martes, 11 de septiembre de 2012

Prólogo.

    Cuando la noticia salió por televisión poca gente le dio credibilidad, al menos durante los primeros instantes, sucedió lo mismo que cuando medio mundo vio el atentado del 11-S en directo desde sus casas. Era algo tan monstruoso e irreal que no cabía en cabeza humana que aquello que veían a través de la familiar pantalla de su televisor fuera real. Algunos pensaron que era «fake», algún tipo de «spot» publicitando la última superproducción de Hollywood, o algún nuevo videojuego de nueva generación, o incluso algún tipo de broma colectiva, incluso volvieron a la posibilidad de que fuera un juego de rol, algo bastante popular en los noventa y principios del dos mil.
    Pero cualquier teoría caía cuando cada cadena, cada emisora de radio y televisión tenía que hacer conexiones con sus respectivos corresponsales en todo el mundo para informar sobre hechos similares a cientos, miles... decenas de miles de kilómetros.
    Escenas de horror, muerte, gritos, gente huyendo, las fuerzas del orden cayendo ante hordas de extraños vándalos a los que no parecían hacerles efecto las bolas de goma ni los gases lacrimógenos entraron por nuestras sorprendidas en incrédulas retinas.
    Ninguna cadena supo decir donde ni como empezó aquel horror, ni si era un virus, una enfermedad de laboratorio, esporas provenientes del espacio o una maldición proveniente de alguna isla tropical, nadie sabía nada, solo que era algo que se extendía a una velocidad increíble, un mal que te mataba entre dolorosos espasmos capaces de destrozarte la columna y que luego hacía que te levantaras... pero seguías muerto.
    Antes de que todo se fuera al carajo definitivamente, se pudo examinar a algunos enfermos, confirmando una teoría que estaba pululando por el mundo científico desde el inicio de la pandemia, aunque fueran capaces de caminar y mantuviesen cierto grado de «necesidades básicas», aquellos que sucumbían a la enfermedad permanecían muertos, incluso se descomponían a la velocidad normal. Y lo que era aun peor, eran portadores de la misma enfermedad que los había matado y la transmitían con terrible facilidad, el más mínimo contacto con cualquier fluido corporal de un infectado que penetrase en un sujeto sano, le transmitiría la enfermedad, la velocidad a la que esta se manifestase dependería sobretodo de la cantidad de fluido transmitido, y también del modo. Una herida abierta sería el objetivo perfecto.
    Poco a poco las emisoras dejaron de transmitir, dejando un aviso de emergencia para que la gente permaneciera en sus casas por su propia seguridad, y que las fuerzas militares rescatarían a los supervivientes para llevarlos a un lugar seguro... pero no apareció nadie.
    Entre los supervivientes aparecieron rumores de ciudades enteras arrasadas, bombardeadas por sus propias fuerzas aéreas ante la imposibilidad de controlar aquella amenaza, pero pronto incluso los rumores fueron difíciles de conseguir, la gente moría por millones a cada minuto, el mundo parecía estar quedando sin vida humana, los muertos vivientes parecían dominar las calles de pueblos y ciudades, al fin, después de tantos años, había llegado, y no, no hablo del fin del mundo, hablo del «APOCALIPSIS ZOMBIE».

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