Un cargador, ¿la quieres?.
-Supongo que soy mejor tiradora, son demasiados para cargar contra ellos, hagamos que vengan por nosotros, así podré acabar con unos cuantos.
-De acuerdo- Daniel le cedió la pistola a Sandra que la examinó durante un segundo.
-¡¿Eh?!, ¡has ido todo este tiempo con un arma sin el seguro puesto!.
-¡Perdona!, ¡no todos hemos hecho cinco años de academia en la escuela de oficiales!... ¡ni siquiera tú!-, exclamó fingiendo indignación para ocultar su vergüenza.
-Bueno, ¿y ahora como los atraemos?-, preguntó.
-Tus gritos son suficientes.
-Jo.
No solo fueron sus gritos, la comida fácil parecía haberse complicado, ya que ahora eran dos las personas en el techo de la furgoneta, las dos estaban en cuclillas, ya que los continuos golpes y empujones hacían peligrar su equilibrio. Alguien debía haber caído en el combate ya que no todos los muertos se giraron a por Daniel y Sandra, tres o cuatro de ellos estaban sentados en el suelo peleando por los trozos de alguien, el resto se giró al escuchar los gritos de Sandra y sobretodo los de Daniel, que empuñó su tridente esperando no tener que utilizarlo más por hoy.
-¿Eres buena tiradora?-, el zombie más cercano debía estar a más de veinte metros, Daniel la reconoció.
-Es Marta, la dueña de la tienda en la que compraba todas las mañanas.
-¿Te fiaba?.
-No.
Un disparo a la cabeza y el cadáver de la tendera cayó derribado al suelo, Daniel miró con respeto a Sandra para luego exclamar; -a partir de ahora tú llevarás la pistola... yo tuve que disparar tres veces a uno que estaba a tres metros.
-Lo sé-, dijo ella luego hizo tres disparos más derribando a otros tantos zombies.
-Deberíamos ahorrar munición- dijo la mujer.
-¿Tú te ves capaz de sobrevivir al ataque de unos... pffff ¿catorce zombies?.
-No seas tonto, son lentos, piensa. Podemos separarlos hasta poder acaba con ellos con mayor tranquilidad.
-Eres de lo que no hay, ¿nunca pensaste entrar en las fuerzas especiales?-, Sandra bufó.
-Pensaba ingresar el año que viene, es broma... el siguiente.
Sin saber muy bien que hacer Daniel decidió hacer caso a Sandra, se separaron, «atacando» al grupo por dos flancos diferentes, gritando y llamando su atención y tal como esperaban el grupo, no muy cohesionado ni inteligente se separó en dos grupos más o menos iguales.
Sandra caminaba de espaldas sin dejar de mirar atrás cada pocos segundos y haciendo aspavientos para que no dejaran de mirarla y perseguirla.
-Eso no es necesario-, susurró él, -cuando saben que estás vivo no dejan de perseguirte hasta que acaban contigo.
A pesar de lo que le había dicho de ahorrar balas, Sandra hizo un par de disparos más, haciendo disminuir su grupo, Daniel por su parte no tenía ni idea de como despachar a los suyos, eran demasiados y estaban demasiado cerca unos de otros para atacarles sin peligro.
Retrocedió protegiéndose con su arma al frente, si alguno de ellos intentaba embestir contra él acabaría empalado.
-¡claro!, que estúpido... - Daniel se detuvo, se afirmó en el suelo y esperó la llegada del primer zombie.
-¡Vamos idiota ven a por mi, seguro que hace siglos que no devoras a un tío macizo como yo!-, el zombie al ver su presa tan cerca se abalanzó contra él con la misma rapidez que suelen mostrar las serpientes en las distancia cortas, pero lamentablemente para el pobre desgraciado, Daniel tenía preparada su arma a la altura justa.
El «tridente» de Daniel hundió sus picos en la cara del zombie, uno de ellos se hundió en su putrefacto ojo izquierdo cuyos repugnantes restos cayeron al suelo. El zombie seguía manoteando, el golpe no había sido suficiente para matarlo, era de esperar, formaba parte del plan de Daniel que retrocedió un par de pasos arrancando de cuajo el arma de la cara del zombie que cayó hacia adelante por la fuerza de su propio impulso, haciendo que Daniel ganara unos valiosos centímetros.
-Lo siento tío, pero es mi vida o la tuya... bueno olvídalo, tú ya estas muerto-, Daniel hundió su arma en la parte trasera del cráneo de su presa dejándolo inmóvil.
Daniel siguió retrocediendo, no podía ver que estaba haciendo Sandra, pero otro disparo más le hizo pensar en que para que coño se habían separado si ella iba a gastar todas las balas...
-¡Hija de puta!, me va a dejar tirado- exclamó para si y pensar en ello le hizo enfurecerse, volviéndolo más agresivo, lanzando estocadas a sus enemigos empujándolos hacia atrás unos contra otros.
-Mierda, estoy jodido-, se dijo.
Al caminar de espaldas chocó contra un coche, el Audi de sus vecinos, el que habían cogido prestado. Daniel hizo una mueca de rabia y entró en él.
-¿Para que mierda uso un palo con tres picos si los puedo atropellar?-, la rabia hizo que el miedo que sentía pasase desapercibido, agarró las llaves y arrancó el coche, luego maniobró hasta tener frente a él al grupo que le había estado persiguiendo y que ahora parecía estar replanteándose la nueva situación.
Sandra no se había ido, ni tenía pensado marcharse, si había estado disparando era para despejarse el camino ya que a medida que se iba alejando del furgón iban apareciendo más cadáveres caminantes y no quería quedar acorralada. De vez en cuando dejaba que uno de ellos se le acercase, podía manejarlos a patadas o puñetazos, eso no le suponía ningún problema, pero la espalda debía tenerla despejada.
Utilizaba cualquier tipo de obstáculo para separar al grupo, un coche o hasta un contenedor de basuras le servía si lograba que uno de ellos cogiera por el lado contrario al resto del grupo, lo que le hacía ganar a ella el espacio y el tiempo suficiente para acabar con el rezagado con un mínimo de tranquilidad. Por eso en pocos minutos su grupo estaba reducido a menos de la mitad, aunque eso a los muertos andantes no parecía impresionarles.
Daniel seguía empeñado en que Sandra terminaría por marcharse sola, dejándoles tirados a los tres, así que embistió a los zombies poniendo toda su rabia en ello, como si así el coche fuera a hacer más daño.
Fue un estropicio, no solo de huesos y piernas rotas, el Audi también se llevó lo suyo, perdió los espejos laterales y se le rompieron las luces delanteras, aunque eso a Daniel le dio igual, puso la marcha atrás y pasó otra vez por encima del grupo de muertos vivientes dando pequeños botes en el interior del coche, miró hacia el exterior y vio que aún se movían.
-Pues nada, demos un paseo-, los arrolló de nuevo y hubo más rupturas de huesos además de explosiones de cráneos y cajas torácicas que se aplastaban bajo el peso del vehículo.
Daniel no se detuvo hasta que dejó de ver movimiento en el amasijo de huesos y tripas putrefactas. Luego miró al pequeño grupo que había permanecido impertérrito a lo que pasaba a su alrededor.
-¡¿Qué demonios, están comiendo?!-, salio del coche sin cerrar la puerta para hacer menos ruido y se acercó a ellos con lentitud, aún así pudieron oírle pero para cuando el primero de ellos se hubo girado, el zombie a su izquierda perdió la cabeza a causa de un potente martillazo, el siguiente martillazo solo golpeó de refilón al segundo zombie, que se giró con cierta rapidez, pero que quedó inmovilizado contra el furgón con el tridente de Daniel.
-¡Venga, vamos!-, llamó al tercero, arrancó el tridente del pecho del segundo y con rapidez inusitado lo hundió en el cráneo del mismo con precisión casi quirúrgica.
Volviendo a arrancar el arma de la cabeza del zombie, Daniel retrocedió lateralmente, no quería acabar cayendo sobre el montón de cadáveres aplastados.
-¡ven imbécil!-, y como si fuera una especie de sapo gigantesco o algún tipo de gato loco, el zombie agazapado se arrojó contra Daniel, que se movió a un lado y utilizó su arma para desequilibrar a su enemigo que cayó de costado.
-Ya sé que lo he dicho antes, pero esto es tan fácil que da hasta miedo-, y terminó con el derribado zombie con un movimiento seco de su arma.
-¡Eh!- gritó Daniel llamando la atención de Eva y su compañero, -¿veis a una mujer desde ahí arriba?, debería estar...
-¿Una mujer?-, exclamó Eva.
-Sí, como yo-, dijo Sandra apareciendo desde detrás de una esquina, caminaba con seguridad a pesar de estar manchada de sangre.
-¿Te... te han?... -, preguntó Daniel con preocupación.
-Tranquilo, no es mía-, Sandra vio la asquerosa pasta en la que había quedado convertido el grupo de Daniel y le miró con repugnancia.
-¿Que coño has hecho?-, él la miró con la boca abierta, no sabía si era conveniente decir lo poco que había confiado en ella así que dijo; -Entré en «enrage».
El furgón aún funcionaba, apenas era capaz de girar pero fueron capaces de aparcarlo junto a la casa de Daniel ya que Eva y su compañero querían descargar algunas cosas bastante pesadas.
Durante el proceso de descarga Sandra ayudó a Daniel a meter una pesada caja y aprovechó para preguntarle por el frío reencuentro con Eva, «es todo muy complicado» exclamó.
Una vez todos dentro de la casa aseguraron mejor puertas y ventanas lo que les llevó toda la mañana, tras lo cual llegaron las presentaciones.
Todos estaban en el salón, Daniel sentado en el sofá junto a Sandra y Susana que se había sentado en el reposabrazos junto a él, frente a ellos estaban Eva y el hombre negro.
Eva era una mujer un poco más alta que Daniel aunque no lo suficiente para resultar incómodo para ninguno de los dos, de ojos verdes cansados pero hermosos y de pelo largo y negro que ahora llevaba recogido en una trenza. Era una chica de complexión atlética, aficionada al deporte y a la aventura tenía una bonita figura de músculos definidos aunque sin que eso le hiciera perder feminidad, una de las fantasías de Daniel era que ella se disfrazase de Lara croft, aunque nunca se lo llegó a confesar.
El hombre, por su parte, era un tipo larguirucho de pelo muy corto, era de complexión delgada y ágil, su mirada era intensa y en cierta manera agresiva, seguramente era una simple pose para no demostrar lo asustado que estaba en realidad.
-Bueno... ellas son Susana, amiga de Elena... no sé si recordarás a la chica que vivía aquí al lado. Mi otra compañera de fatigas se llama Sandra, vigilante de seguridad, y utiliza las armas mejor que nadie, y bueno chicas... esta es Eva, mi chica-, Daniel sonrió no muy convincentemente y luego le pasó el turno a su novia.
-Pues nada, yo soy Eva como acaba de decir Daniel, y este chico es Sebastian, compañero del pobre hombre que ha quedado ahí fuera.
-¿Compañeros?, ¿compañeros en plan gay quieres decir?, has de saber que tengo una mentalidad muy abierta, pero he de añadir a eso que a mi no me va esas cosas, o sea... que soy «hetero» quiero decir- Dijo Daniel un tanto azorado y casi tropezando con las palabras.
-Lo tendré en cuenta-, dijo el otro hombre mirando a Daniel entre confundido y extrañado.
-Compañero de trabajo... Sebastian es cámara de televisión o bueno lo era... y bueno, Nacho era... - Eva no pudo continuar, aquella conversación resultaba tan superflua como absurda.
-Está bien, de ser tres hemos pasado a ser cinco... ¿qué haremos ahora?-, preguntó Daniel.
-¿Hacer?, ¿a qué te refieres con «hacer»?, yo no pienso «hacer» nada tío-, dijo el tal Sebastian.
-Daniel tiene razón, somos muchos y no tenemos demasiada comida, a menos que esas cajas que habéis traído estén llenas de latas.
-No-, exclamó Eva con seriedad. -La mayor parte son herramientas de trabajo, hay cintas grabadas, baterías para las cámaras y cosas así... bueno puede que hayan un par de latas y dos garrafas de agua, pero poco más, de no haber llegado aquí mañana estaríamos sin comida-, terminó de decir.
-¿Qué... qué hay en esas cintas, qué habéis grabado?-, preguntó Susana que hasta ahora había permanecido en silencio.
-Nada que una niña de tu edad deba ver-, le contestó Eva en tono cortante.
-Claro, por supuesto... olvidé que estuve en una isla paradisiaca durante las últimas semanas- Daniel asintió.
-Susana tiene algo de razón ciertamente, aunque si en tus cintas no hay nada que nos enseñe algo que no sepamos no creo necesario el verlas- dijo, y alzó las cejas al ver que Eva lo miraba con suspicacia.
-¿Acaso crees que hemos recorrido medio mundo cargando con estas cintas porque son un recuerdo de nuestras vacaciones en África?.
-Bueno... ¿quién sabe?, siempre que ibas de viaje te llevabas un buen número de maletas-, bromeó Daniel aunque sin sonreír.
-No es este el caso-, dijo Sebastian interviniendo en la conversación. -Tenemos tanto fotos como vídeos sobre como empezó todo en Sudán. Aunque he de admitir que la mayoría de las fotos las hizo Ismael, el compañero de Eva.
-Sí bueno, todo parece muy interesante-, exclamó Sandra aparentemente aburrida -pero creo que deberíamos replantearnos que es lo que vamos a hacer ahora. Realmente me importa muy poco como comenzó todo esto si no nos sirve para eliminar el problema, ¿me equivoco?-, Susana asintió en silencio mientras los demás miraban a la mujer sin decir nada.
-Lo que Sandra quiere decir es que ahora somos cinco, y que si pensáis quedaros aquí debemos organizarnos de alguna manera, debemos conseguir alimentos y...
-¿Quedarnos aquí?, ¿ese es tu plan?-, le interrumpió Eva.
-Hasta ahora nos ha ido bien-, dijo él.
Eva se levantó de su asiento y miró indignada a Sebastian que se encogió de hombros sin saber que decir.
-¿No te lo dije?, ¿no te dije que mi novio estaría sentado en su sofá esperando a ver que dan en las noticias?, el hecho de que esté acompañado ya es sorprendente por si solo-.
-¡Uy, uy, uy!, yo creo que esto se va a poner bastante feo-, exclamó el cámara -¿Me podéis dar algo de comida caliente?, estoy harto de latas frías-, Susana se levantó sonriendo e hizo una señal al hombre para que la siguiese.
-Yo voy a ver si hay señal de mi hermano-, dijo Sandra y se marchó con calma.
-Así que no tienes ningún plan-, dijo Eva volviéndose a sentar.
-¿Plan?, ¿qué plan?, ¿para qué hay que tener un plan?-, preguntó Daniel. -Me vale con sobrevivir. Hoy mismo íbamos a ir al centro comercial a recoger ciertas cosas que pensamos podrían resultarnos útiles, y no solo alimentos sino semillas y algunas herramientas. De hecho quiero coger algo de equipo de campaña, mochilas, sacos de dormir cantimploras y esas cosas ya que es posible que en un par de días tengamos que ir a recoger al hermano de Sandra, y nunca está de mas el ir preparado-, Eva se quedó mirando a Daniel en silencio con gesto sorprendido.
-Bueno... eso para ti es todo un plan, pensaba que te quedarías aquí hasta que te quedaras sin comida para luego ir saqueando las casas de tus vecinos-, dijo ella riendo sin ganas.
-Así es como encontré a Susana.
-Susana es la cría, ¿no?-, Daniel asintió.
-¿Y no habéis contactado con nadie más?, no puedo creer que toda la ciudad haya caído.
Daniel negó en silencio pero luego alzó un dedo y habló en voz baja -Al parecer Susana ha podido contactar con su novio- Eva sonrió con ironía.
-¿Con trece años y ya tiene novio?.
-Sí bueno, ¿no iras a decir que tú a su edad no flirteabas con chicos... y tiene doce años, no trece.
-Mejor me lo pones, pienso que a su edad... - Daniel hizo un gesto impaciente para que Eva se callase a lo que ella contestó encogiéndose de hombros.
-Esa no es la cuestión-, exclamó él casi susurrando -Ella espera que en algún momento dado vayamos a buscarlo.
-Yo no veo ningún problema- Daniel la miró contrariado.
-No es por nada, pero es de suponer que el chico está con sus padres, lo que haría un mínimo de tres personas más... ¡no hay sitio donde ponerlos!.
-No seas tonto, nadie pretende que acojas en tu casa a toda la ciudad, ¿no has visto como está la calle?.
-Pues claro, llena de cadáveres aplastados y muertos...
-¿Y eso significa... ?-, el rostro de Daniel se iluminó casi como si los reyes magos le hubiera traído el regalo que había pedido.
-Las casas deben estar vacías, o al menos en su mayoría.
-Pienso que deberíamos averiguar cuantos supervivientes hay si es que queda alguno, no creo que todos esos muertos andantes fueran nuestros... tus vecinos.
-Si, creo que incluso vi al cartero, pero ¿que pretendes hacer con los supervivientes?.
-Asegurar la zona. Podríamos... podríamos cerrar un par de calles, poner vigías, si quieres sembrar comida podríamos usar los jardines, aquí todas las casas tienen aunque sea uno pequeño. Créeme, es lo mejor que podemos hacer-, Daniel miró a Eva entre maravillado y asustado, a él jamás se le habría ocurrido aquello, mas que nada porque lo único que le importaba hasta ahora era su propia supervivencia, por ese mismo hecho se habría negado a llevar a cabo ese plan, pero ahora tenía a Susana a su cargo, y aunque no quería admitirlo eso hacía que todo cambiase.
-A las afueras de la ciudad, cerca del centro comercial, venden material de construcción, aunque deberíamos «pillar prestado» un camión, me gustaría hacer los menos viajes posibles-, Eva sonrió encantada y añadió; -De eso nos preocuparemos luego, creo que primero debemos averiguar si queda alguien vivo por aquí, ya que si no queda nadie es inútil hacer planes.
-De acuerdo, ¿como lo hacemos?.
Mientras Eva y Daniel charlaban en el salón, Susana le calentaba a Sebastian media pizza congelada que sobró de la noche anterior.
-Perdona, pero es que Daniel dice que hay que aprovecharlo todo, y unos canelones a estas horas de la mañana no creo que te vayan a sentar bien-, se excusó ella.
-No te preocupes pequeña, me da igual que me des un café sin azúcar con tal de que esté caliente-, sonrió el hombre.
-Pues tienes suerte, café hay, y recién hecho-, Sebastian se sentó frente a la mesa de la cocina con ansiedad diciendo; -Damedamedamedamedame... - Susana sonrió y le tendió una taza limpia y la cafetera llena.
-No recuerdo cuando fue la última vez que tomé un café caliente.
-Sebastian no es un nombre africano, ¿verdad?- preguntó ella con tanta ingenuidad como curiosidad.
-Que yo sepa no, pero claro, no soy africano así que puedo estar equivocado.
-Ah, yo... esto-, Susana quiso disculparse con la mirada pero Sebastian le quitó importancia al asunto con un sutil gesto de su mano.
-Tranquila, no pasa nada. Soy tan africano como Justin Bieber, por cierto ¿habrá sobrevivido?.
Cuando la pizza estuvo lista Susana la sacó del microondas y se la pasó a Sebastian sentándose a su lado.
-¿Puedo hacerte una pregunta?-, Sebastian sonrió.
-¿A cambio de pizza y café calientes?, te daría hasta mi cartera... si no la hubiera perdido claro.
-¿Que hay en esas cintas?- Sebastian detuvo su mano justo antes de que la pizza tocase sus labios.
-Me parece que eres demasiado morbosa. En esas cintas no hay nada que debas ver.
-Mi madre y mi mejor amiga intentaron morderme, Daniel las mató ante mis propios ojos, vi a la madre de mi mejor amiga comiéndose a su propio hijo, y era tan solo un bebé... ¿que dices que hay en esas cintas?-, el tono de voz de la niña dejó helado a Sebastian.
-Lo... lo siento. Olvidé que esta mierda nos está pasando a todos. Pero de todas formas lo que hay en esas cintas solo debemos mostrarlas a las autoridades.
-¿Autoridades dices?-, Sebastian asintió -¿A la policía, al ejercito, al FBI a la CIA la Interpol?... ¿esa clase de autoridad?- Sebastian volvió a asentir con la cabeza -Yo tendré doce años, pero creo que en esta casa hay gente más ingenua que yo-, agarró un trozo de pizza del plato de Sebastian y le dio un mordisco. -Te dejo con tu desayuno, voy al piso de arriba.
-¿Crees que esta es la mejor manera?-, preguntó Daniel.
-No, pero supongo que es mejor que ir de casa en casa.
-Yo definitivamente voto por ir de casa en casa, me parece más seguro.
-Ni de coña.
-¡Hey, vosotros dos!, ¿estáis seguros de lo que vais a hacer?-, preguntó Sebastian desde detrás de la pareja.
-Yo no demasiado, la que manda aquí es la señorita «experta en contactar con supervivientes en un apocalipsis zombie».
-No bromees con esto-, dijo ella con seriedad.
-Repito lo que dije abajo-, exclamó Susana que los observaba divertida. -Yo solo tengo doce años...
-¿De verdad se van a poner a gritar desde la azotea?-, preguntó Sandra con aire preocupado -Eso puede atraer a los muertos.
-Si Sandra, ya hemos tenido eso en cuenta, pero bueno algo hay que hacer ¿no?.
-Yo voto No-, dijo Sandra con Sorna.
-¿Las menores podemos votar?, a mi no me parece la mejor manera de buscar supervivientes.
-Coincido con la adolescente metomentodo-, bromeó Sebastian ganándose un codazo por parte de Susana.
-Bueno, deberíamos empezar digo yo-, exclamó Daniel.
-Sí, cualquier momento es bueno para...
Todos se encontraban en la azotea, Eva y Daniel habían subido corriendo y los demás les persiguieron a toda velocidad, Susana había temido que fueran a realizar algún tipo de suicidio romántico o algo así, casi se sintió aliviada al escuchar el absurdo plan de la pareja. Estaba bien que quisieran encontrar supervivientes y todo eso, ¿pero había que hacerlo a gritos?, eso iba en contra de lo que Daniel le había estado inculcando, mantener un perfil bajo y esas cosas, pero bueno, parece ser que con la llegada de Eva las cosas iban a cambiar bastante por allí.
-Un momento-, Eva estaba examinando los alrededores con unos prismáticos, parte del material de Sebastian - Haced señales en esa dirección, puede que hayamos encontrado algo sin necesidad de gritar.
-Espero que sea verdad, repito que no me hace ninguna gracia este plan.
Sebastian y Susana comenzaron a agitar sus brazos como quien saluda a un avión que no puede verte, Sebastian incluso se arriesgó a lanzar un potente y agudo silbido que hizo girarse a la figura que Eva había visto.
-¡Bingo!-, dijo ella -Nos devuelve las señales.
-Espera, tengo que comprobarlo, desde aquí parece que tuviera un ataque de epilepsia-, exclamó Daniel arrebatándole los prismáticos a Eva.
Enseguida pudo enfocar la azotea en cuestión, debía estar a unas cuatro o cinco calles al sur. Era la figura de un hombre grueso, parecía tener barba y pelo descuidado aunque no parecía enfermo ni herido, hacía señales vigorosas en su dirección. De pronto sin razón aparente desapareció, Daniel temió que hubiera salido por si solo a su encuentro, pero a los pocos segundos regresó.
-¡Son tres, no cuatro!, ¡una puta familia entera!, no lo puedo creer.
-Es normal, si hasta tú fuiste capaz de sobrevivir. No se de qué te asombras-, exclamó Eva.
-Bueno, hemos de ir a por ellos-, dijo Daniel.
-Yo quiero ir-, dijo Susana.
-No pequeña, este es trabajo para hombres-, dijo Sebastian en tono viril, pero bajó la mirada cuando Eva y Sandra le miraron incrédulas e indignadas.
-¿Te recuerdo lo del aeropuerto?.
-No señora, no es necesario estoooo, ¿que mal se toman por aquí las bromas machistas eh?-, exclamó con fingida alegría para relajar el ambiente.
-Si he de escoger prefiero que venga conmigo Sandra, sabe pelear y utilizar armas... prefiero que Susana se quede aquí, aunque se de lo que es capaz en situaciones desesperadas, prefiero tenerla «asegurando el fuerte», y de vosotros dos... - Miró a Sebastian y a Eva sin saber que decir, del chico negro no sabía nada y de Eva... en realidad era bastante posible que el mejor equipo posible en aquel momento era el formado por las dos mujeres adultas, pero precisamente por eso prefería que Eva se quedase en la casa, quería que se quedase alguien competente por si surgía alguna emergencia.
-Bueno, regresamos en breves minutos-, todos bajaron al piso inferior discutiendo las razone y motivos por los cuales cada uno de ellos debería ir a rescatar a aquella familia, excepto Sandra que permanecía callada, pero solo hasta que estuvieron ante la puerta discutiendo casi a voces.
-Yo me quedo-, todos la miraron incrédula.
-¿Qué?- preguntó Daniel.
-Que me quedo, que te acompañe tu novia si quiere- dijo con seriedad.
-¿A que viene esto ahora?-, eres la mejor tiradora y una luchadora excelente.
-No tenemos más balas, tuve que gastar las pocas que teníamos cuando ellos llegaron, lo siento era eso o morir-, Daniel asintió.
-De acuerdo te entiendo, pero aún sigues siendo la que mejor lucha y...
-Déjalo Daniel, no iré, he decidido no ir a rescatar a nadie hasta que tenga aquí a mi hermano, eso es lo que hay. Me hiciste esperar cinco días para ir a por mi hermano y ahora pretendes que salga corriendo por una familia a la que ni conozco, creo que algo no funciona en esta ecuación.
-En eso Sandra tiene razón-, dijo Susana -pero también es verdad que en esos cinco días no has podido contactar con tu hermano, ¿o sí?-, terminó añadiendo la niña.
-Está bien, yo iré contigo, sabes que soy capaz de pelear así que dame un arma y listo-, exclamó Eva con seguridad.
-De acuerdo, no discutiremos esto ahora, hay vidas en juego, luego decidiremos qué hacer con lo de tu hermano-, dijo en voz baja Daniel que no tenía ganas de discutir.
A pesar de que el cielo lucía azul y sin ninguna nube en toda su inmensa extensión, en la calle hacía un frío horrible, a pesar de ello ninguno de los dos se abrigó demasiado, tenían planeado que fuera un viaje corto y rápido y solo habían considerado imprescindibles las armas de mano, Eva tenía a un lado el famoso «bate de la suerte» y Daniel había soltado en la parte trasera a su recién bautizado «Tridente Antizombies», no es que fuera un nombre especialmente original pero es que aquel día no tenía muchas ganas de pensar, las cosas se estaban complicando, y bastante.
-Nunca pensé que tendrías a una cría en tu casa-, dijo ella en tono divertido una vez solos dentro del Audi. -Siempre decías que odiabas a los niños.
-Primero que nada, «nuestra» casa, puedes decirlo sin miedo. Yo no recuerdo que nos peleáramos, o al menos nunca fue mi intención. Y segundo... bueno, es cierto que no soporto a los críos pero no podía dejarla sola en esa casa, con cuatro zombies detrás de ella, incluso Elena que era su mejor amiga intentó comérsela...
-Ya bueno, tampoco me interesan demasiado las vidas de tus dos acompañantes, hay algo que me interesa más- dijo ella interrumpiéndole.
-¿El qué?-, preguntó Daniel poniendo en marcha el coche.
-¿Intentaste buscarme?, ¿ponerte en contacto conmigo? ¿algo?-, Daniel suspiró hastiado, necesitaba estar concentrado por si se cruzaban con alguna avalancha de zombies y pensar en su relación con Eva no era lo mejor para él en aquellos momentos.
-No demasiado, ¡¿que quieres que te diga?!. Te habías ido a África, Sudán por Dios que está en el quinto pepino. No sabía si estabas en medio del Sahara o en una revuelta o vete tú a saber que lío, y encima va y nos cae encima esta pedazo de mierda, zombies, zombies everywhere. ¿Acaso piensas que no quise coger un avión e ir a buscarte?, o incluso...
-Bastaba con que me llamases, un simple mensaje habría bastado-, Daniel la miró incrédulo y casi estuvo a punto de chocar con un coche mal aparcado.
-¿Y tú no podías llamar?, ¿porque se supone que siempre he de ser yo el que de su brazo a torcer?.
-Tú nunca has dado tu brazo a torcer- Hicieron el resto del viaje en silencio y la verdad era que aquella discusión les había quitado el entusiasmo de haber encontrado más supervivientes, Daniel ni siquiera se sentía con ánimos para luchar.
-Mira por la ventana, debemos estar cerca-, dijo Daniel al cruzar una calle llena de cadáveres. Los dos dieron pequeños botes dentro del coche al atropellarlos.
-¿De verdad tenías que pasar por encima de ellos?.
-Tranquila... los amortiguadores aguantarán-, y entonces Eva los vio, sonrió durante unos segundos al ver que toda la familia agitaba los brazos llamando su atención, pero la sonrisa se le borró de la cara al ver que tras la esquina la calle estaba atestada de comedores de carne humana.
Daniel detuvo el coche para meditar lo que iban a hacer. -¿De verdad puedes quedarte aquí parado sabiendo que nos pueden ver en cualquier momento?-, preguntó ella aterrorizada, y eso fue suficiente para encender la bombilla de Daniel.
-De hecho es lo que quiero-, dijo abriendo la puerta del conductor -Haz que te sigan, no vayas demasiado rápido o dejarán de hacerlo, da la vuelta a la manzana, te estaremos esperando- se inclinó tanto sobre Eva que ella pensó que la iba a besar, se sonrojó como una colegiala cuando vio que lo que él quería era coger su «Bate de la Suerte».
-Pero... pero... ¿por qué tienes que bajar?.
-No seas tonta, ellos no conocen nuestro plan- bajó del coche y corrió agachado hasta detrás de una esquina, miró bajo un coche y al verlo libre se escondió debajo.
-No me refería a eso idiota-, contestó Eva cuando él ya se había bajado del coche. Sin saber realmente que hacer tocó el claxon para llamar la atención de los zombies que la escucharon enseguida.
-Muy bien, ahora tranquilidad-, se dijo al ver como aquella masa de cadáveres vivientes caminaba hacia ella. Le desconcertó el hecho de que algunos casi parecían poder correr, se movían con cierta agilidad que casi les hacía parecer vivos y eso hizo que un angustioso nudo surgiera en el fondo de su garganta.
La diferencia de velocidad entre unos zombies y otros era tanta, que Eva no sabía que hacer, los veloces no ganarían ninguna olimpiada, pero los lentos necesitarían casi el doble de tiempo para alcanzarla que los rápidos, y aunque el Audi era un coche recio no quería verse rodeada de aquellos apestosos, así que hizo lo único que podía hacer... atravesar la calle.
En lugar de hacer que los zombies la siguieran hacia el sur doblando la esquina, ella doblaría la esquina conduciendo hacia el oeste, de paso podía atropellar a algún que otro muerto y dejar así mejor camino para Daniel.
-Maldito tú y tus planes de niño de ocho años-, exclamó enfilando el coche. -Bueno nenes, no digo que la carretera sea mía, pero si no camináis por la acera no es culpa mía si os atropello.
Ante la asombrada mirada de Daniel, Eva arrolló la multitud de jadeantes muertos haciendo que saltaran por los aires lo mismo precisamente que él había hecho aquella misma mañana.
-Mierda, así nos quedaremos muy pronto sin coche-, susurró, aunque tuvo que reconocer que no era del todo un mal plan, se habían roto bastantes brazos y piernas como para que la mayoría de zombies no pudieran casi ni caminar, y los que habían quedado ilesos la persiguieron con rostro fiero.
-Bien por ti nena-, exclamó Daniel satisfecho aunque algo preocupado.
Lenta pero segura, Eva fue alejándose calle abajo y cuando el último zombis que la perseguía desapareció tras las esquina Daniel salió a rastras de su escondite sonriendo casi con alegría, al sacar las piernas de debajo del coche sintió que se engancharon con algo miró hacia atrás y ahogó como pudo un grito de horror. Mientras él había permanecido oculto debajo del coche y sin que se diera cuenta, dos zombies habían salido de a saber tú donde y caminaban en dirección al Audi, al menos hasta que lo vieron a él.
El primer zombie se arrojó sobre Daniel sin darle tiempo a reaccionar, solo fue capaz de utilizar su arma como barrera entre él y los dientes de su enemigo, sintió nauseas al ver esa boca oscura y deforme ser destrozada por los largos clavos de su bate, los dientes amarillos cayeron sobre su pecho manchándole la ropa de un líquido rojizo y viscoso que un día fue sangre.
El segundo zombie se acercaba gimiendo con desesperación aunque no con suficiente fuerza como para atraer la atención de otros zombies aunque ya era suficientemente preocupante estar tirado en el suelo con un muerto viviente a punto de morderle el cuello mientras otro se le acerca a menos de dos metros.
-Esto... no... está... bien-, exclamó sin saber si iba a ser capaz de salir de aquello.
Eva seguía su lento avance casi con desesperación, a medida que iba conduciendo por aquellas calles, más y más muertos vivientes se iban sumando a su cabalgata, algunos surgían y se acercaban repentinamente para golpear el coche con palos y piedras sin que ella fuese capaz de esquivar el ataque, para compensar esos sustos atropellaba a todo aquel que se pusiera en su camino, no ganaba nada especial con eso, pero le hacía sentirse algo más tranquila.
Ya llegaba a la primera esquina, giró con lentitud y quiso morirse al ver que la calle estaba totalmente tomada por los muertos vivientes.
-¡Pero esto no puede ser!- gritó -¿De donde vienen?-, esta vez no podía arriesgarse embistiendo contra ellos, eran demasiados y podría perder el control del coche. Casi deseó haberlo hecho cuando por un segundo los gemidos cesaron, todos giraron la cabeza hacia ella casi al unísono ¡y se lanzaron contra el coche a toda velocidad!.
Daniel se las ingenió para agarrar del cuello a su atacante evitando sus dientes gracias al bate, y sabiendo que eso podía costarle la vida arrancó su arma del rostro del muerto para seguidamente sin darle tiempo a contraatacar golpearlo con las pocas fuerzas de las que era capaz en aquella incómoda posición.
-¡Muere hijo de puta!-, para su fortuna, en el tercer o cuarto golpe, los clavos de su bate pudieron atravesar el ablandado cráneo del muerto dañando su cerebro lo suficiente para hacer que dejara de moverse, no así su compañero que se acercaba a Daniel con ansia.
-¡Sí venga!, inténtalo tú también!-, Daniel se arrastró de espaldas hasta llegar a una distancia prudente y así poder levantarse.
Se giró por un segundo, miró hacia la azotea donde estaba la familia a la que habían ido a recoger.
-¡Bajen por Dios!, ¡bajen de una vez!-, todos desaparecieron de la azotea ante sus gritos, esperó que le hicieran caso ya que no pensaba esperarlos mucho.
Durante esa breve distracción el segundo zombie se abalanzó contra él, pero por fortuna para Daniel la agilidad de un muerto viviente es bastante deplorable, el muy apestoso tropezó con el cadáver de su compañero ofreciendo un blanco perfecto para Daniel.
-¿Serás idiota?-, le hundió el «Bate de la Suerte» hasta el cerebelo.
Y entonces todo sucedió con mucha rapidez. Se escuchó un frenazo y un derrape, el ruido de un motor acelerando y el de una puerta abriéndose. Eva regresaba por el mismo camino que había venido, pero esta vez perseguida por una horda de cadáveres andantes que podían correr a una velocidad no muy alta pero suficiente para alcanzar a un humano que no tuviera mucha resistencia.
-Oh, oh-, exclamó, Eva iba demasiado deprisa.
El ruido de la puerta abriéndose provenía de la casa del hombre gordo, de ella salieron dos personas adultas, bastante gruesas los dos, la mujer llevaba en brazos a un crío también rechoncho, por último salió una niña de no más de once años y sorprendentemente esbelta.
Todos corrieron en dirección hacia Daniel, justo en la trayectoria que llevaba Eva.
-¿Crees que tardarán mucho?-, preguntó Susana. Estaba jugando con Sebastian a las damas mientras este miraba nervioso su reloj cada pocos segundos.
-Ya deben estar de vuelta nena, no te preocupes.
La mujer gorda vio como el Audi se abalanzaba sobre ella a toda velocidad, pero el horror de su mirada iba más allá, iba hacia lo que venía tras el coche, toda esa horda de seres repugnantes y hambrientos que la devorarían en escasos segundos si tenía la mala suerte de tropezar y caer...
¡zas!, dicho y hecho. Su tobillo izquierdo no fue capaz de soportar el peso de su enorme cuerpo y se dobló con un chasquido haciéndola caer de bruces sobre el asfalto donde su rechoncho cuerpo pareció rebotar, hizo un intento de proteger a su hijo, pero la gordura y la agilidad casi nunca han ido juntas, así que lo único que logró fue que el cuerpo de su hijo se le resbalase de entre sus gruesos dedos y golpeara dúramente contra el suelo.
Eva vio derrumbarse a la mujer casi a cámara lenta, quizá fue por la adrenalina o porque una mujer de aquella talla no podía caer a velocidad normal. La cuestión es que también fue capaz de ver el bulto que resbaló de las manos de dicha mujer, «¡Dios!», pensó «espero que no sea su hijo».
La mujer gorda había resbalado hasta casi el centro de la calle Eva no tenía espacio para frenar a aquella velocidad, así que no le quedó otra que esquivarla derrapando para no chocar contra la esquina.
-¡Cuidado!-, justo en el momento menos oportuno apareció Daniel, cuando el Audi ya había empezado a derrapar y Eva no podía controlarlo.
-¡Mierda, quita de ahí!-, le gritó ella desde el interior del coche.
La parte trasera del Audi chocó con la delantera del coche en el que Daniel había estado escondido, trozos de cristal, plástico y metal saltaron por los aires, luego el Audi dio un giro extraño y chocó de lado con un coche aparcado en la otra acera.
Daniel estaba tirado en el asfalto, le sangraba la frente pero vivía, era consciente de todo. Pudo ver a la mujer gorda intentando levantarse, llamando a su marido, que tras un par de inútiles esfuerzos dio a su mujer por perdida y corrió hacia donde estaba Eva. ¡Dios cuanto le dolía la cabeza!. Aún estando en un estado de casi inconsciencia fue capaz de escuchar los crujidos de huesos y el sonido le la carne al ser arrancada de los huesos, oía perfectamente los gritos de la mujer gorda que pedía ayuda mientras era devorada viva mientras, a pocos metros alguien le abría el esternón a su hijo.
-Nooo-, gimió al ver que algunos de aquellos miserables sucios y andrajosos caminaban hacia él. -Nooo-, se dijo a si mismo mientras se ponía en pie a duras penas y se tambaleaba.
Intentó correr pero solo consiguió tropezar y caer otra vez.
-Mal.. .maldita sea, si parece que estoy borracho-, exclamó sin fuerzas para levantarse, y entonces una mano fría y huesuda le agarró del tobillo izquierdo.
«Se acabó», pensó. Escuchó un extraño sonido, algo así como un crujido y luego alguien le cogió de la mano.
-¡Vamos levanta!-, le gritaba, pero él estaba tan confundido que ni siquiera reconocía el rostro de aquella mujer, no al menos hasta que clavó su mirada en los ojos de ella.
-Eva... - balbuceó alzando sus manos para acariciarle el rostro.
-No tenemos tiempo para esto-, dijo ella ayudándole a levantarse.
-Yo... esto... ¿donde...?.
-Calla y corre-, le dijo ella tirando de él mientras les perseguía la marabunta zombie.
Daniel se sentía algo mareado y confundido, recordaba que la humanidad se había ido a la mierda, que los muertos se habían levantado y todo eso, recordaba a Susana y a Sandra, así como el breve recuerdo de que Eva había llegado a su casa, pero no tenía la más mínima idea de qué hacían en aquella calle ni por qué ahora habían un gordo y una niña sentados en la parte trasera del Audi.
-Yo conduzco-, dijo ella con calma.
Como no tenía intención de que los zombies acabaran encontrando la casa de Daniel, Eva dio un pequeño rodeo para confundir a los muertos, una vez satisfecha puso rumbo a la casa.
Dejó el maltrecho Audi en medio de la calle y todos salieron corriendo, Eva acompañó a Daniel ya que parecía confundido.
Susana les abrió la puerta nada mas escuchar el ruido del motor, detrás de ella estaba Sebastian con cara de pocos amigos.
Sandra estaba sentada en el salón, con el botiquín preparado, por si acaso.
-¡No!, Daniel está herido-, exclamó Susana, a la que enseguida se le inundaron los ojos de lágrimas. -¡Dios que no le hayan mordido!-, rezó.
-Tranquila, parece que es solo un golpe.
-¡Paso, paso!-, exclamaba Eva para abrirse paso y tanto Susana como Sebastian les dejaron pasar. Tras ellos entraron el hombre gordo y la niña, que lloraba sin parar.
Sentaron a Daniel en el sofá y Eva se ocupó de sus herida que afortunadamente no parecían ser graves.
-Está siendo una semana interesante-, dijo Daniel.
-¿Estas bien?-, preguntó Susana en tono muy preocupado.
-Sí tranquila, solo ha sido un porrazo de los tontos.
-Bueno no tan tonto, casi lo atropello con el coche-, dijo Eva mojando una gasa con agua limpia -si no llega a saltar le habría dado de lleno-, aunque lo decía con tono de reproche las lágrimas en los ojos de Eva denotaban lo preocupada que había estado.
Mientras el hombre gordo y la niña se presentaban al resto del grupo, Eva no pudo evitar recordar el momento justo en que casi atropella a Daniel. Lo habría aplastado contra el otro coche, ese en el que se había escondido, y todo por querer derrapar. Por fortuna Daniel fue capaz de saltar y evitar el atropello aunque fue empujado mientras aún estaba en el aire cando el Audi rebotó. Eva fue vagamente consciente de que algo había chocado con la parte derecha trasera del Audi, se le heló la sangre cuando vio a Daniel tirado en el suelo en el centro de la calle, al alcance de aquellos asquerosos malditos come carne.
No pudo evitar salir del coche a por él en cuanto este se detuvo.
Cayó la noche, a Daniel le dolía horrores la cabeza y el hombre gordo no paraba de hablar, no paraba de darles las gracias por recogerles porque hacía días que no tenían comida... eso cuando no se estaba lamentando de la perdida de sus esposa e hijo, lo cual curiosamente no le impedía seguir comiendo. Se llamaba Rafael y tenía unos ojos pequeños e inexpresivos, nadie diría que llevaba varios días sin comer.
La pequeña tenía por nombre Beatriz, era de aspecto pequeño y frágil y aunque resultaba que tenía la misma edad que Susana aparentaba ser más pequeña, tenía el pelo rubio a la altura de los hombros y voz aguda y pajaril, a nadie le sorprendió descubrir que en realidad no era hija del matrimonio obeso, sino su sobrina.
Mientras los demás cenaban, Daniel subió a tomarse un baño tranquilo y relajante, pensando que quizá sería uno de sus últimos baños «tranquilos y relajantes», cuando iba a echar el pestillo de la puerta Eva se lo impidió.
-Voy a darme un baño.
-¿Y desde cuando ha sido eso un problema?-, Daniel la dejó entrar sin ofrecer resistencia y se desnudó en cuanto la puerta estuvo cerrada.
-¿Siempre te desnudas antes de llenar el baño?.
-Si vas a empezar con tus preguntas capciosas puedes marcharte cuando quieras-, Eva realizó un gesto sobre sus labios cerrando una simbólica cremallera.
Mientras esperaba que el baño se llenase Daniel se puso su albornoz, no por vergüenza, hacía un frío que pelaba.
-¿Que tal estás?-, preguntó ella finalmente.
-Pues bueno, todo lo bien que se puede estar en esta situación ¿y tú?.
-Mal, como todo el mundo. No te puedes imaginar lo mal que lo hemos pasado para llegar hasta aquí, en... en el aeropuerto...
-Lo siento, de verdad que lo siento Eva, pero me duele demasiado la cabeza como para hablar de eso ahora. Deja al menos que me regodee esta noche de haber rescatado con vida a dos personas.
-Bueno... yo diría que en realidad os rescaté yo a los tres pero bueno.
-Es posible-, dijo él -pero la realidad está creada por nuestra percepción así que lo que yo perciba va a misa-, exclamó en broma y ella que lo conocía supo que era su manera de decirle que no quería discutir, era su manera de agitar la bandera blanca, por así decir.
Daniel se sentó en el borde de la bañera y la miró embobado, estaba sucia y despeinada, con arañazos por todo el cuerpo y ojeras en la cara, pero aún así le siguió pareciendo la mujer más deseable de la Tierra.
-Dios no sabes lo que te he echado de menos-, exclamó -todos los días rezaba para que cruzases mi puerta, para tener una llamada... algo. Debes comprenderme, me conoces y sabes que si me hubieras llamado desde Sudán, Libia o cualquier otro lugar habría ido a buscarte fuese como fuese-, ella sonrió irónica. -Por eso no entiendo que no seas capaz de hacer una llamada-, le dijo en tono conciliador.
-Ya sabes que nunca se me dio bien hablar, prefiero actuar.
-Bueno, tú sabes... -, ella agachó el rostro sin saber qué más decir.
-¿Estás bien?-, le preguntó Daniel.
-Sí, es solo que... cuando te vi ahí tirado yo...
-¿Quisiste huir?-, ella le miró indignada.
-¡Claro que no!, ¿por quién me tomas?.
-Bueno no se, cada cual hace lo que cree conveniente en cada ocasión- dijo él girándose para ver cuanta agua había ya en el baño.
-No me hagas esto, cada vez que intento abrirte mi corazón te pones borde y cínico.
-Lo siento-, se excusó él -debe ser algún tipo de barrera psicológica o vete tú a saber qué.
Tras unos minutos de silencio roto únicamente por el baño que se iba llenando poco a poco Eva dejó escapar un sonoro suspiro que sobresaltó a Daniel.
-Yo también te eché de menos, si no intenté contactar contigo fue porque me resultó materialmente imposible, o estaba en el desierto como tu mismo dijiste, o estaba metida en un refugio subterráneo, eso cuando no estábamos rodeados de muertos vivientes o no tenía batería en el móvil... lo siento-, Eva terminó su disculpa con una risita infantil, una risita que siempre derretía a Daniel y que ella nunca era capaz de fingir.
-Estuve cerca de la muerte tantas veces que perdí la cuenta y en cada ocasión tu rostro aparecía en mi mente, tu nombre era lo único en lo que podía pensar-, las lágrimas comenzaron a brotar abundantemente de los ojos de Eva, Daniel se levantó e intentó abrazarla pero ella se libró de él, aún tenía cosas que contar.
-Yo... yo pensaba que esos pensamientos eran una traición, una... una traición hacia mi misma ya que se suponía que yo era la que tenía la razón y tú eras el que estaba equivo... equivocado y que aunque yo te seguía queriendo en realidad debía odiarte por no ser capaz de darte cuenta de que si me había ido fue... fue... - las lágrimas no le dejaron terminar la frase, o quizá fue su propio orgullo ese que le decía que ella era quién tenía la razón en todo y que Daniel estaba equivocado no se sabe, ella se quedó llorando en silencio en el hombro de Daniel hasta que los dos se metieron en el baño donde poco a poco y con dulzura acabaron haciendo el amor.
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